Rosas de Madrid
Entre la ficción y la memoria, entre la búsqueda detectivesca y la intuición emocional… Así descubrimos, casi llegamos a ver, a esa Martina joven y trabajadora, animosa y asustada, deambulando por su Madrid de guerra y resistencia… Nos queda lo más valioso que puede darnos la literatura: la palpitación del tiempo, la melancolía de lo que pudo ser y no fue, la sensación de haber viajado mientras leíamos al país lejano del pasado.
Esas palabras son del prólogo que Antonio Muñoz Molina ha escrito para Martina, la rosa número trece, un libro con el que Ángeles López, escritora y periodista, se suma a la imprescindible labor de rescate de la memoria que fue la base de La voz dormida o de Soldados de Salamina.
Acaba de publicarlo Seix Barral y cuenta la historia de una de aquellas muchachas que fusilaron sumariamente un 5 de agosto de 1939 ante las tapias del Cementerio del Este de Madrid.
Porque en la guerra y después no solo hubo mártires de la fe. Hubo muchos, demasiados episodios como este, que están más cerca del asesinato que de la justicia, por muy divina que fuera. Que por lo que decían y dicen los obispos lo era. La santa ira, la santa justicia, la santa desvergüenza que decía un santo reciente y sin vergüenza.
Por lo que oigo, el libro está escrito con una perspectiva en la que colaboran la narración y el documento, la memoria y la ficción, como en La voz dormida.
Aunque no lo he leído todavía, lo que conozco de Ángeles López como escritora de poesía y de prosa es no solo una garantía de calidad literaria, sino una invitación a la sensibilidad.
Esas palabras son del prólogo que Antonio Muñoz Molina ha escrito para Martina, la rosa número trece, un libro con el que Ángeles López, escritora y periodista, se suma a la imprescindible labor de rescate de la memoria que fue la base de La voz dormida o de Soldados de Salamina.
Acaba de publicarlo Seix Barral y cuenta la historia de una de aquellas muchachas que fusilaron sumariamente un 5 de agosto de 1939 ante las tapias del Cementerio del Este de Madrid.
Porque en la guerra y después no solo hubo mártires de la fe. Hubo muchos, demasiados episodios como este, que están más cerca del asesinato que de la justicia, por muy divina que fuera. Que por lo que decían y dicen los obispos lo era. La santa ira, la santa justicia, la santa desvergüenza que decía un santo reciente y sin vergüenza.
Por lo que oigo, el libro está escrito con una perspectiva en la que colaboran la narración y el documento, la memoria y la ficción, como en La voz dormida.
Aunque no lo he leído todavía, lo que conozco de Ángeles López como escritora de poesía y de prosa es no solo una garantía de calidad literaria, sino una invitación a la sensibilidad.

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