20 julio 2007

Cuentos de los días raros

La literatura debe hacer la crónica de la extrañeza, escribe José María Merino en la nota con la que abre sus Cuentos de los días raros, que edita en formato de bolsillo Punto de Lectura.

Esa declaración de principios vale no sólo para este su cuarto libro de relatos. Vale para los anteriores como los Cuentos del reino secreto, El viajero perdido o Cuentos del Barrio del Refugio y para los posteriores Cuentos del libro de la noche.

El excepcional contador de historias que es José María Merino se mueve en estos Cuentos de los días raros en su territorio narrativo predilecto, allí donde se diluyen las fronteras entre la vigilia y el sueño y la fantasía invade con naturalidad los espacios cotidianos, como en el magnífico y engañoso Capricho (1891) de Montañés que se ha elegido como motivo de portada. Unos relatos en los que la realidad enseña sus abismos vertiginosos o sus iluminaciones.

Merino reúne en este volumen quince cuentos sobre la rareza a través de los sueños, los libros, los recuerdos o lo cotidiano. Relatos en los que se conjuran los rasgos, los temas y los registros más peculiares de su mundo narrativo y en especial la incursión de lo fantástico en lo cotidiano. Son, pues, una muestra espléndida de lo que el propio narrador ha definido como realismo quebradizo, una detección de las grietas por las que lo raro asalta la realidad.

De esa realidad movediza e insegura, con vigilia y sueño, de sus perfiles inquietantes, dan cuenta estos magníficos textos que ofrecen también la posibilidad de lecturas simbólicas porque van más allá de lo puramente narrativo para proponer interpretaciones irónicas, perplejas o compasivas, de la condición humana.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores