28 agosto 2007

El monstruo en su laberinto

Hoy se cumplen sesenta años de la muerte del Monstruo (el apelativo es uno de esos excesos propios de los revisteros de la posguerra), sobre cuyo significado ha escrito Fernando González Viñas Sol y sombra de Manolete, aprovechando el título de la película que preparaba Abel Gance (el director de aquel Napoleón que luego restauró Coppola).

Berenice publica este acercamiento riguroso a la figura compleja de Manolete. Fue más que un torero discutible, una de las imágenes de la posguerra, de una España que mantenía impasible el ademán, como el gesto y el toreo vertical de quien parecía tener vocación de mascarilla mortuoria, de mármol yacente en el cementerio de Córdoba.

No lo mató un toro. Murió en un laberinto en donde se citaban el agotamiento, la insoportable presión de una madre posesiva y un público envidioso, la debilidad provocada por sus adicciones y sobre todo un plasma en mal estado que ya había matado a varios gaditanos cuando la explosión del polvorín, aquel mismo verano.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores