27 marzo 2015

Balzac. La comedia humana II


26 marzo 2015

Sombras chinescas



Coronado de agua recorro el laberinto; me adentro por tus calles de zarzales ardiendo. Zozobro en las sirenas de tus mudos recuerdos; por tus altas bodegas de bolitas de anís... Y me quedo soñando. Con trenes en la noche. Con risas de otras lluvias y otros sueños. Por entre el cisco húmedo de un hato de recuerdos, de un racimo olvidado de alhucemas y besos.

Es uno de los fragmentos, en bien medida prosa, de Sombras chinescas, el libro que Agustín María García López publica en la colección Tierra de La Isla de Siltolá.

Organizado en cuatro partes, la fundamental, a la que pertenece ese texto, es la que agrupa veinticuatro espléndidos fragmentos bajo el título De un manuscrito hallado en Algeciras.

25 marzo 2015

Wordsworth en Arrecifes



                     

                                  ... yo al fin quieto miraba
volverse todo calmo, como un sueño sin sueños.

Así termina la Introducción de El preludio, de William Wordsworth, en la versión de José Manuel Mora Fandos que publica La Isla de Siltolá en su colección Arrecifes.

Una versión que -explica el traductor- aspira “a presentar poemas en castellano. Wordsworth dio una importancia cardinal a un ritmo y una métrica homogéneos y reconocibles dentro de la tradición poética inglesa. En este ámbito no quiso desbordar el cauce, sino adoptar a grandes rasgos lo que recibió, y operar allí el cometido renovador estético que se había autoimpuesto. He querido ser fiel a esta intención realmente estructural, de modo que también en la traducción hubiese una percepción rítmico-métrica … española, obviamente.”

Ese es el criterio de esta cuidada antología de Poemas escogidos en la que el propósito es “mostrar una sucinta selección que refleje el arco literario-vital que va desde el revolucionario Lyrical Ballads, con sus poemas de tema familiar y popular, hasta el meditativo The Prelude, con sus amplios pasajes descriptivo-reflexivos, propios de una gran autobiografía lírica; pasando por sonetos de diversos temas, y sus dos famosos poemas largos de asunto filosófico: ‘La Abadía de Tintern’ y la ‘Oda. Barruntos de inmortalidad’. 

24 marzo 2015

Olalla Castro. La vida en los ramajes

http://encuentrosconlasletras.blogspot.com.es/2015/03/la-vida-en-los-ramajes.html

23 marzo 2015

Orillas del Escamandro

Atravesaron en hondas naves el mar. Desembarcaron a orillas del Escamandro y durante diez años mantuvieron el sitio de la ciudad. Tras miles de combates y muertes penetraron en Troya mediante un ardid y la tomaron a sangre y fuego. Buscaron por todas partes a Helena. Al no encontrarla comprendieron que la causante de la guerra sólo había existido en la imaginación de un poeta ciego. 

 Ese magnífico microrrelato de José Emilio Pacheco es uno de los que Antonio Serrano Cueto ha reunido en Después de Troya, una espléndida recolección de microrrelatos hispánicos de tradición clásica que publica Menoscuarto en su emblemática colección Reloj de arena.


Se presenta mañana en Cádiz, en la Fundación Carlos Edmundo de Ory.



22 marzo 2015

Contemporáneos


Contemporáneos. En la calle: los gamberros. En la literatura: los gamberros y medio.

(Paul Celan. Microlitos. 
Traducción de José Luis Reina Palazón. 
Trotta. Madrid, 2015.)

21 marzo 2015

Tobogán de hambrientos


Bienaventurados los Juan Lanas, los cabestros, los que lloran como Magdalenas, los incomprendidos, los miserables, los tontos de pueblo, los cagones, los presos: en el Evangelio de San Mateo se les consuela a todos.
Camilo José Cela. Tobogán de hambrientos.

