16 marzo 2007

JRJ por JMJ

Juan Ramón Jiménez por José María Jurado es el epílogo de El lector de almanaques, una plaquette que reúne 18 poemas en prosa de los que se han ido publicando en la excelente página web del mismo título.

Es la primera edición impresa de un autor que nos ha ido regalando textos brillantísimos en esa página y la publica la Diputación de Huelva, en el marco de las actividades que se organizan para conmemorar el trienio Zenobia-Juan Ramón (2006-2008) .

Poemas de una evidente calidad, con un envidiable sentido del ritmo, de la medida y del peso específico de cada palabra. Porque frente a tanta poesía inane que no puede ocultar la debilidad de sus raíces, en estos textos robustos cada palabra tiene su densidad propia, su carga equilibrada de inteligencia y sensibilidad. En ellos José María Jurado declara sus raíces en la prosa juanramoniana del Diario de un poeta reciencasado, de Espacio y de Españoles de tres mundos. Cualquier cosa, cualquier prosa...

Con una conciencia aguda y serena de la temporalidad que le otorga ritmo y compás a estos textos, José María Jurado visita espacios y tiempos que son dos proyecciones de nuestra mirada frágil y fugaz. Dos espejismos que nos mantienen por un momento fuera del tiempo y en el lugar fijo de la imagen, en el tiempo parado de un quince de agosto en la Maestranza, con las golondrinas raseando el albero mientras flotan por el aire las campanas de Santa Ana o de la catedral.

Estos textos –lo saben sus muchos lectores- tienen un altísimo voltaje emocional y lírico, pero lo mejor de este poeta está por llegar.

Estoy seguro de que no tardaremos mucho en verlo. Atentos a su voz y a su palabra, porque tienen mucha belleza y sobre todo mucha verdad, la de la buena literatura.

15 marzo 2007

Pornografía

Gorka Lejarcegi. El País

Las mentiras sobre la guerra de Irak; los cientos de miles de muertos que ha ocasionado la ambición del trío de las Azores; las manipulaciones de Aznar y Acebes tras los atentados del 11- M; las del ácido bórico y las mochilas y la orquesta Mondragón; las pastorales del obispo de Huesca y de Cañizares; las campañas de la COPE y El Mundo; los pelotazos municipales; las broncas en el Parlamento, los gritos patrióticos en las manifestaciones...

Esa es la verdadera pornografía.

Y la carcajada de este tipejo al que también se paga con mi dinero y me tengo que aguantar.

La falsa palabra

Como un experto en cháchara se definía irónicamente a sí mismo Armand Robin (1912-1961), poeta y ensayista que trabajó con éxito por figurar en todas las listas negras que circulaban en su época.

La falsa palabra, su obra más importante, es un conjunto de ensayos sobre la instrumentalización del lenguaje, un libro que denuncia, desmonta y combate los mecanismos de la propaganda. Lo acaba de publicar Pepitas de calabaza, con un sentido de la oportunidad evidente.

A uno de los capítulos, El pueblo de los telecomandados, pertenecen estas líneas:

El tam-tam de la incoherencia mental resuena hasta en el más recóndito pueblo; en las aldeas se ve agruparse a los hechizados, ponerse en marcha con pasos mecánicos, silabeando como sonámbulos las fórmulas destinadas a mantenerlos en estado de alienación; se les deja desplazarse como objetos mágicos, uno se conforma con cederles el paso.

14 marzo 2007

Herat

Vine aquí
como escribo estas líneas,
sin idea fija:
una mezquita azul y verde,
seis minaretes truncos,
dos o tres tumbas,
memorias de un poeta santo,
los nombres de Timur y su linaje.

Encontré al viento de los cien días.
Todas las noches las cubrió de arena,
acosó mi frente, me quemó los párpados.

Así comienza Felicidad en Herat, un memorable poema de Octavio Paz, más memorable aún oído en su propia voz.

Hoy Octavio Paz no hubiera podido escribir un texto como ese, que me viene a la cabeza mientras leo Herat, un excelente artículo de Bengt Oldenburg sobre aquel paraíso afgano arrasado por las civilizadoras fuerzas del bien.

Es el primero de los textos que Melusina publica en el volumen Pulgas y elefantes, un conjunto de veintitrés artículos intensos y certeros.

Quien tiene una conciencia tan clara del horror sólo puede defenderse con la lucidez de su inteligencia y la ironía distanciadora. Con el referente común de esta introducción al apocalipsis que son los tiempos actuales, Bengt Oldenburg ha reunido en Pulgas y elefantes una serie muy variada de artículos que abordan con lucidez y originalidad la compleja realidad del presente. Desde la moda al terrorismo, desde el fútbol a la contemplación de un cuadro, la mirada de Oldenburg va un paso más allá o más abajo que la del espectador corriente.

Y a propósito de cuadros, bastaría un artículo como el dedicado al conmovedor y hermético Perro semihundido de Goya para acreditar la perspicacia de un ensayista, su sensibilidad y su estilo ceñido y certero, y para recomendar vivamente su lectura.

Sobre los nórdicos influidos por el espíritu mediterráneo escribió Byron: Un inglés italianizado es el diablo encarnado.

Oldenburg, finlandés con veinte años de residencia en Buenos Aires, es uno de esos casos. Sus reflexiones sobre la mentira, el nuevo orden mundial, el miedo a la libertad, la globalización o el juego son un ejercicio constante y contagioso de lucidez y una muestra de la prosa efectiva y directa de estos artículos breves y jugosos en los que cabe el mundo, el signo y el sino de nuestro tiempo de soledad que nos hace semejantes al perro pintado por Goya.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

13 marzo 2007

Huérfanos de Satanás


Suerte tienen algunos obispos como el de Huesca , con su cara de carlistón del XIX, de que hayan clausurado el infierno. La foto no tiene desperdicio, desde el semblante que evidencia un desprecio absoluto de la piedad, hasta el fondo de nubes que intenta dar condición seráfica al rostro de un fanático o de un iluminado. Añoranza de las hogueras y los palios franquistas y la bendición de la cruzada. Desgracia del rebaño cuidado por un lobo como este.

Luego vendrán con la letanía lauretana y sus misterios dolorosos y dirán que están perseguidos. Es al revés. Somos nosotros los perseguidos sin bienaventuranza, aunque menos de lo que quisieran ellos.

Y si ya no existe el demonio, ¿de quién serán hijos los hijos de Satanás?

Auster en el escritorio

Con Viajes por el Scriptorium, que acaba de publicar Anagrama, Paul Auster ha escrito la más alucinada y extraña de sus novelas, incluso por la forma en que se le ocurrió la historia. El punto de partida fue muy distinto del de otras novelas suyas. Se lo explicaba así el propio autor a Eduardo Lago:

Normalmente tengo las novelas en mi cabeza durante muchos años antes de ponerme a escribirlas. El caso de Viajes por el Scriptorium es distinto. Surgió de la nada, como por ensalmo. Un día tuve una visión de un anciano en pijama que calzaba zapatillas de cuero. [...] Era una imagen hipnótica que no me podía apartar de la cabeza. De pronto la entendí: aquel anciano era yo dentro de veinte años. Esa imagen fue la que generó la novela.

Míster Blank (El señor en blanco), una proyección del mismo Paul Auster, está sentado al borde de una cama, solo, en una habitación, fuera del tiempo y del espacio, en el vacío, ausente y perdido como un espectro más entre los fantasmas que fueron personajes de su mundo narrativo.

Auster convoca aquí a algunos de sus personajes más notables: Peter Stillman y Daniel Quinn, que vienen desde la lejana Ciudad de cristal; Fanshawe, el escritor de La habitación cerrada; Samuel Farr, otro escritor y Anna Blume, uno de los personajes más austerianos, proceden de El país de las últimas cosas; Marco Fogg vuelve desde El palacio de la luna para contar un chiste; Benjamin Sachs es el escritor sobre el que escribía el escritor Peter Aaron sobre el que escribía el escritor Paul Auster en Leviatán; Walter Rawley viene de Mr. Vértigo; David Zimmer, otro escritor, de El libro de las ilusiones, como John Trause, el anagrama de Auster en La noche del oráculo.

A algunos lectores les parecerá uno de los mejores libros de Auster, para otros quizá sea un puro ejercicio de autorreferencialidad, pero desde luego es inconfundiblemente austeriano, está construido con una extraordinaria destreza y constituye una summa narrativa de toda su obra y un ejercicio vertiginoso en el que una novela se escribe dentro de otra novela, como estaba la primera parte del Quijote dentro de la segunda, como los Cien años de soledad que escribía el gitano Melquiades, como en Las meninas de Velázquez estaban Las meninas de Velázquez, o como en algunas pesadillas de Borges que fueron la base de algunos de sus más memorables sonetos y relatos circulares.

La presencia rebelde de esos personajes tiene otros antecedentes como el Augusto Pérez de Niebla o los Seis personajes de Pirandello. Pero Auster da un paso más cuando consigue que el lector, que creía que el novelista le había invitado a visitar su taller, su escritorio, se dé cuenta de que él mismo también formaba parte del vertiginoso juego de espejos que es Viajes por el Scriptorium.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

12 marzo 2007

Piedra del molino



En la primavera de 2004 se publicaba en Arcos de la Frontera la primera entrega de Piedra del molino, una revista de poesía que llevaba en su primera página esta declaración:

Hay una calle en Arcos de la Frontera, conocida desde siempre como "Piedra del Molino", que viene a ser un breve remanso en las pinas cuestas que enlazan el Barrio Alto y el Bajo. En su casa número cuatro, hubo un molino aceitero —posteriormente, uno de trigo— y su piedra bautizó esta esencial arteria, con un nombre que sigue vivo en el decir popular, y que cubre, como grueso brochazo de cal, cualquier otro que oficialmente pudiera asignársele. Ahora, tantos años después, esa piedra molinera bautiza nuestra revista, entrañándola aún más en el corazón del pueblo en el que nace, ya con una larga tradición poética sobre sus nobles, firmes, seculares espaldas.

Dirigida por Jorge de Arco, tiene periodicidad semestral y forman parte de su consejo asesor poetas como Santiago Castelo, Antonio Murciano o Luis Alberto de Cuenca.

Aquel primer número ofrecía dos inéditos de Juan Ramón JIménez al frente de su primera sección, de creación poética, con un nutrido y alto conjunto de textos de poetas conocidos, reconocidos o desconocidos.

Una segunda parte ofrece en cada número traducciones de poetas de tradiciones lejanas, de Europa oriental o Asia, o de lenguas peninsulares como el gallego. Y cada entrega contiene finalmente un apartado, El vasar, dedicado a las reseñas de poesía.

Las ilustraciones, abundantes y delicadas, están al admirable nivel de los textos y mantienen, alcanzado ya su sexta entrega, la tradición exigente de revistas arcenses como Alcaraván.

Paralelamente, el Ayuntamiento mantiene una colección de poesía que se inició en 2004 con Pretérito anterior, de Cristóbal Romero. Una antología de la obra de Antonio Luis Baena, un notable poeta, cofundador de Alcaraván, y Toque de arrebato, el primer libro de Mª Jesús Ortega, son de momento las otras entregas de esta cuidada colección poética.

11 marzo 2007

Quo vadis, nene?

Ignoro qué mano ha perpetrado el anónimo que leyó ayer el incendiario que pretende gobernar España con un 60% de rechazo a su persona y poco más de un 3 como nota que les merece a los votantes.

Aparte del batacazo de la asistencia, ayer entró esta derecha en un callejón sin salida. Después de un discurso como el de ayer, o encabeza una junta militar o está definitivamente fuera del sistema. No es que se haya ido a la derecha, es que se ha salido literalmente del marco democrático.

Lee uno el texto detenidamente y se acuerda de Klemperer y de La lengua de Tercer Reich. Y sin más que cambiar España por Euskal-Herría, podría superponer algunos párrafos a los de Permach o Barrena.

Las insinuaciones esas de medio tono para salvar España y para recuperar la libertad perdida, que parecen agitar la sombra del golpismo, aparte de despreciables, son más propias de un asustaviejas que de alguien que quiere ganar el centro político.

Lo peor es que hoy es 11-M y han conseguido con esta estrategia calculada que no se hable de la responsabilidad que tuvieron en aquello, ahora que se ha venido abajo la teoría de la conspiración, que no se hable de la corrupción que día tras día aflora en las instituciones que gobiernan, o que se oculte la parte de culpa en el desastre con cientos de miles de muertos en Irak.

Pero todo llegará. Esperemos que no un salvapatrias como los que parecía convocar este patético representante de la furia española.

Francis Ponge

No sé bien qué es la poesía, pero, en cambio, sé bastante bien lo que es un higo, escribía Francis Ponge el 29 de agosto de 1958. Y en esa llamativa confesión, Ponge resumía toda una concepción poética.

Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores rescata en La soñadora materia tres libros completos: Tomar partido por las cosas, La rabia de la expresión y La fábrica del prado, de uno de los poetas franceses más singulares del siglo XX, Francis Ponge (1899-1988), en edición bilingüe con traducción y prólogo de Miguel Casado.

Ponge es el poeta de las cosas, el poeta que busca el ser de los objetos. Lo es especialmente en Tomar partido por las cosas (1942). La rabia de la expresión (1952) se centra más en la palabra y en el taller del escritor, y en la escritura como proceso hacia el poema más que en el resultado. Finalmente La fábrica del prado (1971) culmina en feliz síntesis la relación entre objetos y palabras.

Tomada como emblema de la poesía fenomenológica, del existencialismo o del estructuralismo, la obra de Ponge, en constante transformación, es refractaria a este tipo de caracterizaciones. La metamorfosis, el proceso textual, el cambio es su verdadera forma de ser.

Los que se reúnen en La soñadora materia son tres libros fundamentales en la obra de Ponge, unidos, si no por el tiempo, sí por un mismo espacio: el paisaje del Chambon, en el Alto Loira y por una misma mirada analógica, proclive más a la actitud metafórica que a la capacidad metonímica que caracteriza a otra parte de la poesía contemporánea.

“El hecho de la escritura es la lectura de un texto del mundo”, escribe Ponge en La fábrica del prado, donde el poema se ramifica en otras variantes y se concreta en un intenso esfuerzo creativo que aspira a que las palabras y las cosas se fundan en una sola realidad, de manera que las cosas sean palabras y cosas, y las palabras, cosas y palabras. Y ambas, palabras y cosas, aquella “fuente incomparable de emociones” de la que hablaba Camus a propósito de esta poesía.

En algo parecido pensaba Juan Ramón cuando reclamaba a la inteligencia el nombre exacto de las cosas y quería que su palabra fuera la cosa misma.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

10 marzo 2007

Manifestódromo

Paco López me envía enlace al manifiestódromo. Con mucha generosidad (recomiendo ver los comentarios), había entre 240.000 y 320.000 personas en la manifestación cínico-patriota-musical de esta tarde. Veo luego que la Delegación del Gobierno ratifica esos mismos datos.

Están calculando por metro cuadrado y sin contar lo que ocupan las banderas y los cuernos del toro de Osborne que había en las banderas.

Mentiras

Para mentir, uno tiene que saber la verdad, opinaba San Agustín en su ensayo Mentiras, donde estableció ocho tipos de variantes mentirosas. Pero aparte del que miente y del que dice la verdad, existe una tercera categoría, aborrecida por, entre otros, Wittgenstein: aquellos a quienes no les importa si lo que dicen es verdadero o falso.

(Bert Oldenburg. Pulgas y elefantes. Melusina)

Puestos a añadir, es inevitable pensar en otra especie: la de aquellos a quienes no les importa que les mientan. Fe y patriotismo son las palabras que esgrimen como coartada de su ceguera o su fanatismo, de su visceralidad estéril, de un odio que desmiente su piadosa práctica dominical y eucarística.

No es una casualidad que quienes viven de la mentira y de la superstición se entiendan tan bien que algunos tengan la doble militancia remunerada.


Cabaret Voltaire


Un economista y un arquitecto, Miguel Lázaro y José Miguel Pomares, han puesto en marcha desde Barcelona un proyecto editorial en el que no sabe uno si lo más llamativo es el nombre, Cabaret Voltaire, la procedencia profesional de sus responsables o que todavía, por fortuna o excepción, haya locos apasionados de los libros que deciden fundar una editorial e invertir su tiempo y su dinero en este tipo de actividades.

Empecemos por el nombre, que es el portal de Belén de aquel niño, hijo de Tzara, que se llamó Dadá, que nació en ese Cabaret Voltaire de Zürich el 5 de febrero de 1916 una noche en la que hubo cantantes que lo celebraron como los pastores y magos que lo adoraron como los de Oriente. Y alguna que otra estrella fugaz se reflejaría en los ojos de una mula y algún buey.

Su proyecto editorial se desarrolla en dos líneas: la literatura finisecular y las vanguardias en Francia y en el resto de Europa y la recuperación de la memoria histórica a través de la literatura del exilio de escritores como Agustín Gómez Arcos.

Han aparecido ya tres libros, con un diseño cuidado e innovador (lo entenderán cuando examinen la sobrecubierta) y con traducciones esmeradas, prólogos extensos y notas que se han encargado a especialistas de garantía.

Thomas el impostor, una pequeña obra maestra de la literatura de entreguerras, escrita por un Jean Cocteau provocador y antibelicista; Monsieur de Bougrelon, de Jean Lorrain, el retrato de un dandy en el que se podría reconocer aquel Barbey d’Aurevilly finisecular y decadente de Las diabólicas o Un cura casado, que publicó Cátedra no hace mucho.

El tercero de esos tomos es una edición de El niño pan, de Agustín Gómez Arcos (1933-1998), un escritor maldito, almeriense y poco conocido, de la estirpe de Goya, con quien comparte la amarga condición de exiliado en Francia, o de Valle o Buñuel, en quienes aprendió el desgarro expresionista tan apropiado para la expresión de la realidad esperpéntica y carpetovetónica.

La línea editorial, la selección de títulos y el esmero que se ha puesto en cada volumen no pueden ser más prometedores. Que el tiempo y los lectores lo refrenden es lo que podemos desear desde aquí, antes de reseñar en la revista Encuentros de lecturas y lectores algunos de sus títulos.

Mucha suerte.

Silvia Banfield

Silvia Banfield analiza el periplo latinoamericano de Bush en De viaje por el patio trasero:

Ha dicho al partir, que Estados Unidos y América latina viven en un mismo barrio, juntos pero no revueltos, le faltó agregar. El barrio más próximo cuenta con el muro más grande del planeta después de la Muralla China y con la más sofisticada vigilancia electrónica y guardia militar. No es precisamente el barrio del Chavo del Ocho. El barrio mexicano es el que más inquieta a G. Bush, porque algunos miles de visitantes anuales, se pasan del barrio del sur al norte, sin papeles por el gran patio (desierto) que divide a ambos barrios.


Hoy no toca sacar el aguilucho


Pero otros días sí. Y arretratarse. No se le oye, pero no es verdad lo que dice, ni aunque sea patata, patata.

09 marzo 2007

Carajote


Leo esta tarde en el blog de Fernando Berlín:

MEMORIA HISTÓRICA PARA EL PP CON DE JUANA CHAOS

Llama la atención que al PP se le olvide que en 1998, cuando gobernaban ellos, De Juana Chaos fue acercado a la península desde la cárcel de Melilla. Sí, eso es llamativo, especialmente porque entonces era cuando pedía champan y langostinos para celebrar asesinatos. Debían denunciarle, pero fue premiado. Pero es más grave saber que desde 1996 al año 2002, siendo Acebes el Ministro, a De Juana Chaos se le concedieron 620 días de redención extraordinaria -además de las redenciones ordinarias- por conceptos como "rendimiento intelectual", "curso de redacción y arte de escribir" y lo más grave: "autoría novela"; un escrito en el que De Juana enaltecía el terrorismo, la lucha armada y atacaba a los funcionarios del Estado de derecho:

Después de una operación policial en la que murieron varios miembros de ETA: “Los cuerpos de nuestros compañeros atravesados por las balas es el sacrificio periódico en sangre que todavía se cobra la guerra por una sociedad más justa, más libre, más solidaria... Para que Euskal Herria pueda ser Euskal Herria”. (Pág. 58)

A la muerte del etarra Esteban Esteban Nieto, condenado a 3.150 años de prisión por 21 asesinatos y liberado tras cumplir 12 años de pena por motivos de salud : “tuvo una vida dedicada a la lucha por la independencia y el socialismo (...) Los jóvenes deben recoger el testigo” (pag. 156)

Por cierto que estas redenciones fueron anuladas después en la etapa socialista.

A mí no me extraña que este legionario de Cristo, desde su probada inteligencia, apreciase en este espantajo que han sacado ahora de paseo "rendimiento intelectual."


Tampoco creo que sea cínico cuando dice que no hubo acercamiento de presos, sino traslados para que estuvieran cerca de la Audiencia Nacional.

Es lo que técnicamente en Cádiz se llama un carajote. Con perfil falangista, como recién salido de El alcázar no se rinde, pero un completo carajote.

No sé si es un insulto. Lo suyo es un insulto diario a las personas decentes y a la inteligencia. Y ya va estando bien.

Vergílio Ferreira

Cinco años antes de su muerte, Vergílio Ferreira (1916-1996) ponía el punto final al último fragmento de Pensar, que edita Acantilado con traducción de Isabel Soler.

Son seiscientas setenta y siete entradas que intentan recoger lo disperso y poner orden en la accidentalidad del pensamiento fragmentario, de lo impensable, como se titula el magnífico texto inicial, aviso y prólogo de lo que ofrece el libro: una reflexión sobre la escritura y el conocimiento.

Y así, desde esa propuesta en la que se integran pensamiento y sentimiento, se va desenvolviendo este Pensar, escrito en un tono alto y profundo, que tiene uno de sus centros en la reflexión y la vivencia de la temporalidad:

Porque es enorme la distancia que va del saber al ver. Todos sabemos que somos mortales. Pero sólo de vez en cuando alguien invisible nos toca inesperadamente en el hombro y entonces vemos la certeza de la muerte.

Entre el relámpago del aforismo o la reflexión demorada del artículo o el microensayo, lo que explora la lucidez de Vergílio Ferreira y la excelencia de su prosa es el sentido de la vida, que tiene exactamente la medida de un hombre. Como en los Pensamientos de Pascal, como en los Ensayos de Montaigne, hay en estos textos un universo y un hombre y un hombre ante el universo:

Una vida entera, qué amontonamiento de cosas.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

08 marzo 2007

El barco de orquídeas

Paisajes con nieve a orillas de un río o noches de luna llena en las ramas de una enredadera, brumas orientales tan evanescentes como estos versos, nieblas que deshace una brisa tan leve como estos poemas con estanques y bambú, flores de loto y llovizna tenue y delicada como muchas de estas canciones femeninas, de erotismo contenido, de sugerencias metafóricas.El amor y el tiempo, los estanques bajo la nieve o la luna, los pétalos del almendro arrastrados por el viento, el sentimiento proyectado en la naturaleza...

Y otras situaciones con menos prestigio poético, como la de este poema, de Huang O, una autora contemporánea de Garcilaso:

Si no sabes, ¿por qué finges?
Tal vez puedas engañar a

Algunas muchachas, pero no puedes
Engañar al Cielo. He soñado
Que habías jugado con la flor de
Acacia bajo mi chaqueta
Verde, como un eunuco con una
Cortesana, pero, mira por
Dónde, lo único que sabes hacer
Es farfullar. Me has puesto
Empapada y resbaladiza, pero,
Por mucho que lo intentas,
Nada sucede, conque déjalo. Vete
A dejar insatisfecha a otra.

