20 mayo 2013
Esa imagen de Trafalgar Square bajo la lluvia, luminosa pese a todo, es una de las siete espléndidas fotografías de época que ilustran la bellísima edición de Londres, la colección de seis textos londinenses que escribió Virginia Woolf en Monk´s House, su casa de Sussex, entre el 2 y el 11 de abril de 1931, cuando terminó Las olas, para la revista Good Housekeeping.
Con esas ilustraciones se abre cada uno de los textos de un título que enriquece la imprescindible Biblioteca Virginia Woolf en Lumen.
19 mayo 2013
Inglaterra es un sari de color esmeralda
He decidido mostrar mi primera visión de Inglaterra desde el aire como una tela. Para la parte central he utilizado el mismo dibujo que para representar la tierra según el estilo gond, pero lo he coloreado como un sari. Luego, para que se viera que Inglaterra es una isla, he dibujado alrededor criaturas del mar (peces y tortugas), que es como se simboliza el agua en la tradición gond.
Un siglo largo después de que Kipling publicase El libro de la selva, el artista indio Bhajju Shyam, de la tribu gond, devuelve a los británicos la visita cuando desde su aldea viaja a Londres para decorar un restaurante indio y descubre la selva urbana con una mirada insólita que dejó reflejada en El libro de la Selva de Londres, al que pertenecen la ilustración y el texto.
Lo edita Sexto Piso, con traducción de Carlos Mayor de los textos que Sirish Rao y Gita Wolf escribieron a partir del relato oral del autor de las ilustraciones, Bhajju Shyam.
18 mayo 2013
17 mayo 2013
16 mayo 2013
Joselito en su gloria. Hoy hace 93 años de lo de Talavera.
Llora, Giraldilla mora,
lágrimas en tu pañuelo.
Mira cómo sube al cielo
la gracia toreadora.
Niño de amaranto y oro,
cómo llora tu cuadrilla
y cómo llora Sevilla,
despidiéndote del toro.
-Dile adiós, torero mío,
dile adiós a mis veleros
y adiós a mis marineros,
que ya no quiero ser río.
Cuatro arcángeles bajaban
y, abriendo surcos de flores,
al rey de los matadores
en hombros se lo llevaban.
-Virgen de la Macarena
mírame tú, cómo vengo,
tan sin sangre que ya tengo
blanca mi color morena.
¡Virgen del Amor, clavada,
lo mismo que un toro en celo!
Pon a tu espadita bueno
y dale otra vez su espada.
Quítame con tus collares
lo cóncavo de esta herida
¡que se me escapa la vida
por entre los alamares!
Que pueda, Virgen, que pueda
volver con sangre a Sevilla
y al frente de mi cuadrilla
lucirme por la Alameda.
Rafael Alberti.
15 mayo 2013
Basilio Sánchez. Cristalizaciones
Palabras consumidas como cabo de vela
por un extremo y otro.
La lumbre del cuidado. La luz sobre los ojos.
Así termina La vida mientras tanto, el poema que cierra -no por casualidad, porque todo está aquí medido y meditado- Cristalizaciones (Premio Ciudad de Córdoba "Ricardo Molina". Hiperión), el último libro de Basilio Sánchez.
Es difícil hallar en la poesía española actual una voz tan nítida con tanta carga de hondura transparente, con tanta oscuridad iluminada, con tanta altura literaria y humana:
En su perplejidad irredimible,
las palabras nos dan lo que no tienen.
14 mayo 2013
13 mayo 2013
Ramírez Lozano. Ropa tendida.
Si en el último libro de José Antonio Zambrano respira el duende, por encima de la Ropa tendida, de José Antonio Ramírez Lozano (Premi Tardor. Ed. Aguaclara.) sobrevuela el ángel profundo de la gracia.
Con su hondo vuelo airoso, ese ángel ha ido dejando su destello constante en toda la poesía de Ramírez Lozano.
