28 julio 2015

Un autor desesperado en busca de editor



Dios mío, ¡de lo que es capaz un autor desesperado en busca de editor y obstinado en que tú le edites! Un poeta gay me explicó que estaban alcanzando con su compañero las cotas más altas del éxtasis amoroso, que estaban coronando la cima que ningún humano —homo o hetero— había pisado jamás. Su amante había dado el penúltimo paso, con el libro de amor que tenía yo entre las manos, y ahora le correspondía a él culminar el último logrando que yo lo editara. ¿Cómo iba a frustrar una mujer de mi sensibilidad e inteligencia la mayor historia de amor de todos los tiempos? Para colmo habían conseguido, no sé si con parecidos argumentos, la promesa de un prólogo de Ana María Moix. Debieron de decirle que yo estaba muy interesada en los poemas y que me encantaría que los prologara. El poemario no era, creo recordar, peor que otros, pero tampoco mucho mejor, y me resistí ferozmente a publicarlo… Pero, cuando salí de casa con mis dos hijos, después de la comida de Navidad, y me encontré al amante del poeta gay aguardándome en el rellano de la escalera, cedí (por increíble que parezca, cedí: había que ceder o echarlo rodando escaleras abajo), y ahí estuvo el libro unos años en el catálogo de Lumen.

Esther Tusquets. 
Confesiones de una editora poco mentirosa.
Ediciones B. Barcelona, 2005

27 julio 2015

El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin



La música contemporánea, hoy, es sustancialmente una realidad mantenida en pie artificialmente. Es un organismo en coma que algunas máquinas homologadas mantienen con vida. Es curioso, pero en un mundo que está ya regulado por las leyes del mercado, una realidad como la de la música contemporánea, que comercialmente hablando es una ruina continua, consigue vivir en unas condiciones de digna seguridad. Es verdad que, en general, la música en su totalidad se mantiene en pie gracias a las inyecciones de dinero público que la eximen de compararse con las más cínicas y recalcitrantes reglas del mercado. Pero la lírica tiene un público, las obras de la gran tradición clásica tienen un público, hasta la música antigua tiene un público. Esto no basta para asegurarles una independencia económica sino que basta para justificar que se acuda en su ayuda. Lo bueno de la música contemporánea es que, se quiera o no, no tiene un público. Ni siquiera el terrorismo cultural de los años sesenta y setenta consiguió encauzar hacia ella auténticas pasiones.

Alessandro Baricco. 
El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin.
Traducción de Romana Baena Bradaschia. 
Siruela. Madrid, 2008.


26 julio 2015

Ve y pon un centinela


25 julio 2015

El buque fantasma



Hablando con Eckermann, Goethe había apuntado la idea de Weltliteratur: la «literatura universal» como consecuencia inevitable de todo lo que se escribía. «La literatura nacional ya no significa gran cosa, entramos en la época de la literatura universal y cada uno debe contribuir a precipitar la llegada de esa época».
Así advino la época no solo de la literatura sino de la hibridación universal. Un día Borges agregaría, con su entera obra, una glosa: todo puede ser considerado literatura. Este es hoy el buque fantasma que transporta todas las posibles combinaciones de formas y las acoge sobre un fondo neutro, ecuánime, que no es una pantalla sino una mente hipotética. Acaso uno de los raros privilegios de nuestro tiempo sea que este hecho, de por sí inaudito, sea penetrado por la sensibilidad general, sin encontrar obstáculos. La literatura, ahora, o bien no es percibida en absoluto (es lo más habitual) o bien difícilmente consigue distinguirse de todo lo demás.


Roberto Calasso. 
La marca del editor.
Traducción de Edgardo Dobry.
Anagrama. Barcelona, 2014.

24 julio 2015

Sancho Panza, gobernador de Barataria


Es una de las espléndidas ilustraciones de Ramón Pérez Carrió para el volumen Sancho Panza, gobernador de Barataria, una joya bibliográfica con la que Linteo celebra el cuarto centenario de la segunda parte del Quijote a través de una edición cuidadísima de los cinco capítulos en los que Sancho cumplía su sueño de gobernar la ínsula Barataria.