Kenneth Rexroth y Ling Chung recogieron en El barco de orquídeas, que acaba de publicar publica Gadir en La voz de las cosas, su cuidada colección de poesía, una antología de algo más de cincuenta poetisas de China desde el siglo IV a.C. hasta la actualidad, con autoras como Lan Ling (1946), que firma este excelente texto:

MÁS ALLÁ DEL SILENCIO

Ojalá crezcan esta noche cañas por los

Ríos, que sin cesar se hinchan,

De tus venas. La huida de la luz causa el

Clamor tenebroso. Después, de pronto,

Todo es pura nada, sólo un cadáver descubierto,
En el desnudo brazo del tiempo, en un
Largo callejón lleno de humo, el último cúmulo
De fuego vespertino, como campanas y

Tambores, queda sepultado en el pálido sueño
De mi ser. Una tormenta de polvo corre
Con el viento por el camino y al final llega a la
Temprana muerte de una espiga de trigo

Y, como un río, se alza con furia sosegada.

Ciento doce poemas, uno más de los que contenía El amor y el tiempo y su mudanza. Cien nuevas versiones de poesía china que también recopiló Rexroth. Los dos los ha traducido Carlos Manzano, con su solvencia habitual.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

07 marzo 2007

Nene con medallita

(EFE)

Acaba de decir, literalmente: La manifestación convocada para el sábado no es para los votantes del PP, sino para gente normal.

Dicen que sólo fuma puros. No sé, no sé...

Que Dios le dé mucha salud, porque es un seguro a todo riesgo.


El retorno de Filip Latinovicz



El retorno de Filip Latinovicz
, del croata Miroslav Krleža (1893-1981), es su primera obra traducida al castellano por la Editorial Minúscula. La novela, fechada en 1932, narra las vicisitudes de Filip, un pintor que sufre una importante crisis creativa, que regresa a su país tras largos años de ausencia. Después de pasar unos días en Zagreb se dirige al norte de Croacia, a la llanura de Panonia, donde vive su madre. Allí inicia una atormentada relación con una mujer.

De Miroslav Krleža decía Claudio Magris en El Danubio:

Es un escritor poderoso y excesivo, desbordante de vitalidad elemental y de una vastísima cultura plurilingüística y supranacional. Es el poeta del encuentro y del enfrentamiento entre croatas, húngaros, alemanes y demás gentes del mundo danubiano; es un escritor sobrecargado de cultura y de furor, un intelectual y un poeta expresionista que ama la discusión ensayística pero también los saltos y las fracturas, los desgarros agresivos y la invectiva sarcástica.

Para hablar de este escritor y de esta novela la editorial Minúscula ha invitado a Predrag Matvejević, que mantuvo con Miroslav Krleža una fructífera relación intelectual de la que surgió un libro de conversaciones.

Los actos de presentación del libro se celebrarán hoy, miércoles 7 de marzo, a las 19:30 horas en el Centre de Cultura Contemporània de Barcelona y mañana, jueves 8 de marzo, a las 20:00 horas en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.

06 marzo 2007

Hechos de nubes



Pablo Guerrero me envía Hechos de nubes, el homenaje en forma de disco que ha coordinado y producido Ismael Serrano, que inaugura con él Pequod (llamándose Ismael no podía ser otro el nombre de su barco), un sello que quiere ser un espacio para la calma, para soñar mundos mejores, para que, como dice Pablo Guerrero, nuestra imaginación, contra la gris costumbre, pida la vida nuestra, paraíso ahora.

Pablo es una referencia para todos los cantautores en este país -comenta Ismael Serrano, que hace una estupenda versión del emblemático A cántaros-, no sólo porque es autor de canciones maravillosas, sino porque es un ejemplo de inquietud musical, de búsqueda permanente, y un ejemplo también de honestidad y de coherencia. Hacer este disco ha sido un sueño. Un sueño hecho de nube. Un disco en el que las voces más jóvenes de este género y compañeros de viaje y generación repasan sus canciones, desde el respeto y desde el cariño.

Pablo Guerrero forma parte de la memoria sentimental y personal de dos generaciones que quedan representadas en Hechos de nubes:

Luz Casal le toma el pulso a la soledad mientras canta Límites.

Duerme Lisboa en la voz de Luis Pastor: si alguna vez nací, nací en Lisboa.

El asombro de los peces azules de un verano inventado nos lo devuelve Javier Álvarez, que invita a cerveza a la voz de Pablo en Te tengo en todo (o en casi todo).

Javier Ruibal hace un magnífico arreglo norteafricano que huele a kif en Paraíso ahora, un poco antes de que Pedro Guerra cante el reino del diente y la pistola en Teo y Acetre ponga su voz de la tierra del barro y los alfares para llamar a Alberti.

Luis Eduardo Aute canta junto a la puerta del museo del Prado para incendiar el aire con diez mil dedos que son antorchas y Javier Bergia vuelve a poner de pie a Pepe Rodríguez el de la barba en flor, que sube ya con menos fuelle (los años) las escaleras del metro de Sol. Ya no silba mientras sube, pero todavía liga.

Vuelven a temblar los peces en la voz de Serrat y Labordeta tapa la calle al que monta el as de oros y la abre para que pase el obispo con su novia en triciclo.

Víctor Manuel evoca a aquella Dulce muchacha triste con un libro de poemas en la mochila.

Qué bien suena Suburbano en Dama de cielo roto y su zumo de ausencia. Y La cabra mecánica, qué bien ha captado el tono y el sentido de Evohé, cuando es de noche y no encuentras dioses ni aspirinas.

Quique González pone un broche de oro al disco con sus Sueños sencillos que bajan de las nubes y se posan sobre las miradas.

Cada uno con su voz, su estilo y sus arreglos propios recuperan canciones imprescindibles que han marcado treinta y cinco años de vidas, luchas, miedos y rabias.

Evohé, Pablo, evohé.

Doble moral

Nacho Escolar

Javier Ortiz

Manolo Rico

Sólo tres ejemplos para demostrar que se coge antes a un mentiroso que a un cojo. A la vista de esto, de esto y de esto se le viene a uno a la cabeza la doble moral de Kane.

¿Moral he dicho?

Susan Sontag o el ardor

“La prosa de un poeta es la autobiografía del ardor”, escribía Susan Sontag a propósito de la prosa de Marina Tsvietáieva. Y bien se podría aplicar esa definición a su propia prosa, especialmente a su obra crítica y ensayística.

Lecturas, Miradas, Aquí y allí son las tres secciones en las que se organiza el libro de Susan Sontag que con el título Cuestión de énfasis acaba de publicar Alfaguara. Es una recopilación de ensayos y artículos, muchos de ellos inéditos en español, en los que Susan Sontag habla de otros novelistas, proyecta su mirada sobre el cine, la fotografía o la pintura y habla de sí misma, de su actividad literaria y de sus compromisos ideológicos.

Fue una de las últimas publicaciones de quien en el momento de su muerte en 2004 se había convertido en una de las voces más interesantes de la narrativa norteamericana y en uno de los modelos de la conciencia moral de los intelectuales y su compromiso con la política, la justicia y la sociedad.

Esta magnífica recopilación bien podría quedar como el testamento estético y moral de aquella admirable escritora que fue Susan Sontag.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

05 marzo 2007

Encyclopédie

El triunfo de la razón en tiempos irracionales es el subtítulo que Philipp Blom ha utilizado en su Encyclopédie. Lo edita Anagrama en su colección Argumentos y es un excelente relato de aquella aventura intelectual que cambió el mundo.