Y a veces toma cuerpo en un ángel concreto como este Ángel de las bicicletas, nieto por línea directa de algún ángel futurista de Alberti:
El ángel de los parques por la noche
ensaya en los columpios
el vuelo que, por mucho que lo intenta,
no acierta a levantar.
Hasta que abre sus alas corriendo tras el rastro de una muchacha rubia y ciclista,
Hasta que alza
tras uno el otro pie y alcanza el vuelo
celeste, ese al que aspiran
los hombres todos cuando, alguna vez,
han sentido pasar
de cerca a la belleza.
Como el ángel. Como el poeta. Como el ángel del poeta.
12 mayo 2013
11 mayo 2013
Tonás de los espejos
Al espejo de mi casa
le voy a poner dos velas,
para que cuando me mire
el otro no sienta pena.
Dice José Antonio Zambrano en una de sus Tonás de los espejos.
Es el cante serio y solo, sin palmas ni jaleos, la palabra sin adorno de arpegios ni falsetas cromáticas, de quien sabe la importancia que tiene ligar los tercios en la secuencia natural de las sístoles y las diástoles.
El cante que se cuece a fuego lento en el hierro al rojo vivo que arde en la misma raíz del pedernal y se abisma en la hondura de espejo del tronco primitivo de los cantes.
Es el cante entonado de quien tiene el oído, la garganta y la mirada templados en la fragua antigua de la que brotan la chispa y el compás.
Aquí no cabe el ángel del que hablaba García Lorca en una memorable conferencia sobre el cante flamenco. Porque estas tonás surgen del territorio oscuro donde respira el duende, de la sangre amontonada en la seriedad de las letras y los remates.
¿O es que alguien diría que Agujetas el viejo tenía ángel?
10 mayo 2013
09 mayo 2013
08 mayo 2013
Víctor Botas, el perplejo
Como tacaño y facha recordaba a Víctor Botas en una tertulia del Oliver José Luis García Martín. Era su amigo, a veces se le tomó por su ortónimo y fue el responsable de la espléndida edición de su poesía completa que publicó Isla de Siltolá hace ahora un año para inaugurar su espectacular colección Poesías Completas.
Uno de los textos de esa poesía completa es el autorretrato que abre el póstumo Las rosas de Babilonia, que se publicó en 1994, al poco tiempo de la muerte prematura de este poeta imprescindible.
El perplejo
Las olas que vinieron a morir a mis pies cada verano, desde mil novecientos cuarenta y seis.
El cigarrillo roto del cenicero azul.
Mi mano con la pluma que no entiendo.
La rosa inalcanzable de Jorge Luis Borges.
La amistad de unos pocos.
El clavel amarillo que ignoré esta mañana en una tienda de flores.
La piedra con la que tropecé el pasado mes de julio en Puente Viesgo.
El salto delicado de los gatos.
Los payasos del Price que yo miraba atónito, a los cinco o seis años.
La cara muerta de mi abuelo que se me está borrando.
Paulina en el Gran Canal de Venecia, un día de mil novecientos setenta y uno.
El grano que ahora tengo en la mejilla.
José Luis García Martín camino del Oliver con un puñado de libros y revistas bajo el brazo.
Mis hijas que jugaban junto a la gran roca que hay en la playa de Biarritz.
Mis hijos que todavía juegan en el mismo lugar.
La mala leche con que pago a Hacienda.
El capot de mi coche tragándose impertérrito la larga cinta gris de la carretera.
Los ojos que no ven más que otros ojos que pasan junto al mar cada mañana
y que, como las olas, se estremecen, azules y cambiantes.
El sabor de un café, rayando el alba,
en el barrio Latino de París.
La angustia de saber que tan sólo me salvan unas cuantas líneas vacilantes.
Los cincuenta años que cumpliré, dentro de once meses y medio.
Esta leve lumbalgia al levantarme de la silla...
No esa leve lumbalgia, sino un infarto en octubre de 1994 le impidió llegar a los cincuenta años, pero su poesía, que empieza a encontrar su voz propia en Prosopon y –paradójicamente- en las reescrituras de textos ajenos de Segunda mano, sigue viva y legible.
