Un clásico
Si las versiones de Kenneth Rexroth de poesía china son espectacularmente buenas, como ya había demostrado en los Cien poemas chinos que publicó Lumen, las notas biográficas y las reflexiones que recoge en El amor y el tiempo y su mudanza sobre cada uno de los poetas son impagables.
De Tu Fu (713-770), el más importante de los poetas clásicos chinos, dice Rexroth que, exceptuando a los épicos, es el mayor poeta de los clásicos en cualquier lengua. Desconozco -aunque no me extrañaría- si había fumado algo antes de escribir esa nota que en la edición de Gadir ocupa cuatro páginas intensas y brillantes. El caso es que habla de su aguda sensibilidad solo comparable a Safo, a Catulo o a Baudelaire.
Y de sus inicios como poeta ceremonial que escribe textos semejantes a un mensaje papal navideño. "Pero con el tiempo -escribe Rexroth- parece haber aprendido y superó ese estilo."
Neurasténico y con tendencia a crear máscaras poéticas casi contemporáneas, pasó sus últimos años arrastrando la caída en desgracia política y la pérdida del favor de emperador en un barco-vivienda que lo llevaba río abajo por la ensoñación apacible del pasado y la dulzura de la melancolía.
No fue un hombre impecable, sino un clasista hipocondríaco y autocompasivo, como muchos otros poetas famosos.
Rexroth declaraba en esa misma nota que llevaba treinta años saturándose de la poesía de Tu Fu y creciendo humana y moralmente con su influjo. Eso solo se les puede pedir a unos pocos poetas. Y de esos pocos a los que se les pide, solo alguno está en condiciones de dárnoslo.
De Tu Fu (713-770), el más importante de los poetas clásicos chinos, dice Rexroth que, exceptuando a los épicos, es el mayor poeta de los clásicos en cualquier lengua. Desconozco -aunque no me extrañaría- si había fumado algo antes de escribir esa nota que en la edición de Gadir ocupa cuatro páginas intensas y brillantes. El caso es que habla de su aguda sensibilidad solo comparable a Safo, a Catulo o a Baudelaire.
Y de sus inicios como poeta ceremonial que escribe textos semejantes a un mensaje papal navideño. "Pero con el tiempo -escribe Rexroth- parece haber aprendido y superó ese estilo."
Neurasténico y con tendencia a crear máscaras poéticas casi contemporáneas, pasó sus últimos años arrastrando la caída en desgracia política y la pérdida del favor de emperador en un barco-vivienda que lo llevaba río abajo por la ensoñación apacible del pasado y la dulzura de la melancolía.
No fue un hombre impecable, sino un clasista hipocondríaco y autocompasivo, como muchos otros poetas famosos.
Rexroth declaraba en esa misma nota que llevaba treinta años saturándose de la poesía de Tu Fu y creciendo humana y moralmente con su influjo. Eso solo se les puede pedir a unos pocos poetas. Y de esos pocos a los que se les pide, solo alguno está en condiciones de dárnoslo.


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