Jesús Tapia firma hoy en la revista Encuentros de lecturas y lectores una certera reseña que cierra con este párrafo:

Desde estos años de plomo y desolación, entre talibanes y cristianos renacidos, valga esta reseña también como humilde homenaje a Jaucourt y Diderot y a cuantos colaboraron en hacer de la Encyclopédie una luz en la oscuridad.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

No es lo mismo

No es lo mismo acercar presos como hicieron Aznar, Mayor Oreja, Acebes y Rajoy que no acercar presos, que es lo que ha hecho Zapatero, ni es lo mismo negociar con el MNLV que no negociar con ETA, ni ser un corrupto y un trincón es lo mismo que no ser un corrupto ni un trincón, ni ser un pancartero con bandera, banda y música es lo mismo que ser un pancartero a secas.

¿Dónde va a parar?

Parece mentira que no se entienda, con lo clarito que está. Y sin embargo, habrá quien lo entienda y quien no lo entienda.

Yo, sin ir más lejos, lo entiendo y no lo entiendo.

P.D.: Alomohó tampoco es lo mismo ser un sinvergüenza que no serlo, ni ser un cínico colosal es igual que no serlo.

Jules Vallès

He recibido una educación.
—Está ya armado para la lucha —ha dicho mi profesor al despedirme—. Quien triunfa en el colegio entra como vencedor en la carrera.
¿Qué carrera?
Un antiguo compañero de mi padre, de paso por Nantes, vino a visitarle y le contó que uno de sus antiguos condiscípulos, uno de esos que ganaban todos los premios, había sido hallado muerto, aplastado y ensangrentado, en el fondo de una cantera de piedra, adonde se había arrojado tras haber permanecido tres días sin comer.
Ésta no es, sin duda, la carrera que hay que seguir; no lo creo. En cualquier caso, no hay que lanzarse a ella de cabeza.
Seguir la carrera significa: avanzar por el camino de la vida; colocarse, como Hércules, en la encrucijada.
Como Hércules en la encrucijada. No he olvidado la mitología que aprendí. ¡Vamos! Algo es algo.
Mientras enganchaban los caballos, llegó el director para estrecharme la mano como a uno de sus más queridos alumni. Ha dicho alumni.
Turbado por la idea de la partida, no comprendí en seguida. Monsieur Ribal, el profesor de cuarto, me dio un codazo.
—Alumn-us, alumn-i —apuntó en voz baja, haciendo hincapié en el genitivo y con aspecto de estar abrochándose la hebilla del pantalón.
—¡Ah, sí!, alumnus... quiere decir alumno, es cierto. (...)
El director (impavidum ferient ruinae, la ruina del mundo lo dejaría impasible) es el primero en recuperar el equilibrio y se acerca de nuevo a mí, importunando un poco a todo el mundo. Me habla otra vez, en tan supremo momento, de mi educación.
—Con ese bagaje, amigo mío...
El mozo cree que se trata de mis maletas.
—¿Tiene equipaje?
No tengo más que un pequeño baúl, pero poseo una sólida educación.
En marcha.

Con ese bagaje inútil, con esas armas admirables para la vida que son las lenguas muertas, el joven Vingtras no tarda en comprender que está inerme.

ACVF Editorial acaba de publicar El bachiller de Jules Vallès. Dedicada a quienes, alimentados de griego y latín, se murieron de hambre, es la segunda parte de la Trilogía de Jacques Vingtras, que completan El niño y El insurrecto y constituyen la parte fundamental de la obra del francés.

Más dura en sus perfiles y más ácida en su humor que la primera parte, El bachiller ocupa un papel central en la trilogía autobiográfica de Vallès. Es el choque con la realidad de un muchacho tímido que con diecisiete años tiene que abrirse paso en un París miserable y pringoso.

En el remolino de la vida se va fraguando la personalidad del joven aprendiz de conspirador en la sociedad reaccionaria e injusta de la época imperial de Napoleón III, que generó unas tensiones que estallaron años después, en 1871, en la revolución de la Comuna de París, en la que participó activamente Vallès.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

04 marzo 2007

Mujer que soy

Mujer que soy, mujer profundamente
maldecida por Dios desde el vivir primero

Encomendándose a esas señas de identidad de un poema de María Beneyto que le sirve también como título, Angelina Gatell, una de las mujeres poetas del medio siglo, ha preparado una antología de poesía social firmada por mujeres que empezaron a escribir en los años 50.

La voz femenina en la poesía social y testimonial de los años cincuenta es el subtítulo que se ha puesto al frente de este libro, Mujer que soy, que publica Bartleby Editores.

Se ha hablado poco de las mujeres poetas de aquellos años y mal de la poesía social, aunque es evidente su huella en la poesía actual y la importancia de algunas de aquellas voces femeninas que proyectaron su mirada comprensiva, lírica o narrativa, sobre aquella realidad.

En este Mujer que soy, se ha recogido la poesía social de once mujeres (Carmen Conde, Ángela Figuera, Concha Zardoya, María Beneyto, Julia Uceda, Gloria Fuertes, Acacia Uceta, Aurora de Albornoz, Angelina Gatell, María Elvira Lacaci y Cristina Lacasa) en una antología generosa en textos que van precedidos de una nota biobibliográfica de cada autora.

Nombres como los de Ángela Figuera o Carmen Conde, que formarían parte del grupo del 27; Concha Zardoya, del grupo del 36 o escritoras del medio siglo como María Beneyto o Julia Uceda, completan un recorrido por un tiempo en el que coexisten tres grupos generacionales alrededor de una serie de temas comunes: la poesía social o la reivindicación del papel de la mujer en la sociedad y en la literatura.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

03 marzo 2007

Privado de título

Un joven fascista al que mata otro fascista en una correría nocturna, ¿puede ser llamado protomártir fascista?

Ocurrió en realidad. En Sicilia. En abril de 1921, el error de un compañero de escuadra negra mata a un joven de la liga antibolchevique cuando, en compañía de un tercero, se disponen a castigar a un líder sindical. La maquinaria propagandística transforma a la víctima frustrada en victimario y al peligroso gamberrete musoliniano, en protomártir del fascismo en Sicilia.

Ese es el planteamiento de fondo de Privado de título, la última novela de Andrea Camilleri que ha publicado Salamandra con traducción de Mª Antonia Menini.

Con su acreditada pericia narrativa, Camilleri alterna el relato de los hechos con documentos policiales, partes facultativos, cartas de los implicados y artículos de periódico en una mezcla que completa magistralmente el fresco de una época y el montaje de una mentira.

A propósito de montajes. La formación de Camilleri como guionista y realizador de documentales y series policiacas para la televisión italiana aporta alguna de las claves esenciales de su eficacia narrativa. El enfoque cinematográfico de las secuencias, de enorme fuerza plástica, es una de las bases de la novela, planteada en gran medida con técnica rigurosa de investigación documental.

Más allá de su puro valor literario, Privado de título es una reflexión sobre la manipulación propagandística, sobre la hipocresía y el poder y sobre la falsificación interesada de unos hechos que, salvando todas las distancias, recuerdan el incendio en 1933 del Reichstag berlinés por los nazis, que acusaron de los hechos a los comunistas.

Un Camilleri irónico, mordaz y socarrón, añade un demoledor toque personal a aquellos hechos lamentables y esperpénticos. Quizá esa mezcla de rigor y caricatura sea la mejor manera de aproximarse a una realidad en la que convivían la grandilocuencia de los gestos y las palabras con la ridiculez de aquellos fantoches que se declaraban herederos del Imperio.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

02 marzo 2007

Un quiasmo de J. A. Goytisolo

Él era homosexual y altísimo poeta
y tú un escritorzuelo y un triste maricón.

(José Agustín Goytisolo. Cuadernos de El Escorial. Lumen, 1995)

¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!

Una edición crítica o una reedición autocrítica de La malamemoria. Eso es ¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!, la novela de Isaac Rosa que edita Seix Barral.

