31 marzo 2009
30 marzo 2009
Gabriel Sofer, una sombra
Rodeado de misterio en torno a su autor, El olivo azul publica Al final del mar, un volumen de relatos prologado por Luis Alberto de Cuenca y firmado por Gabriel Sofer, hijo de norteamericano y española y residente en Brooklyn, madrileño de 1973 o 1970, que en esto no se ponen de acuerdo la nota editorial y el prologuista.
La solapa biográfica, que elude la imagen del autor y la sustituye por una suerte de retrato robot, avisa de la tendencia de Sofer a cambiar de casa y de nombre cada dos años. Si lo primero le es completamente indiferente al lector, lo segundo le inquieta sobremanera y le suscita unas cuantas preguntas. No sabe, por ejemplo, si se trata de su primer libro -no lo parece-, si lo ha leído con otra firma, cuánto lleva con este nombre o cuánto le falta para sustituirlo por otro.
La nota editorial indica que este es el primer libro que publica en España. Al menos –supone el lector- con ese nombre, porque este no parece el libro de un principiante. Al contrario, los relatos que forman parte de Al final de la tarde muestran una pericia envidiable y una soltura narrativa impropia de un escritor bisoño.
Sin efectismos fáciles, sin trucos industriales de primer curso de taller de escritura, los textos de Al final del mar son mecanismos de precisión – bombas de relojería los llama Luis Alberto de Cuenca en su prólogo- en los que cada pieza cumple su función exacta para conseguir la intensidad y la unidad de efecto que le pedía Poe al relato.
En estas narraciones llenas de sutilezas, homenajes y guiños literarios para iniciados, la variedad geográfica (de Marsella a Liverpool, de San Sebastián de los Reyes a los Balcanes, del Madrid actual a la Sevilla andalusí, pasando por China, Roma, la mar océana entre Cádiz y La Habana, Viena o Grecia) contrasta a veces con textos que suceden en el interior de un cuarto y en todo caso plantea un territorio incierto que es paralelo al dinamismo temporal que nos lleva del presente a la Edad Media o a la Ilustración, y de ahí al XIX o a la época clásica.
Es verdad que se trata de un conjunto desigual, en el que no faltan errores sintácticos y deslices léxicos que serán la alegría de cierta crítica. Y aunque es probable que no se le pueda celebrar por su nombre verdadero, hay en el volumen varios relatos memorables: El incendio de Homero, por ejemplo, es uno de los mejores cuentos que han caído en mis manos en los últimos meses. Pero otros rayan a la misma altura sorprendente. Es el caso de la excelente Historia de un autor de libros, o de la Memoria del Inquisidor Guevara.
O del inmejorable epílogo, Hechos de un hombre, la biografía azarosa y desordenada de Rafael Matías (1762-1835), que a su muerte deja un folio en el que se puede leer esta frase, que podría attribuirse el propio Gabriel Sofer: “pues ni mi nombre es mío.”
La solapa biográfica, que elude la imagen del autor y la sustituye por una suerte de retrato robot, avisa de la tendencia de Sofer a cambiar de casa y de nombre cada dos años. Si lo primero le es completamente indiferente al lector, lo segundo le inquieta sobremanera y le suscita unas cuantas preguntas. No sabe, por ejemplo, si se trata de su primer libro -no lo parece-, si lo ha leído con otra firma, cuánto lleva con este nombre o cuánto le falta para sustituirlo por otro.
La nota editorial indica que este es el primer libro que publica en España. Al menos –supone el lector- con ese nombre, porque este no parece el libro de un principiante. Al contrario, los relatos que forman parte de Al final de la tarde muestran una pericia envidiable y una soltura narrativa impropia de un escritor bisoño.
Sin efectismos fáciles, sin trucos industriales de primer curso de taller de escritura, los textos de Al final del mar son mecanismos de precisión – bombas de relojería los llama Luis Alberto de Cuenca en su prólogo- en los que cada pieza cumple su función exacta para conseguir la intensidad y la unidad de efecto que le pedía Poe al relato.
En estas narraciones llenas de sutilezas, homenajes y guiños literarios para iniciados, la variedad geográfica (de Marsella a Liverpool, de San Sebastián de los Reyes a los Balcanes, del Madrid actual a la Sevilla andalusí, pasando por China, Roma, la mar océana entre Cádiz y La Habana, Viena o Grecia) contrasta a veces con textos que suceden en el interior de un cuarto y en todo caso plantea un territorio incierto que es paralelo al dinamismo temporal que nos lleva del presente a la Edad Media o a la Ilustración, y de ahí al XIX o a la época clásica.
