Marvell, entre el alma y el placer
Me figuro haber sido el primero en citar el nombre de Marvell a lectores de lengua española, escribía Luis Cernuda en 1955 al frente de su análisis de La definición de amor. Ese artículo, escrito con indisimulada indiferencia, con el tedio despectivo que usaba Cernuda para los trabajos alimenticios, apareció luego en Poesía y Literatura en el capítulo Tres poemas ingleses.
Cernuda, que se refería a una antigua nota a un artículo de 1945, donde citaba de pasada a Marvell, podía ser desganado pero era también un lector agudo que destacaba la antítesis como base de la poesía de Marvell, un hombre escindido en una época como el Barroco.
La editorial Pre-Textos publicó hace unos meses una edición de los Poemas de Marvell preparada por Carlos Pujol, que hizo la selección y la traducción de los textos y redactó la introducción y las notas.
La prudencia burguesa de Marvell le invitó a nadar y a guardar la ropa. No se casó, pero fue previsor hasta el punto de dejar una viuda de hecho que se encargó de editar algunos poemas póstumos. Siempre estuvo en el justo medio del equilibrio en política, en literatura, en su forma de vivir, entre lo pagano y lo religioso, entre la frialdad intelectual del concepto y el vuelo imaginativo de la emoción.
Y su poesía es como él, interesada, adulona y pragmática a veces. En estas ocasiones ni siquiera resiste esa definitiva prueba del nueve de la traducción y entonces sus versos se deshacen como una rosa barroca hecha cenizas o como se estropea el vino cuando cambia de altura o latitud.
Pero en otras ocasiones, que son las que engrandecen su obra, se deja llevar por intereses puramente poéticos. Entonces surgen los momentos más altos de su poesía, llenos de hallazgos luminosos, de imágenes deslumbrantes y de un sentimiento del paisaje que presagia a Wordsworth.
Y con el telón de fondo de la naturaleza domesticada del jardín, Marvell combina ingenio y abstracción, emoción fría, inteligencia y profundidad. Preciso y refinado, para él, como decía Eliot, la imagen es la decoración estructural de una idea seria.
La traducción de Carlos Pujol, autor también de un preciso repertorio de notas, ha sabido captar la música equilibrada de Marvell y ponerla en castellano.
El bellísimo Diálogo entre el alma decidida y el placer creado o las ochenta octavas prerrománticas que forman Sobre Appleton House muestran el cuidado que se ha puesto en la traducción. Así empieza esta última:
Bajo este aspecto sobrio no esperéis
de arquitecto extranjero algún trabajo
que convierte canteras en cavernas
y talando hace prados de los bosques...
Cernuda, que se refería a una antigua nota a un artículo de 1945, donde citaba de pasada a Marvell, podía ser desganado pero era también un lector agudo que destacaba la antítesis como base de la poesía de Marvell, un hombre escindido en una época como el Barroco.
La editorial Pre-Textos publicó hace unos meses una edición de los Poemas de Marvell preparada por Carlos Pujol, que hizo la selección y la traducción de los textos y redactó la introducción y las notas.
La prudencia burguesa de Marvell le invitó a nadar y a guardar la ropa. No se casó, pero fue previsor hasta el punto de dejar una viuda de hecho que se encargó de editar algunos poemas póstumos. Siempre estuvo en el justo medio del equilibrio en política, en literatura, en su forma de vivir, entre lo pagano y lo religioso, entre la frialdad intelectual del concepto y el vuelo imaginativo de la emoción.
Y su poesía es como él, interesada, adulona y pragmática a veces. En estas ocasiones ni siquiera resiste esa definitiva prueba del nueve de la traducción y entonces sus versos se deshacen como una rosa barroca hecha cenizas o como se estropea el vino cuando cambia de altura o latitud.
Pero en otras ocasiones, que son las que engrandecen su obra, se deja llevar por intereses puramente poéticos. Entonces surgen los momentos más altos de su poesía, llenos de hallazgos luminosos, de imágenes deslumbrantes y de un sentimiento del paisaje que presagia a Wordsworth.
Y con el telón de fondo de la naturaleza domesticada del jardín, Marvell combina ingenio y abstracción, emoción fría, inteligencia y profundidad. Preciso y refinado, para él, como decía Eliot, la imagen es la decoración estructural de una idea seria.
La traducción de Carlos Pujol, autor también de un preciso repertorio de notas, ha sabido captar la música equilibrada de Marvell y ponerla en castellano.
El bellísimo Diálogo entre el alma decidida y el placer creado o las ochenta octavas prerrománticas que forman Sobre Appleton House muestran el cuidado que se ha puesto en la traducción. Así empieza esta última:
Bajo este aspecto sobrio no esperéis
de arquitecto extranjero algún trabajo
que convierte canteras en cavernas
y talando hace prados de los bosques...
Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores


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