Hace ocho años, en 1999, Isaac Rosa publicaba en la editorial extremeña Los libros del Oeste su primera novela. Se titulaba, como la tercera de las cinco partes que la componían, La malamemoria, y era una reconstrucción de las circunstancias de la guerra y la posguerra a través de Julián Santos, un escritor a sueldo a quien le encargan la escritura de las memorias de un político de la posguerra y la transición. Un personaje siniestro, Gonzalo Mariñas, que ha intentado lavar su pasado como aquellos laínes y tovares que Isaac Rosa denunció en un artículo (Los espinazos curvos de la dictadura) publicado en Babelia el 14 de octubre de 2006.

Cuando su autor se plantea la reedición de La malamemoria, construye un juego de espejos y narradores. Un complejo sistema de estirpe cervantina en el que el autor que firma la advertencia y la fecha en octubre de 2006 está más lejos de Isaac Rosa que el lector distante y crítico que apostilla el texto original con sus comentarios.

La primera frase de esos comentarios al margen, expresiva del desagrado de ese lector (¡Otra maldita novela sobre la guerra civil!) es la que da título a esta lectura crítica de La malamemoria, el subtítulo que aparece, si no en la portada, sí en el interior.

Una novela sobre otra novela, pues, y ahí la ironía y el efecto de profundidad de la literatura dentro de la literatura vuelve a remitir al modelo del Quijote. Las apostillas, individualizadas tipográficamente con letras en cursiva, permiten comprobar en primer lugar cómo ha madurado el estilo de Isaac Rosa desde aquella novela inicial. Y en segundo término manifiestan también cómo ha cambiado su perspectiva en el análisis de la realidad. Dicho de otra manera, no sólo ha cambiado el escritor Isaac Rosa, sino el ciudadano que propone un determinado enfoque de la historia reciente en una postura moral cercana a veces a Ramiro Pinilla y emparentada en otras ocasiones con Manuel Longares.

No se trata, pues, de una revisión del texto desde dentro, de una reelaboración hecha por el autor, sino de un procedimiento más complejo que superpone no sólo mentalidades distintas, sino planteamientos técnicos y estilísticos más maduros.

El autor cursivo de esa lectura crítica se confunde con el verdadero autor (otra vez Cervantes) cuando remata el libro con este párrafo en el que se dan cita las claves del libro y se reflexiona, como en toda la novela, sobre la escritura:

Y a todo esto, ¿qué queda de esa mala memoria contra la que se alzaban las armas de la literatura?¿Y qué queda de las víctimas? ¿Y de la guerra? ¿Qué queda de las intenciones vindicativas del autor? Nos tememos que, una vez más, la guerra, la memoria, las víctimas, se convierten en pretexto narrativo, y lo que se pretendía una novela revulsiva se conforma con una historia entretenida, un ejercicio de estilo, una convencional trama de autoconocimiento y, por supuesto, de amor. Eso sí, con la guerra civil al fondo, actuando de referente atractivo, reconocible, donde el lector se siente cómodo y se muestra curioso. Novelas como ésta pueden hacer más daño que bien en la construcción del discurso sobre el pasado, por muy buenas intenciones que se declaren. Debido a las peculiaridades del caso español, a la defectuosa relación que tenemos con nuestro pasado reciente, la ficción viene ocupando, en la fijación de ese discurso, un lugar central que tal vez no debería corresponderle, al menos no en esa medida. Y sin embargo lo ocupa, lo quiera o no el autor, que tiene que estar a la altura de esa responsabilidad añadida. Vale.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

01 marzo 2007

Ciencia y sugerencia




Con motivo de la exposición Ciencia y Sugerencia que se inaugura esta tarde en el Espacio Sins Entido de Madrid, se ha editado un espléndido catálogo que es el resultado de la colaboración de científicos, artistas plásticos y poetas, mediadores excepcionales por lo inusual de su mirada en este campo.

16 artistas plásticos y 16 poetas, entre los que hay más de 15 Premios Nacionales, se han unido a los científicos y han puesto su imaginación al servicio de micrografías de materiales procedentes de laboratorios de investigación de toda España. De este modo, comunicadores tan reconocidos y premiados como Alberto Corazón, Cruz Novillo, Alfredo Alcaín o Juan Ballesta, y poetas tan prestigiosos en nuestro país y Latinoamérica como Luis Alberto de Cuenca, Fernando Beltrán o Carlos Marzal han donando generosamente su tiempo y una obra inédita realizada al servicio de una imagen científica.

Miguel Aballe, uno de los científicos que participan en el proyecto lo expresa en estos términos: “Ha sido una gran experiencia ver como una simple explicación sobre la sección del engarce entre el cuello de una lata de bebidas y su tapa daba lugar a un maravilloso poema de Amalia Bautista. También es notable ver cómo una imagen de las que a diario vemos en nuestros laboratorios puede dar lugar a una obra de arte como el dibujo de Juan Ballesta. Sin duda, la ciencia y arte consiguen ir de la mano de una manera nunca antes planteada”.

La recreación que han conseguido de las imágenes científicas ha adquirido vida propia y permite que el público se acerque a la ciencia con la misma actitud de quien se acerca a una obra de arte.

En las fotografías proporcionadas por los científicos -escribe Luis Alberto de Cuenca en el catálogo- había fuerza plástica como para fletar una escuadra rumbo a los pliegues más profundos del subconsciente, y eso han sabido utilizarlo los dibujantes y los poetas, tan cerca siempre de esos territorios. Había misterio en esas fotos, y sus comentaristas han optado unas veces por revelarlo y otras por hacerlo todavía más insondable en su interpretación.

Miguel Ángel Pacheco escribe en Un toque renacentista, otro de los textos de presentación del catálogo:

Lo conseguido con esta insólita muestra, donde alternan pintura, escultura, diseño gráfico e ilustración —que casi nunca van juntas—, con la poesía —que sale poco fuera de los libros— y con la ciencia —generalmente tan asombrosa y lejana como la magia para los no iniciados—, es recordar aquella edad dorada, hace quinientos años, en la que el pintor Leonardo da Vinci y el poeta Angelo Poliziano podían alternar con el matemático Luca Paccioli, sin que nada demasiado grande los separara en cuanto a conocimiento. Sólo por ese raro y precioso toque renacentista, ya merece la pena.

28 febrero 2007

De la poesía francesa

Por esas cosas del azar, llegan a mis manos estos días tres libros de poesía francesa:

La Antología esencial de la poesía francesa, un intenso y exhaustivo recorrido de diez siglos que ha preparado Mauro Armiño para Austral Poesía, de Espasa, en la misma línea de la que editó Antonio Colinas de la poesía italiana en esta misma colección.

La edición bilingüe en Pre-Textos de los Poemas de Gautier, con selección, traducción y prólogo de Carlos Pujol.

La soñadora materia, que reúne tres libros fundamentales de Francis Ponge, un escritor en continua metamorfosis creadora, en continuo diálogo con las cosas. Lo publica, también en edición bilingüe, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores con traducción y prólogo de Miguel Casado.


27 febrero 2007

Tomás Segovia

Mientras no quiera el tiempo
Dejarme de su mano
Saldré cada mañana
A buscar con la misma reverencia
Mi diaria salvación por la palabra.

Mientras es uno de los textos que Tomás Segovia (1927) recoge en Llegar. (Poemas 2005-2006), que acaba de publicar Pre-Textos en La Cruz del Sur. Un libro en el que un Tomás Segovia casi octogenario escucha y mira y habla con la vida.

Una mirada hacia fuera, no hacia dentro, y hacia el presente, no hacia atrás. Para ver que lo que viene de fuera es la confirmación de la vida, la luz que entra en la casa y el frescor de la mañana. A su encuentro va el poeta en este libro celebrativo y sereno, de tibia claridad y palabra medida.

Y van la voz y la mirada del poeta hacia la llamada del pájaro, hacia el horizonte, hacia un tiempo que abre el día y renace incansable en un paso hacia adelante, hacia la disolución serena

en la desembocadura azul del tiempo.