Es verdad que se trata de un conjunto desigual, en el que no faltan errores sintácticos y deslices léxicos que serán la alegría de cierta crítica. Y aunque es probable que no se le pueda celebrar por su nombre verdadero, hay en el volumen varios relatos memorables: El incendio de Homero, por ejemplo, es uno de los mejores cuentos que han caído en mis manos en los últimos meses. Pero otros rayan a la misma altura sorprendente. Es el caso de la excelente Historia de un autor de libros, o de la Memoria del Inquisidor Guevara.
O del inmejorable epílogo, Hechos de un hombre, la biografía azarosa y desordenada de Rafael Matías (1762-1835), que a su muerte deja un folio en el que se puede leer esta frase, que podría attribuirse el propio Gabriel Sofer: “pues ni mi nombre es mío.”
29 marzo 2009
28 marzo 2009
27 marzo 2009
26 marzo 2009
25 marzo 2009
Casi sin querer

Cuanto no escribo es cuanto sé, escribe Javier Vázquez Losada en Casi sin querer, su primer libro de poesía, publicado en Baile del sol.
Escritos en un directo tono coloquial, estos poemas se plantean como un intenso monólogo en el que el poeta expresa sus dudas y sus aspiraciones a través de las voces, a veces distantes e irónicas, a veces conmovidas, que hablan en un conjunto cuya estructura tripartita (Primer acto, Intermedio, Telón) responde a planteamientos teatrales, un libro en el que no faltan sorpresas y guiños narrativos, como en este No puedo evitarlo:
Escucha- me dijiste
el sonido del agua
el sonido de la vida
son las fuentes de la alhambra
y por un momento me sentí transportado
al baño de casa
y a nuestra vieja cisterna.
Poesía interrogativa, que se plantea como búsqueda del sentido de la vida, con la temporalidad al fondo, como lamento elegíaco de las pérdidas o las frustraciones, como memoria del tiempo sin olvido o como celebración de cada mañana irrepetible:
esta mañana que
- aunque me jurasen lo contrario-
no se parece a ninguna otra.
Sobre el decorado urbano de estos poemas, la ironía marca las distancias con el lector y establece los límites pudorosos de un libro que se mueve entre el tono confesional, la ambición de las revelaciones y la conciencia de los límites:
más vale que me entere
de que soy de mi propio
tamaño.
Escritos en un directo tono coloquial, estos poemas se plantean como un intenso monólogo en el que el poeta expresa sus dudas y sus aspiraciones a través de las voces, a veces distantes e irónicas, a veces conmovidas, que hablan en un conjunto cuya estructura tripartita (Primer acto, Intermedio, Telón) responde a planteamientos teatrales, un libro en el que no faltan sorpresas y guiños narrativos, como en este No puedo evitarlo:
Escucha- me dijiste
el sonido del agua
el sonido de la vida
son las fuentes de la alhambra
y por un momento me sentí transportado
al baño de casa
y a nuestra vieja cisterna.
Poesía interrogativa, que se plantea como búsqueda del sentido de la vida, con la temporalidad al fondo, como lamento elegíaco de las pérdidas o las frustraciones, como memoria del tiempo sin olvido o como celebración de cada mañana irrepetible:
esta mañana que
- aunque me jurasen lo contrario-
no se parece a ninguna otra.
Sobre el decorado urbano de estos poemas, la ironía marca las distancias con el lector y establece los límites pudorosos de un libro que se mueve entre el tono confesional, la ambición de las revelaciones y la conciencia de los límites:
más vale que me entere
de que soy de mi propio
tamaño.
24 marzo 2009
Poesía y artículos de José Agustín Goytisolo

Hace cinco días se cumplía el décimo aniversario de la muerte de José Agustín Goytisolo. Y para que perdure su memoria (La evocación perdura, no la vida) hoy comienza en la Universidad Autónoma de Barcelona el V Congreso Internacional que durante tres días abordará la figura del poeta y la vigencia de su obra, marcadas en gran medida por el recuerdo de su madre, asesinada en un bombardeo franquista.
Por un lado la edición crítica de la Poesía completa, que acaba de publicar Lumen. Entre El retorno, la elegía por su madre, y Las horas quemadas, una elegía por sí mismo, se reúnen aquí todos los libros de José Agustín Goytisolo en una publicación monumental cuidada por Carme Riera y Ramón García Mateos, responsables de la fijación textual, el prólogo y las notas, un aparato crítico amplio y riguroso que hará de este libro la edición de referencia de la poesía de uno de los grandes poetas del medio siglo.
A la vez se presenta también una recopilación en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores de sus artículos periodísticos. Más cerca es el título del volumen, que reúne por primera vez las colaboraciones de José Agustín Goytisolo en la prensa escrita, con edición y prólogo de Carme Riera. Entre la mirada lúcida sobre el presente y la evocación del pasado, entre la política y la poética, una muestra amplia del Goytisolo más cercano, espontáneo y despreocupado.