Sin conocer su obra no se puede tener una idea cabal de los quince años de poesía española que transcurren entre su primer libro, el aún dubitativo y borgiano Las cosas que me acechan (1979) y el póstumo al que pertenece El perplejo en el que se autorretrataba a su peculiar manera, entre irónico y elegiaco.
07 mayo 2013
Maestros del Haiku
Por sendas de montaña, de Basho, y Sueño de la libélula, de Soseki, dos autores fundamentales en la configuración y el desarrollo del haiku japonés, inauguran la bellísima colección Maestros del Haiku que ha empezado a publicar Satori, la editorial gijonesa especializada en la cultura del Japón.
Esos dos volúmenes inaugurales –se anuncian otros títulos de Shiki o Akutagawa-, editados en un delicado y manejable formato en octavo menor, con setenta inéditos en español cada uno de ellos, han sido preparados por Fernando Rodríguez-Izquierdo, que se ha ocupado de la selección, traducción, introducción y notas de unos poemas de Basho y de Soseki que resumen el canon del haiku.
La intuición del instante, eternizado por encima del tiempo en unos versos intemporales, mirada espiritual a la naturaleza, el paisaje como proyección de los estados de ánimo, la concentración expresiva, la sugerencia sutil, la leve melancolía hacen de estos haikus una de las manifestaciones más estilizadas de la poesía universal.
Poco importa ante estos textos saber que Basho vivió en el XVII, porque parece un contemporáneo en su ironía autocrítica o en la contemplación de la naturaleza, o que Soseki, más conocido como narrador, abandonara este tipo de literatura cuando se le diagnosticó una úlcera gástrica que acabaría deteriorando su organismo.
Más allá del artificio poético, lo importante, lo que queda para siempre de estos haikus es la hondura lírica de su expresión ligera, la soledad en la percepción aguda del mundo, que en ellos se sigue oyendo el ladrido de un perro en la noche lluviosa y el ruiseñor sigue cantando en un sauce dormido como parte de una fiesta en la que se unen los sentimientos y las sensaciones para crear una poesía imperecedera.
06 mayo 2013
05 mayo 2013
04 mayo 2013
03 mayo 2013
02 mayo 2013
La lenta furia de Fabio Morábito
El temblor no llegó con su intenso cortejo de cristales ni su amplia funda de razones. Apenas se insinuó de casa en casa, sedoso y delicado, palpando las esquinas y las puertas. Los que dormían en los últimos pisos del edificio oyeron los golpes espaciados con que tanteaba la solidez de la construcción, un tenue ¡pum! ¡pum! ¡pum! Que la mayoría confundió con los latidos de sus pechos. Era como el primer ruido del mundo, no manchado por ninguna impureza.
Así comienza Oficio de temblor, el espléndido texto que cierra La lenta furia, la colección de cuentos de Fabio Morábito que reedita Eterna Cadencia.
Publicado por primera vez hace casi un cuarto de siglo, fue el primer libro de relatos del mexicano, poeta y ensayista además de narrador, pero esos textos ni eran obra de un principiante ni han perdido músculo literario en este tiempo.
Madres en celo que en junio se mantienen desnudas y al acecho sobre los árboles, húmedas y furiosas; la venganza frutal de El Tapir; la creciente familia Vetriccioli, traductores minuciosos, delgados e invisibles en el que tal vez sea el mejor relato del conjunto; la descabellada paranoia de una pareja que maquina el cumplimiento de sus sospechas sobre una criada en La perra; un turista, voyeur de un adulterio; unos mal avenidos cazadores de lagartijas; el huidor perpetuo (su forma de huir recordaba a las llamas) o la visión sísmica de Oficio de temblor muestran la extrañeza ante lo cotidiano, el lado secreto de las cosas y las gentes.
Sorprendentes o melancólicos, humorísticos o dramáticos, desmesurados e inverosímiles a veces, fundan –uno a uno y en su conjunto- una inconfundible mirada sobre la realidad y constituyen una referencia imprescindible en la narrativa breve de las últimas décadas en español.