Y la culminación de este Celebrativo, la parte final de un libro de palabras fluidas, con la densidad de la luz y la levedad del aire, con la armonía que otorga la mirada serena del poeta en diálogo con el mundo, con el lector y consigo mismo:

Porque no hay que ir allá buscando nada
Hay que esperar aquí
Haciendo la morada los unos a los otros
Para que venga sola y libre la belleza
A vivir con nosotros.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

26 febrero 2007

El cuenco de la mano

Con su bondad habitual, JRJ definió a Neruda como gran mal poeta. No había oxímoron en aquella maldad dictada por la envidia. De los dos adjetivos, uno lo refería a la cantidad, el otro a la calidad.

Recuerdo la expresión mientras leo El cuenco de la mano, un pequeño buen libro que Basilio Sánchez acaba de publicar en Littera Narrativa.

Su prosa, la excelente prosa de un poeta como él, se adentra en el territorio luminoso de la memoria, y se levanta desde la altura del suelo de la infancia a la altura del vuelo de su palabra serena y conmovida.

Gracias, Basilio, por un libro como este en el que hay también el recuerdo titubeante de un inicio titubeante que a punto estuvo de proclamarle pontífice máximo de la poesía del silencio.

En aquella primera lectura pública, que compartí con él, los nervios le tuvieron unos segundos, que él alarga en el libro porque se le hicieron eternos, al borde de la huida. Afortunadamente, se recuperó como los enfermos que cuida en la UVI.


Misterios de Pompeya

Linda Fierz-David (1891–1955) fue la primera mujer admitida en la Universidad de Basilea. Estudió Filología alemana y completó aquellos estudios con los de psicología, antropología, mitología y literatura. Con ese bagaje, que da buena cuenta de su curiosidad intelectual y de sus conocimientos, dedicó toda su vida a la interpretación de los frescos de La Villa de los Misterios de Pompeya.

Este libro se titulaba originalmente en alemán Reflexiones psicológicas sobre los frescos de la Villa de los Misterios. La muerte de su autora frustró la publicación del libro, que no se publicó hasta 1988 en una edición inglesa revisada por Nor Hall, que es la que se ha tomado como base para esta edición española que publica Atalanta en su colección Imaginatio Vera.

Con un prólogo de Enrique Galán Santamaría y excelentes reproducciones de las pinturas, el libro parte de una introducción sobre Dionisos, el dios griego más representado en el arte antiguo. Arcaico, barbudo y vestido o desnudo y efébico, se extiende su imagen ubicua en las pinturas, en los bajorrelieves, en vasos órficos o en monedas durante veinte siglos desde Asia Menor hasta la Península Ibérica, desde el Mar Negro hasta Egipto. Le acompaña un séquito de faunos y silenos que formaban parte de la decoración de una serie de cultos dionisiacos unidos a Orfeo.

El mito de Orfeo, oscuro y simbólico, es la integración de lo apolíneo con lo dionisiaco y ha generado una abundante literatura esotérica. Músico y poeta, es el objeto de culto de una teología mistérica que le trata como a un dios salvador y narra sus trabajos y viajes, su muerte y resurrección de dios sufriente y perseguido.

En las afueras de Pompeya, la ciudad consagrada a Venus, la Villa de los Misterios tiene en su sala de la Iniciación un conjunto de frescos con diez escenas simbólicas que representan el proceso de individualización femenina.

De esos mitos se hace una interpretación que conecta unas escenas con otras, y explora la relación entre estos cultos y otros ritos de China, del yoga hindú, del cristianismo y los alquimistas, de Isis o el Grial.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

25 febrero 2007

Tríbada

Después de la recientes reediciones de Escuela de mandarines y La fea burguesía en Alfaguara, Siruela acaba de recuperar Tríbada. Theologiae Tractatus, que se añade en su catálogo a Asklepios, el último griego.

Cuando murió en 1982, Espinosa sólo había publicado dos novelas: Escuela de mandarines (1974) y La Tríbada falsaria (1980). Después de su muerte apareció La Tríbada confusa (1984) y por fin en 1986 la Editora Regional de Murcia editó esta Tríbada. Theologiae Tractatus, formada por las dos anteriores.

Novela en clave, con base en un episodio autobiográfico y ambientación en Murcia, el Dublín de la novela española contemporánea, cuenta la historia trivial de un abandono homófilo en tres capítulos. Lo demás es el comentario del episodio desde distintas perspectiva, a través de 62 cartas repartidas entre el final de la primera parte y la totalidad de la segunda.

No acaba ahí la novela. Hay además un epílogo con una carta más, esta de Miguel Espinosa, y un Comento que recoge las explicaciones de otros personajes, entre ellos este Anónimo Primero de la Escuela de Murcia, que explica la estructura y el subtítulo:

En la versión que Miguel Espinosa nos ofrece del caso, la fabulosa sustitución de antagonistas se columbra a partir del momento en que Daniel recibe la primera carta de Juana. Desde ese evento, el relato comienza a crecer en significación y a desbordar los límites de la cuestión original; de testimoniar las causas de una hembra homófila y de su sorprendido amador, pasa a testificar las causas de Dios y del Diablo. Por eso, alguien lo subtituló, con razón, Theologiae Tractatus.

Casi no hace falta decir que esta es una obra deslumbrante, oscura y burlona, irónica y amarga. Y sobre todo un prodigio de estilo, de inteligencia y creatividad, de capacidad narrativa.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

24 febrero 2007

Moresco contra la posmodernidad

Melusina publica por primera vez en español a Antonio Moresco (Mantua, 1947), un escritor tardío, polémico y radical. O crítico y visionario, como quiere el subtítulo de El volcán, un libro de 1999 que es la tarjeta de presentación (pues ya se anuncian otras obras) de Moresco en España y en Latinoamérica.

El volcán reúne textos misceláneos y los estructura en tres partes coherentes. Independientes y heterodoxos en sus planteamientos, los escritos de Moresco participan, pese a su rechazo de lo posmoderno, de un rasgo de la posmodernidad: la disolución de los géneros en formas textuales que son un híbrido de narración, ensayo o dietario.

Los une su carácter directo, la fuerza polémica de la primera persona, su tendencia a la brevedad, certera y ácida, y su crítica fuerte del pensamiento débil y de las formas leves de la posmodernidad:

Los escritores, los artistas, ¿pueden aún —como siempre hicieron— pensar y fantasear sobre qué forma el núcleo de su experiencia o sólo se les permite, en esta época, la némesis de la autoglosa? ¿Pueden aún encontrar, en ello, personas desvinculadas e intensas capaces de debatir desde una posición de necesidad interior y de “libertad” o sólo pueden esperarse reacciones mecánicas inducidas y pequeños escándalos periodísticos de superficie? A tenor de lo que nos rodea en estos años, no hay motivos para hacerse ilusiones. Pero no es ésta una buena razón para dejar de decir lo que se piensa.



Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

23 febrero 2007

Calasso

Un elogio de la contraportada y una reivindicación de la solapa. Un atlas universal de la literatura.

Eso, y más cosas, son estas Cien cartas a un desconocido de Roberto Calasso que publica Anagrama. De las más de mil contracubiertas y solapas escritas por él para la editorial Adelphi desde 1965, ha elegido cien textos unidos unidos por el hilo invisible de la buena prosa de Calasso, por su agudeza lectora y su inteligencia comercial.

Cien cartas a un desconocido es su certero título, porque algún vínculo histórico tienen este tipo de textos con las epístolas gratulatorias que en épocas modernas y preindustriales figuraban al frente de muchos libros. Si entonces el escritor encomendaba su obra a la protección del alto príncipe o a la eminencia de algún virtuoso cardenal con aquellas dedicatorias adulonas, ahora es el editor el que tiene que vender el libro y sustituye la adulación por la promesa, y al príncipe por el público, con no menos poder e igual de caprichoso.