Ponencias y mesas redondas, un diálogo entre Paco Ibáñez y Julia Goytisolo, en torno al autor de Palabras para Julia, la evocación de su viuda, la traducción de su poesía, una lectura de poemas en la que intervendrán Ramón García Mateos, Pere Rovira y Joan Margarit son algunas de las actividades previstas.
La más importante, sin duda, porque será el mejor legado de este décimo aniversario, la presentación de dos libros.Por un lado la edición crítica de la Poesía completa, que acaba de publicar Lumen. Entre El retorno, la elegía por su madre, y Las horas quemadas, una elegía por sí mismo, se reúnen aquí todos los libros de José Agustín Goytisolo en una publicación monumental cuidada por Carme Riera y Ramón García Mateos, responsables de la fijación textual, el prólogo y las notas, un aparato crítico amplio y riguroso que hará de este libro la edición de referencia de la poesía de uno de los grandes poetas del medio siglo.
A la vez se presenta también una recopilación en Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores de sus artículos periodísticos. Más cerca es el título del volumen, que reúne por primera vez las colaboraciones de José Agustín Goytisolo en la prensa escrita, con edición y prólogo de Carme Riera. Entre la mirada lúcida sobre el presente y la evocación del pasado, entre la política y la poética, una muestra amplia del Goytisolo más cercano, espontáneo y despreocupado.
23 marzo 2009
Autómatas en Impedimenta

Impedimenta estrena un nuevo diseño, tan elegante como siempre, para su nueva colección, El Panteón Portátil de Impedimenta, en la que irán apareciendo diversos volúmenes sobre un tema monográfico.
La primera entrega es El Rival de Prometeo. Subtitulada Vidas de Autómatas Ilustres, en parodia que hubiera escandalizado a Plutarco, Marta Peirano y Sonia Bueno han reunido diecisiete textos organizados en cuatro partes (Las máquinas filosóficas, El Turco, Las máquinas fatales y A mí me hizo J. F. Sebastian) y precedidos de una estupenda introducción general de Patrick J. Gyger.
Desde precursores de la inteligencia artificial como los enciclopedistas franceses y sus máquinas filosóficas hasta la robótica contemporánea. Desde Diderot hasta Asimov pasando por Hoffmann, Poe, Villiers de l'Isle-Adam o Sigmund Freud. Desde El Turco, el autómata invencible que derrotó a Napoleón sobre un tablero de ajedrez, hasta la singularidad apocalíptica de Vernor Vinge, diversas variantes de una misma metáfora sobre los límites del hombre y la creación.
Traducidos por José C. Vales, Olalla García, Guillermo Quintás, Ana H. Deza, Anna Millas, Luis Fernando Moreno Claros y Alfredo Brotons Muñoz, cada uno de los textos va presentado por una introducción específica.
La primera entrega es El Rival de Prometeo. Subtitulada Vidas de Autómatas Ilustres, en parodia que hubiera escandalizado a Plutarco, Marta Peirano y Sonia Bueno han reunido diecisiete textos organizados en cuatro partes (Las máquinas filosóficas, El Turco, Las máquinas fatales y A mí me hizo J. F. Sebastian) y precedidos de una estupenda introducción general de Patrick J. Gyger.
Desde precursores de la inteligencia artificial como los enciclopedistas franceses y sus máquinas filosóficas hasta la robótica contemporánea. Desde Diderot hasta Asimov pasando por Hoffmann, Poe, Villiers de l'Isle-Adam o Sigmund Freud. Desde El Turco, el autómata invencible que derrotó a Napoleón sobre un tablero de ajedrez, hasta la singularidad apocalíptica de Vernor Vinge, diversas variantes de una misma metáfora sobre los límites del hombre y la creación.
Traducidos por José C. Vales, Olalla García, Guillermo Quintás, Ana H. Deza, Anna Millas, Luis Fernando Moreno Claros y Alfredo Brotons Muñoz, cada uno de los textos va presentado por una introducción específica.
22 marzo 2009
Libro de las derrotas de Antonio Orihuela
¿Qué sería del San Lázaro de la iglesia de Portaje si el perro que tiene a sus pies dejara de lamerlo?
Así termina El rollo de Almaraz, uno de los textos con los que Antonio Orihuela construye su Libro de las derrotas, un ensayo sobre el conflicto desde la teoría del bricolaje que acaba de publicar La oveja roja.
Así termina El rollo de Almaraz, uno de los textos con los que Antonio Orihuela construye su Libro de las derrotas, un ensayo sobre el conflicto desde la teoría del bricolaje que acaba de publicar La oveja roja.
21 marzo 2009
Saymon Ediciones

Saymon Ediciones es un nuevo proyecto editorial que quiere apostar por la narrativa española actual. Dirigida por Luis Sábat, que estuvo antes en Elipsis, su primera novedad es Guantes negros, del sevillano Fede Durán, una colección de once relatos sobre la manipulación y el desarraigo. Se presenta en este video promocional que revela la voluntad de conectar con un público joven.
