Una biblioteca
Más que de un libro, de eso se trata, de una magnífica biblioteca del siglo XVII.
Eso es la Anatomía de la melancolía, de Robert Burton, que ahora publica parcialmente Alianza en El libro de bolsillo, con prólogo y selección de textos de Alberto Manguel.
Equiparable por su enormidad monumental al Zibaldone de Leopardi, a la Silva de varia lección de Pero Mexía o a los Essais de Montaigne, es uno de esos libros de referencia que uno ha oído citar casi desde siempre y que no veía en las librerías, un libro rodeado de un aura especial porque su desmesurado tamaño lo tenía apartado de la circulación.
Había una edición en tres tomos publicada por la Asociación Española de Neuropsiquiatría entre 1997 y 2002. Esa es la traducción que se utiliza en esta antología asequible que será de uso obligado en la biblioteca de cualquier lector culto.
Contemporáneo de Shakespeare, bibliotecario en Oxford, Burton invirtió todo el tiempo libre que le dejaba su profesión sedentaria y relajada en recoger la sabiduría de su época y proyectar sobre esos textos su propia sabiduría, tan desmesurada como esta obra inabarcable, como este libro de arena entretenido y profundo, lleno de talento literario, de buen juicio y de buen estilo.
Eso es la Anatomía de la melancolía, de Robert Burton, que ahora publica parcialmente Alianza en El libro de bolsillo, con prólogo y selección de textos de Alberto Manguel.
Equiparable por su enormidad monumental al Zibaldone de Leopardi, a la Silva de varia lección de Pero Mexía o a los Essais de Montaigne, es uno de esos libros de referencia que uno ha oído citar casi desde siempre y que no veía en las librerías, un libro rodeado de un aura especial porque su desmesurado tamaño lo tenía apartado de la circulación.
Había una edición en tres tomos publicada por la Asociación Española de Neuropsiquiatría entre 1997 y 2002. Esa es la traducción que se utiliza en esta antología asequible que será de uso obligado en la biblioteca de cualquier lector culto.
Contemporáneo de Shakespeare, bibliotecario en Oxford, Burton invirtió todo el tiempo libre que le dejaba su profesión sedentaria y relajada en recoger la sabiduría de su época y proyectar sobre esos textos su propia sabiduría, tan desmesurada como esta obra inabarcable, como este libro de arena entretenido y profundo, lleno de talento literario, de buen juicio y de buen estilo.

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