Quien abre este libro abre un mapa mundi que le orienta en la tierra de promisión de la literatura. Por esa razón, porque este libro es un mapa, el editor ha tenido el acierto de añadir al final una referencia a las ediciones en español de esos libros. Cuando existe, claro está. Eso ocurre (y es para quedarse cavilando un rato sobre el asunto) con poco más de la mitad de los cien títulos que aparecen en esta antología. Con cincuenta y seis si no he contado mal.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

22 febrero 2007

Nuevas poéticas sobre el cuento

No sé si el primero que propuso la imagen fue García Márquez, pero con frecuencia se alude al cuento como una flecha que debe dirigirse con precisión a la diana, frente a la novela que dispara con postas.

La flecha en el carcaj titula Eduardo Becerra el prólogo que ha preparado para El arquero inmóvil, una revisión de las poéticas y las teorías que han tratado de definir el cuento como modalidad literaria propia de la modernidad.

La crisis de la modernidad incide en una redefinición del cuento, en un replanteamiento de sus elementos constructivos, de sus finales, de los mecanismos fijados por Poe. Con ese propósito Eduardo Becerra ha convocado a 22 narradores para que reflexionen sobre sus procesos creativos y sus estrategias narrativas y expliquen sus poéticas del cuento. A esos autores se les pedía, indica el editor, “una poética del cuento que explicara al menos en parte su propia obra creativa dentro del género, y asimismo que supusiera una cierta toma de posición frente a las definiciones clásicas.”

Lo publica Páginas de espuma, una editorial que presta especial atención al relato, y es un libro imprescindible para conocer lo que ha sido el cuento y a dónde va, una invitación a la cocina de la escritura más sabrosa y delicada.

Es este un libro lleno de propuestas, de sugerencias, de itinerarios porque un libro como este es también un mapa de carreteras. Nada secundarias, por cierto.

El volumen se cierra con un epílogo de Ricardo Piglia, Secreto y narración. Tesis sobre la nouvelle. Es un inédito que recoge la transcripción de un curso impartido por Piglia en la Universidad Autónoma de Madrid sobre la relación entre el cuento y la novela corta, además de un clarividente análisis de Los adioses, la novela corta de Onetti, una de las cimas de la narrativa en lengua española.

Por cierto, Miguel Ángel Muñoz ha publicado unas agudas reflexiones a propósito de este libro. Se pueden leer en El síndrome Chéjov y son un complemento a sus brillantes Apuntes para una improbable teoría del relato.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

21 febrero 2007

El baile de Águedas

Releo esta tarde algún que otro capítulo de ese monumento de la antropología cultural que es El carnaval, de Julio Caro Baroja, que tiene desde hace poco una edición asequible en El libro de bolsillo de Alianza Editorial.

En la tercera parte, Tres modelos de fiestas de invierno, habla de la fiesta de Águedas en Segovia y en Zamora, una celebración de mujeres casadas que se celebra el cinco de febrero y está emparentada con las Matronalia romanas.

Inevitablemente al lector de Claudio Rodríguez le viene a la memoria aquel poema de Conjuros que se titulaba El baile de Águedas. Un poema que queda iluminado por el análisis que hace Caro Baroja, que seguramente lo desconocía, de aquellos viejos ritos paganos. Un buen motivo para volver a ese texto de Claudio que, como la mejor poesía, vuelve una y otra vez, como los ciclos anuales y los ritos solares.

¡Águedas, aguedicas...!


20 febrero 2007

En ciudades extrañas

Adam Zagajewski definió la poesía como la ciencia de lo cotidiano que tiene la vida como objeto. La fluidez y la legibilidad de sus versos y la utilización de la realidad cotidiana son las bases de esa poética cercana que le habla al lector al oído.

Una buena manera de entrar en su mundo son los Poemas escogidos que publicó Pre-Textos en edición bilingüe con traducción de Elzbieta Bortkiewicz y prólogo de Martín López-Vega.

Cuando Czeslaw Milosz recibió el Nobel, escribió un discurso en el que señalaba que la condición del poeta es la del exiliado. En esa misma idea de la poesía como actividad del emigrado, insiste Zagajewski en sus Dos ciudades y en el memorable comienzo de la Canción del emigrado:

En ciudades ajenas venimos al mundo
y las llamamos patria...

Y pese a todo, pese al desarraigo, pese a que la poesía es también parte del caos, Zagajewski mantiene su defensa del fervor, la confianza en la función salvadora de la literatura, metaforizada en el pájaro que aparece al final de Antaño:

Un pájaro pequeño bebe de ese agua
y canta, y una vez más
salva el desorden de las cosas, nos salva a ti y a mí
y al canto.

Así de sencillos son en apariencia los textos de quien está, con toda razón, en la boca de muchos lectores y en el oído de muchos escritores.

Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores

19 febrero 2007

Vergílio Ferreira




No te impresiones demasiado con la desgracia del crítico sólo porque no ama el arte. Es el oficio que ha escogido en el reparto de oficios. El catador de vinos no bebe. Pero tiene la ventaja de no emborracharse. Y es tan desagradable un borracho.

Es uno de los 677 fragmentos que recogió Vergílio Ferreira en su Pensar, que acaba de publicar Acantilado con traducción de Isabel Soler.

Lo leo estos días, de atardeceres crecientes y luminosos frente al mar gaditano. Posiblemente no haya mejor sitio para leer estos textos serenos y llenos de lucidez sobre la proximidad de la noche.

18 febrero 2007

Arcos de los poetas



No es fácil que haya un sitio con más calles dedicadas a escritores que Arcos de la Frontera.

A sus calles empinadas, a sus cuestas directas que desconocen la forma curva por la Corredera y el alivio del serpenteo en la cuesta de Belén, me llevó anoche la entrega del Premio Alcaraván. Cincuenta y tres ediciones ya con la que se entregaba anoche, en la cima de su alta peña, entre el vuelo vertiginoso de sus pájaros y el cauce oscuro, tan hondo, del Guadalete.

De camino a la Capilla de la Misericordia, donde se celebraba el acto, la sorpresa de un grupo de muchachos que me conocen por mi nombre y lo comentan en voz alta cuando va cayendo la noche templada y ventosa. A algunos los reconozco luego en la capilla.

En la recepción, que se celebra en una sala en la que alternan fotografías y poemas de Julio Mariscal, la charla con un pintor que fue alumno suyo en la escuela, con Antonio Murciano y con Pepa Caro, alcaldesa y poeta de una ciudad tan asociada a la poesía como esta.

Azorín, que sabía más que nadie de pueblos, decía de Arcos que era el más bello de España. Es difícil saber si tenía razón, pero desde luego no andaba descaminado cuando hablaba de estos miradores abiertos a los vientos y a la poesía, que ha sido siempre una actividad de frontera.


17 febrero 2007

Stig Dagerman

Es evidente que el escritor no puede negar a quienes se obstinan en el rechazo de tomarse la literatura en serio el derecho de atacarla ya sea por falta de claridad o por cualquier otra razón. Pero debe tener conciencia que es contra estos contra quienes debe defenderla y es ante estos ante quienes tiene suficientes razones para argumentarles:

- Si la literatura es como un juego de sociedad, no me quedará más solución que salir al anochecer con el pie teñido de negro para entablar amistad con las serpientes y con el ratón gris del desierto. Pero, si la literatura es indispensable para la vida, no olvidéis las sandalias en casa, ¡tened cuidado con los montones de piedras! Las serpientes se fijan en mis talones y el ratón del desierto me produce náuseas.

El texto forma parte de El escritor y su compromiso, de Stig Dagerman (1923-1954), de quien Pepitas de calabaza acaba de editar Nuestra necesidad de consuelo es insaciable, una pequeña obra maestra de la desesperación con una traducción de José Mª Caba que ha logrado conservar y transmitir toda la fuerza expresiva y la intensidad de su prosa poética.

Tras cinco años de silencio literario casi completo, interrumpido sólo por este texto, intenso y desolado, se suicidó en 1954. Dos años antes, en mayo de 1952, fechaba este testamento vital y existencial cuya publicación debería servir para despertar la curiosidad por la obra de un autor muy interesante.


Reseña íntegra en la revista Encuentros de lecturas y lectores
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