01 mayo 2013
Madrigal en Barataria
Ante las fechorías que traen de cabeza a un ejército de jueces, fiscales y policías, y que hacen trabajar a destajo a los periodistas que todavía sobreviven a los ERES de sus empresas, a pesar de que podría quedarse tranquilamente en la cama toda la mañana, Madrigal, en cuanto recibe en su rostro los aguijones del alba, salta como un tigre de la cama, y sin tomarse la molestia de servirse un frugal desayuno segoviano, se abalanza sobre su tablero de dibujo para denunciar de inmediato estafas y fechorías. Temeroso de que la carga explosiva de su dibujo mañanero no contenga munición suficiente contra los expoliadores, vuelve a la carga desenvainando la pluma y acomete furibundo con su sarcástico y acerado verbo las bolsas de basura que llevan a cuestas los innumerables malandrines que nos desvalijan. Así de agitado vive y trabaja nuestro hombre pasando los días de claro en claro entre dibujos feroces como jabalíes y noches de turbio en turbio, soñando madrigales entre jilgueros y ruiseñores, escribe Peridis en el prólogo de Cada vez hay más gente paseando bolsas de basura llenas de euros, el volumen en el que Barataria reúne artículos y viñetas de Madrigal.
Un diálogo entre el Mudo y el presunto Bárcenas, la historia de Frescobaldi y Paganini o la descripción de una hijoputeca centran algunos de los treinta y tres capítulos en que se organiza un libro en el que el sarcasmo parece la única alternativa a una realidad cada vez más turbia.
Para que se aprecie bien ese tono, dejo aquí dos ejemplos de ese humor agrio. Uno de ¿Es España una marca registrada o una denominación de origen?:
Parece que España no es una «unidad de destino» sino una marca. ¡Como lo oyen! «Niño: ¿tú de dónde eres?» «Yo soy de la marca registrada ?España?, que no tiene aditivos ni conservantes.» Y parece que esa «marca España» puede sufrir grandes perjuicios en su credibilidad y competitividad en los mercados internacionales por actos altamente antipatrióticos, como manifestarse contra los recortes de los derechos laborales, plantarse ante el Congreso de los Diputados diciendo que no nos representan, publicar artículos ofensivos contra la política económica del gobierno o escarbar en los contenedores de basura buscando comida como si fuéramos unos muertos de hambre. ¡Nosotros, que fuimos hasta hace bien poco reserva espiritual de Occidente y martillo de Trento! ¡Por favor!...
El otro, del artículo que da título al libro. Termina así:
¿Existe alguna disposición en nuestra Constitución, aprobada por el Congreso y el Senado el 31 de octubre de 1978 y ratificada por el pueblo español por Referéndum el 6 de diciembre de 1978, que regule expresamente o prohíba la introducción de euros de curso legal en bolsas marrones de las destinadas inicialmente al transporte de detritus, mondas o cáscaras?...
Si detenidamente examinamos el variado articulado de nuestra Carta Magna veremos que no hay ninguna norma que diga lo siguiente: "Queda terminantemente prohibido y será sancionada por anticonstitucional, la introducción de euros en diferentes cuantías o billetajes, en recipientes blandos de material plástico de los destinados al acarreo de inmundicias".
Entonces ¿por qué tanta crítica y saña mediática contra aquellos que sacan de paseo bolsas de estas características? ¿Acaso no nos recomienda el médico de cabecera andar y hacer ejercicio, por ser bueno ello para el corazón, la circulación sanguínea e incluso la artritis reumatoide?... Lo que hay que hacer, decimos el Mudo y yo, es perseguir a los ladrones de siempre, que están dejando en el extranjero a la marca- España hecha unos zorros, y dejar en paz a las gentes de bien con sus bolsas de mano.
Otro día escribiremos sobre los sobres con dinero negro, injustamente perseguidos en España.
























