28 agosto 2007

Umbral

Despilfarró su talento a espuertas como despilfarran su herencia los que no la valoran. Escribió uno de los mejores libros en prosa del siglo XX, Mortal y rosa, y una Leyenda del César visionario que vale por diez monografías sobre la posguerra.

Y sin embargo, cuando se quiso poner serio y escribió el Diccionario de literatura, sólo se puso estupendo y le salió un bodrio provocador y caprichoso, una suma de disparates sin consistencia.

Llevaba ya décadas en la hora penúltima de su agotamiento literario. Quizá por eso alguien comentaba esta mañana que le creía más viejo de lo que era.

Para su desgracia, se le recordará antes que nada por aquel episodio con Mercedes Milá que inmortaliza YouTube, y por la pleitesía bajuna con el PP (¡Ay, mi amor, cuántas cosas te debo! Me has hecho un hombre. De verdad que estoy con vosotros. Cuenta conmigo para lo que quieras) cuando le dieron el Cervantes, o por su Ya quisiera Montaigne esos tirantes con que lamía la mano que le daba de comer en El mundo.

¡Quién le iba a decir que la fecha de su muerte lo hermanaría con Manolete y con aquella enfermería oxidada de Linares!