Reyes Mate. La herencia del olvido
Adentrarse en la lectura de los diez ensayos recogidos en La herencia del olvido, que publica Errata naturae, no es una tarea exenta de riesgos. Uno de ellos no es, desde luego, el que pueda provenir de la dificultad de su lectura sino todo lo contrario. Aunque la escritura del autor es siempre densa, y más en estos ensayos en los que está contenido, para quien lo conoce, gran parte del pensamiento de Reyes Mate, el placer de la lectura está asegurado. Su estilo tiene la claridad que, como cortesía del filósofo, preconizaba Ortega y Gasset. La brillantez del autor y su capacidad para transmitir su convicción y su implicación personal en las ideas que defiende pueden ser fascinantes.
El riesgo no proviene por tanto de la dificultad de la lectura sino de todo lo contrario. Llevados por una argumentación tan convincente, y fascinados por un autor cuya trayectoria vital es absolutamente coherente con su obra, podemos tardar en darnos cuenta de que se nos va a terminar llevando a plantearnos cuestiones, como el papel de Dios o la religión, que sólo parecen estar de moda en nuestros días entre los cultivadores del pensamiento fundamentalista. Un posible lector, no advertido, que esté instalado cómodamente en su laicidad, y no digamos si forma parte del denostado laicismo excluyente, experimentará según progrese en la lectura de La herencia del olvido sucesivos sobresaltos. El autor, pese a ser persona tolerante, e incluso experto en tolerancia, no está dispuesto a tolerar una lectura curiosa o indiferente. Sólo permite una lectura comprometida. El riesgo en el que incurrimos, por tanto, es el de tener que pensar.
El riesgo no proviene por tanto de la dificultad de la lectura sino de todo lo contrario. Llevados por una argumentación tan convincente, y fascinados por un autor cuya trayectoria vital es absolutamente coherente con su obra, podemos tardar en darnos cuenta de que se nos va a terminar llevando a plantearnos cuestiones, como el papel de Dios o la religión, que sólo parecen estar de moda en nuestros días entre los cultivadores del pensamiento fundamentalista. Un posible lector, no advertido, que esté instalado cómodamente en su laicidad, y no digamos si forma parte del denostado laicismo excluyente, experimentará según progrese en la lectura de La herencia del olvido sucesivos sobresaltos. El autor, pese a ser persona tolerante, e incluso experto en tolerancia, no está dispuesto a tolerar una lectura curiosa o indiferente. Sólo permite una lectura comprometida. El riesgo en el que incurrimos, por tanto, es el de tener que pensar.
Así comienza la reseña de la colección de ensayos de Reyes Mate que firma José Torreblanca en la revista Encuentros de lecturas.

<< Home