20 marzo 2015

El lenguaje de los pájaros


19 marzo 2015

Barfield. Salvar las apariencias


18 marzo 2015

Cuentos fantásticos de Horacio Quiroga


17 marzo 2015

Ni lugar adonde ir

http://encuentrosconlasletras.blogspot.com.es/2015/03/ni-lugar-adonde-ir.html

16 marzo 2015

Brodsky. Botín de guerra



En el principio fue la carne enlatada. Para ser más precisos: en el principio fue la guerra, la Segunda Guerra Mundial; el asedio de mi ciudad natal, Leningrado; la Gran Hambruna, que se llevó más vidas que todas las bombas, granadas y balas juntas. Y hacia el final del asedio, la carne enlatada procedente de América. Creo que la marca era Swift, pero puedo estar equivocado; tenía solo cuatro años cuando la probé por primera vez. 
Debía de ser el primer bocado de carne que nos llevábamos a la boca desde hacía mucho tiempo. Pero su sabor resultaba menos memorable que las propias latas. Altas, cuadradas, con una llave para abrirlas adherida a uno de los lados, constituían el testimonio de otros principios mecánicos, incluso de una distinta sensibilidad. Aquella llave, que permitía abrir la lata tirando de una lengüeta, suponía toda una revelación para un chico ruso: nosotros solo conocíamos los cuchillos. El nuestro era aún un país de clavos, martillos, tuercas y tornillos: en ello se sustentaba, y así iba a ser durante la mayor parte de nuestras vidas. Por este motivo nadie pudo explicarme entonces el método de precintado que usaban los fabricantes de aquellas latas. Ni siquiera hoy llego a comprenderlo del todo. Me quedaba mirando, con expresión de absoluta perplejidad, cómo mi madre despegaba la llave, enderezaba la pequeña lengüeta, la insertaba en el ojo de la llave y hacía girar esta última una y otra vez sobre su eje en el sentido de las agujas del reloj.
Mucho después de que su contenido se perdiera por las cloacas, estas latas altas, en cierto modo aerodinámicas en sus bordes (¡como pantallas de cine!), de color granate o marrón, con las etiquetas escritas con caracteres extranjeros, sobrevivían en las estanterías y alféizares  de numerosas familias, en parte como objetos decorativos, en parte como útiles recipientes para lápices, destornilladores, rollos de película, clavos, etc. También se usaban a menudo como macetas.
Nunca más volvimos a ver aquel contenido gelatinoso ni unas formas como aquellas. Con el paso de los años el valor de las latas fue aumentando. En los intercambios de los escolares, al menos, constituían piezas de gran valor: a cambio de una de ellas podían conseguirse una bayoneta alemana, una hebilla de cinturón de marinero, una lente de aumento... Los cortantes bordes por donde se abría la lata fueron responsables de numerosas heridas en nuestros dedos. En tercer curso yo era el orgulloso propietario de dos de esas latas.

Son los primeros párrafos de "Botín de guerra", uno de los veintiún textos que Joseph Brodsky reunió en Del dolor y la razón. la colección de ensayos que publica Siruela con traducción del inglés de Antoni Martí García.


15 marzo 2015

Antonio Cabrera. Montaña al sudoeste


14 marzo 2015

Al morir don Quijote



No, jamás se quejó de ninguna dolencia física don Quijote, y ni aun de las otras, porque sabía que la queja trae descrédito siempre para el quejoso.

Andrés Trapiello. Al morir don Quijote

13 marzo 2015

Para cada tiempo hay un libro


12 marzo 2015

Quince poetas franceses contemporáneos



A René  Char
PORQUE dudaron entre la rosa y la sombra 
porque cargaron sus fusiles de lluvia 
murieron en el olvido.

Sólo mueren los crédulos 
que abrigan bajo sus techos nubes extrañas 
escriben su cara sobre el vaho de las ciudades 
abrazan un cañón, siguen a un granadero.

Sólo mueren los ingenuos que sangran con la amapola.
Mueren cada noche
cuando se alinean las horas
que se vuelven cuchillo entre los labios de los relojes
cuando la luz en su boca se calla.



Ese poema, de Vénus Khoury-Ghata (Líbano, 1937), que vive en París desde 1972, es uno de los que aparecen en Quince poetas franceses contemporáneos, la antología bilingüe que publica Libros del Aire  en su colección Jardín cerrado, con selección y traducción de Jeanne Marie,y prólogo del crítico y poeta Philippe Biget, que habla de esta autora como creadora de "una poesía en apariencia sencilla y simple pero donde brilla una fulgurante audacia como cuando habla de esta relación con el tiempo."

11 marzo 2015

Ciudad de sectarios



Desde la ventana se alcanza a vislumbrar una ciudad apenas deseable. Tampoco es propiamente una ciudad que se haya mantenido consecutivamente adscrita a los rechazos del observador, sino que ha ido adocenándose, envileciéndose conforme acudían a su arrimo gregarios de varia catadura, jerarcas escoltados por sus correspondientes moscas de muladar, híbridos de clérigo y conmilitón, cabreros pertrechados del poder de los truhanes, todo un censo abominable engrosado en los últimos lustros con nuevos prosélitos y consanguíneos. A veces, sin embargo, por las densas patologías de la vida cotidiana, se filtran repentinas presunciones de decoro, tretas incontestables en la demolición urbana de fetiches. Acuden desde los todavía expectantes yacimientos de la probidad gentes anónimas y nunca absueltas, cuántas y juveniles, provistas de armamentos aptos para la erradicación de la barbarie. Pero es sólo una contingencia bien pronto cercenada por los agudos filos de la muerte. El gremio de sectarios obstruye sanguinariamente todo posible acceso a cualquier fecundante trayecto de la historia. Otrora perdedores, los nuevos justicieros se desviven en vano por corregir la irredimible realidad, si bien aún quedan cautelosos que gustan de aplicarse la presunción de impunes.

Este potente Ciudad de sectarios es uno de los noventa y un poemas que José Manuel Caballero Bonald escribió entre marzo de 2013 y diciembre de 2014, entre Madrid y la playa de Montijo. 
Acaba de reunirlos en Desaprendizajes, el volumen que llega estos días a las librerías publicado por Seix Barral.

10 marzo 2015

Breviario negro de Ángel Olgoso


Luz oscura titula José María Merino el prólogo que ha escrito para Breviario negro, la colección de cuentos breves que Ángel Olgoso acaba de publicar Menoscuarto en su colección Reloj de arena.

Cuarenta y un relatos breves, salvo algunos como La Rosa Azul y Últimas voluntades, más extensos y con otro ritmo, en los que la sostenida intensidad verbal y la sorpresa de las revelaciones son el material -a la vez sólido y etéreo- de unos relatos en los que lo maravilloso es la raíz y también el resultado de la iluminación de un milímetro cuadrado de realidad a una nueva luz o a una nueva sombra.

Entre guiños y homenajes a los maestros del relato fantástico -de Poe a Borges, de Kafka a Cunqueiro-, el horror y el sueño, la muerte y el tiempo, lo monstruoso y lo mágico se imponen al lector con la prosa cuidada e intensa de uno de los mejores narradores españoles actuales.

Como en el resto de su obra, en estos relatos Ángel Olgoso realiza una incursión en lo fantástico, una exploración iluminadora de otros mundos ocultos tras la apariencia y la rutina, en una trayectoria que sigue la inagotable vía abierta por Poe, Kafka o Cortázar, lo que José Mª Merino propuso como fin y método de la literatura: hacer una crónica de la extrañeza.

Porque Ángel Olgoso es un maestro en la difícil tarea de equilibrar fondo y forma, de fundir tensión narrativa y altura estilística, imaginación y experiencia, vida y literatura; un autor dotado de una inusual capacidad para contar esas historias de frontera entre la realidad y el sueño con densidad y exigencia verbal sin caer nunca en los peligros de la prosa poética, porque aquí la prosa se pone al servicio de la construcción narrativa y es una invitación a pasar al otro lado del espejo, a entrar en un espacio de asombro y misterio donde lo fantástico va más allá del mero descubrimiento y se convierte en un método de acceso a otra dimensión de la realidad.


09 marzo 2015

Quince años de Bartleby y compañía


Bartleby y compañía, contrariamente a lo que se cree, no habla exactamente de escritores que dejan de escribir, sino de personas que viven y un día mueren, de gente que lee y de gente que un día deja de leer y de gente que muere sin haber leído nada y de gente que ama y deja de amar o ama sin ser amada, de oleadas y oleadas incesantes de seres inútiles y malolientes que vienen desde el fondo de los tiempos a hundirse, a hundirse aquí, que es a lo que venimos a este mundo, donde el instinto silencioso, el instinto de muerte, no necesita ni compañía, de tanta que tiene.

Así termina La pregunta de Florencia, el epílogo con el que Enrique Vila-Matas remata la edición conmemorativa en Seix Barral de los quince años de Bartleby y compañía, un libro emblemático en la trayectoria de su autor y en el panorama general de la narrativa española de los últimos años.

08 marzo 2015

Morelliana



Hablo de la responsabilidad del poeta, ese irresponsable por derecho propio, ese anarquista enamorado de un orden solar y jamás del nuevo orden o del slogan que hace marcar el paso a cinco o a setecientos millones de hombres en una parodia de orden, hablo de algo que disgustará profundamente a los comisarios, a los jóvenes turcos o a los guardias rojos, hablo de una condición que nadie describió mejor que John Keats en una carta que hace muchos años llamé la carta del camaleón y que merecería ser tan famosa como la "Lettre du voyant". Su preludio es perceptible en una frase escrita un año antes y como al pasar. Keats le está diciendo a su amigo Bayley que nunca ha esperado otra felicidad que la del puro presente, y agrega como al descuido: "Si un gorrión se posa junto a mi ventana, tomo parte en su existencia y picoteo en el suelo…" En octubre de 1818 el gorrión se vuelve camaleón en una carta a Richard Woodhouse: "En cuanto al carácter poético en sí… no tiene un yo, es todo y es nada: no tiene carácter, goza con la luz y con la sombra, vive en lo que le gusta, sea horrible o hermoso, excelso o humilde, rico o pobre, mezquino o elevado. Tanto se deleita en concebir a un Yago como a una Imogena. Lo que choca al virtuoso filósofo deleita al poeta camaleón… Un poeta es lo menos poético de cuanto existe; como no tiene identidad, continuamente tiende a encarnarse en otros cuerpos… El poeta no posee ningún atributo invariable; ciertamente es la menos poética de todas las criaturas de Dios.

Julio Cortázar. La vuelta al día en ochenta mundos.

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