Una edición conmemorativa de aquel Quijote de 1615 de la que se ha ocupado el editor, Manuel Ramos Méndez, que en un prólogo iluminador habla no solo de este libro, sino de los que ha dedicado la editorial a la materia quijotesca desde El pequeño Quijote que publicó en 2003 con los capítulos iniciales conocidos como Protoquijote.

Las ilustraciones, guardas, orlas, capitulares y el colofón componen una colección de láminas que en palabras del ilustrador "está construida como una serie de retablos complementarios que individualmente componen una historia o anécdota y en conjunto colman el templo que alberga la leyenda dorada de esta breve e intensa vivencia de Sancho Panza, gobernador de la ínsula de Barataria."

23 julio 2015

Un vapuleo fallido


Un vapuleo fallido es un deplorable accidente, es una flecha que se nos vuelve, o al menos nos destroza la mano, una bala de rebote que nos puede matar.


Charles Baudelaire. 
Consejos a los jóvenes escritores. 
Traducción de Alfonso Salazar. Celeste, 2001.

22 julio 2015

Wislawa Szymborska. Saltaré sobre el fuego


21 julio 2015

Juan Goytisolo. Coto vedado. En los reinos de taifa


20 julio 2015

Equipamientos de moda



En algún momento de los años 50 del siglo XVI, Spinoza empezó a aprender el oficio de pulir lentes. Por esa época las lentes estaban muy en demanda en Holanda. Se usaban en los microscopios dentro del próspero negocio de los diamantes, en los telescopios náuticos y en los anteojos de leer (que como las motos de 1.000 cc. hoy en día se están convirtiendo en el equipamiento de moda entre la gente de mediana edad).

Paul Strathern. 
Spinoza en 90 minutos. 
Traducción de José A. Padilla Villate. 
Siglo XXI de España. Madrid, 2004.

19 julio 2015

Owen Jones. El Establishment



Y luego está la madre de todos los subsidios: el rescate del gobierno británico a los bancos en 2008. Unas empresas privadas que son las únicas responsables de haberse hundido a sí mismas, además de a una gran parte del mundo, en la ruina económica. Y, ahora, ellas mismas están convencidas de que es el contribuyente quien ha de pagar la cuenta. Y en ninguna parte ha sido esto más acusado que en Gran Bretaña, donde el gobierno ha invertido más de un billón de libras en rescatar a los bancos. El país se ha quedado con un sistema financiero conectado a un respirador artificial abastecido por el Estado: un sistema en el que la empresa privada depende por completo de la Administración. 
Así pues, el «mercado libre» que tanto le gusta al Establishment se basa en una fantasía.

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El uso de recursos estatales para engrosar los beneficios privados ya era un fenómeno extendido con el nuevo laborismo en el poder, que lo bautizó con el eufemismo «reforma del sector público». Sin embargo, con los sucesores del nuevo laborismo, esas políticas han contribuido a sentar las bases de un asalto mucho más ambicioso a los servicios públicos. En febrero de 2011, David Cameron anunció que se había terminado lo que él denominaba el monopolio estatal de los servicios públicos. Ahora todo estaba en venta. Desde el sistema judicial hasta la defensa, la gestión de todos los servicios se iba a abrir a empresas especuladoras como G4S, Serco y Sodexo. Les esperan montañas de dinero aportado por el contribuyente.


Owen Jones. 
El Establishment
Traducción de Javier Calvo.
Seix Barral. Barcelona, 2015.

18 julio 2015

Ve y pon un centinela



Desde Atlanta, venía mirando por la ventanilla del vagón restaurante con un deleite casi físico. Mientras se tomaba el café del desayuno, vio cómo quedaban atrás las últimas colinas de Georgia y aparecía la tierra rojiza, y con ella las casas con tejados de chapa en medio de patios bien barridos, y en los patios las inevitables matas de verbena rodeadas de neumáticos encalados. Sonrió cuando vio la primera antena de televisión en lo alto de una casa de negros sin pintar. Conforme aparecían más y más, se redobló su alegría.

Jean Louise Finch siempre hacía el viaje por aire, pero para aquella visita anual a casa decidió ir en tren desde Nueva York hasta el Empalme de Maycomb. Por un lado, porque se había llevado un susto de muerte la última vez que viajó en avión, cuando el piloto optó por atravesar un tornado. Por otro, porque llegar a casa en avión significaba que su padre tenía que levantarse a las tres de la mañana, conducir ciento sesenta kilómetros para ir a buscarla a Mobile y trabajar después toda la jornada. Tenía ya setenta y dos años, y no era justo hacerle eso.

