Pandémicos revolcones
De esos episodios y de otras muchas cosas, teóricamente más importantes, habla Luis Antonio de Villena en sus Retratos (con flash) de Jaime Gil de Biedma, un libro excelente que ha publicado Seix Barral.
El flash, imprescindible, claro, porque casi todos esos encuentros y travesías de los dos lados de la Castellana que evoca Villena en este libro fueron nocturnos. Y ese fogonazo los ilumina. Esta es una iluminación escrita con altísimo aprecio, pero sin beatería. Una iluminación que pone al descubierto las contradicciones, la escisión dolorosa que explica esas duplicidades que se hacen explícitas en Pandémica y celeste o en Contra Jaime Gil de Biedma, dos de sus poemas vertebrales.
A los lectores de Gil de Biedma este libro les refrescará la memoria de muchos de aquellos poemas alusivos y elusivos a un tiempo.
Quienes no lo hayan frecuentado en la evocación hecha por Villena hallarán una de las mejores introducciones que se han escrito sobre la obra de Gil de Biedma.
Lo anuncia en el prólogo Ana María Moix:
Creo que, desde el 8 de enero de 1990, día de la muerte de Jaime Gil de Biedma, no había vuelto a encontrarme con él hasta ahora, al leer el manuscrito de este espléndido retrato [...] Luis Antonio de Villena ha logrado hacer algo muy difícil: retratar al hombre, en toda su intimidad, hasta lo más profundo de su a veces inconfesada intimidad, y hacerlo con un enorme respeto.
El flash, imprescindible, claro, porque casi todos esos encuentros y travesías de los dos lados de la Castellana que evoca Villena en este libro fueron nocturnos. Y ese fogonazo los ilumina. Esta es una iluminación escrita con altísimo aprecio, pero sin beatería. Una iluminación que pone al descubierto las contradicciones, la escisión dolorosa que explica esas duplicidades que se hacen explícitas en Pandémica y celeste o en Contra Jaime Gil de Biedma, dos de sus poemas vertebrales.
A los lectores de Gil de Biedma este libro les refrescará la memoria de muchos de aquellos poemas alusivos y elusivos a un tiempo.
Quienes no lo hayan frecuentado en la evocación hecha por Villena hallarán una de las mejores introducciones que se han escrito sobre la obra de Gil de Biedma.
Lo anuncia en el prólogo Ana María Moix:
Creo que, desde el 8 de enero de 1990, día de la muerte de Jaime Gil de Biedma, no había vuelto a encontrarme con él hasta ahora, al leer el manuscrito de este espléndido retrato [...] Luis Antonio de Villena ha logrado hacer algo muy difícil: retratar al hombre, en toda su intimidad, hasta lo más profundo de su a veces inconfesada intimidad, y hacerlo con un enorme respeto.

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