Así comienza Ve y pon un centinela, de Harper Lee, que publica en España Harper Collins con edición de Victoria Horrillo y una espléndida traducción de Belmonte Traductores. 

No es una secuela de Matar a un ruiseñor, sino su precuela genética, una primera versión que se sitúa en los años 50 y no en los 30 y que se ha convertido en el fenómeno editorial de este verano en todo el mundo, con cientos de miles de ejemplares vendidos en su primera semana, oscureciendo incluso -no hay comparación posible en cuanto a calidad- a la secuela de las sombras de Grey que aparecía a la vez. 

Scout vuelve a Maycomb para visitar a su padre, un envejecido Atticus Finch que, veinte años después, parece la contrafigura de aquel ejemplar abogado -encarnado en el cine por un inexpresivo Gregory Peck- que defendía los derechos de un negro acusado injustamente de una violación.

Desde ese comienzo hasta el explosivo final de la novela, Ve y pon un centinela es una obra superior, más compleja, más potente y profunda que su reescritura en Matar a un ruiseñor.

Eso sí, el lector de Ve y pon un centinela ya no podrá volver a ver la película de Robert Mulligan de la misma manera.

17 julio 2015

El goce


16 julio 2015

Jane Kenyon y Donald Hall. Eagle Pond


15 julio 2015

La alimentación y el estilo



Una alimentación sustancial, pero regular, es la única cosa necesaria para escritores fecundos. La inspiración es decididamente la hermana del trabajo diario. Estos dos contrarios no se excluyen más que todos los contrarios que constituyen la naturaleza. La inspiración sucede, como el hambre, como la digestión, como el sueño. Hay sin duda en el espíritu una especie de mecánica celeste, de la que no hay que avergonzarse, hay que sacarle el partido más glorioso, como hacen los médicos con la mecánica del cuerpo. Si se quiere vivir en una contemplación obstinada de las obras futuras, el trabajo diario estará al servicio de la inspiración —así como una escritura legible sirve para aclarar el pensamiento, el pensamiento calmado y potente sirve para escribir de manera legible; porque el tiempo de las malas escrituras ha pasado.


Charles Baudelaire. 
Consejos a los jóvenes escritores. 
Traducción de Alfonso Salazar. Celeste, 2001.

14 julio 2015

El poeta y los perros




Ése es uno de los peligros de la justicia poética: buscando justicia puedes poner en peligro tu libro, tu obra, y tu propia persona. Aunque te vengues ocultándolo con toda tu habilidad, incluso aunque embellezcas tu obra gracias a ello, siempre hay perros que arrinconarán al poeta soñador para clavarle los dientes.

Orhan Pamuk. Otros colores.
Traducción de Rafael Carpintero. 
Mondadori. Madrid, 2008.

13 julio 2015

Jaime Fernández. El poeta que prefería ser nadie


12 julio 2015

.. a media asta

Cuando se nos muere una persona muy allegada, en las evoluciones de los meses siguientes hay algo de lo que creemos observar que —por mucho que nos hubiera gustado compartirlo con ella— solo se ha podido desplegar gracias a su ausencia. Acabamos por saludarla en un idioma que ella ya no entiende.

Walter Benjamin. Calle de sentido único.
Traducción de Alfredo Brotons. Akal, 2015.

11 julio 2015

Bandera...


¡Cuánto más fácilmente se ama a quien se despide! Pues la llama arde más pura por quien se aleja, alimentada por la fugaz cinta de tela que ondea desde el barco o la ventanilla del tren. El alejamiento penetra como un colorante en quien se marcha, y lo impregna de un suave ardor.

Walter Benjamin. Calle de sentido único.
Traducción de Alfredo Brotons. Akal, 2015.

10 julio 2015

Gaya Nuño. Memoria de guerra


09 julio 2015

La nariz rota de Chéjov



No acaba uno con la nariz rota por escribir mal; al contrario, escribimos porque nos hemos roto la nariz y no tenemos ningún lugar al que ir.

Chejov en una carta a Gorki. Yalta, 18 de enero de 1899.

Anton Chéjov. Sin trama y sin final. Alba Editorial. 

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