Sobre su estructura escribe Fede Durán estas líneas:
He agrupado los relatos en tres partes en función de la atmósfera y el estilo. La primera pata, Guantes Negros, da su nombre al título y se alimenta de lecturas tipo Zweig, Kundera o Bodor (salven siempre las distancias). La tercera, Batería Aérea, es más ácida y cercana: no se trata de atmósferas irrespirables en países lejanos sino de escenas de Las Palmas, Barcelona o Cádiz donde personajes terriblemente perdedores luchan o se integran en la mediocridad en función de sus naturalezas humanas. En medio, Gafas de Pasta, isla equidistante, tres historias que según mi editor recuerdan el universo Woody Allen (sea o no cierto, la comparación me honra).
Ambientado en la época estalinista del gulag y las conspiraciones, así comienza Guantes negros:
- ¿Te has enterado? - El boticario asomó la cabeza y preguntó rápido, escupiendo las palabras para desembarazarse de ellas y volver al escondite.
No, no se había enterado. Tenía suficiente con marcar el paso, aún irregular por culpa del sueño, repasar la lista de tareas de la mañana (más tinta para la máquina de escribir, leche en polvo, jabón) y regresar a casa intacto.
Es sólo el comienzo de un conjunto de creciente interés, en el que se integran relatos construidos desde el interior del personaje, escritos con soltura y tensión sostenida, con una mezcla de amargura y humor. Y con buena prosa, llena de sorpresas, de guiños y homenajes a tradiciones e influencias muy diversas.
Sobre su estructura escribe Fede Durán estas líneas:
He agrupado los relatos en tres partes en función de la atmósfera y el estilo. La primera pata, Guantes Negros, da su nombre al título y se alimenta de lecturas tipo Zweig, Kundera o Bodor (salven siempre las distancias). La tercera, Batería Aérea, es más ácida y cercana: no se trata de atmósferas irrespirables en países lejanos sino de escenas de Las Palmas, Barcelona o Cádiz donde personajes terriblemente perdedores luchan o se integran en la mediocridad en función de sus naturalezas humanas. En medio, Gafas de Pasta, isla equidistante, tres historias que según mi editor recuerdan el universo Woody Allen (sea o no cierto, la comparación me honra).
Ambientado en la época estalinista del gulag y las conspiraciones, así comienza Guantes negros:
- ¿Te has enterado? - El boticario asomó la cabeza y preguntó rápido, escupiendo las palabras para desembarazarse de ellas y volver al escondite.
No, no se había enterado. Tenía suficiente con marcar el paso, aún irregular por culpa del sueño, repasar la lista de tareas de la mañana (más tinta para la máquina de escribir, leche en polvo, jabón) y regresar a casa intacto.
Es sólo el comienzo de un conjunto de creciente interés, en el que se integran relatos construidos desde el interior del personaje, escritos con soltura y tensión sostenida, con una mezcla de amargura y humor. Y con buena prosa, llena de sorpresas, de guiños y homenajes a tradiciones e influencias muy diversas.
20 marzo 2009
El ensayo español. Siglo XX

Crítica publica en su imprescindible y rigurosa colección Clásicos y Modernos El ensayo español. Siglo XX. Jordi Gracia y Domingo Ródenas han reunido en esta antología una muestra representativa con textos de casi cien autores, las voces múltiples en tonos y temas de los ensayistas españoles contemporáneos en textos unidos por su pertenencia a un género común y por su altura estética, intelectual o ética.
Juan Marichal reconoció la voluntad de estilo como una de las claves del género. Y bastaría con dar una nómina reducida de autores, de Azorín a Juan Benet, de Pérez de Ayala a Javier Marías, de Ortega a Ferlosio, de Cernuda a Valente, para demostrar que la mejor prosa de la literatura española contemporánea se ha escrito en el género más abierto e indefinible.
Suma de libertad temática y subjetividad, de pensamiento y estilo, el ensayo posiblemente no sea –como la novela para Baroja- un saco donde cabe todo, pero es evidente que se trata de un cajón de sastre, de una mesa revuelta en la que conviven la reflexión y el tanteo exploratorio de la realidad.
Precedidas de una biografía sintética del género en la España contemporánea, entre el regeneracionismo del 98 y la consagración del estilo en el ensayismo reciente, algunas de las mejores páginas de la prosa en español del siglo XX están en esta antología, uno de los libros más importantes del año.
Juan Marichal reconoció la voluntad de estilo como una de las claves del género. Y bastaría con dar una nómina reducida de autores, de Azorín a Juan Benet, de Pérez de Ayala a Javier Marías, de Ortega a Ferlosio, de Cernuda a Valente, para demostrar que la mejor prosa de la literatura española contemporánea se ha escrito en el género más abierto e indefinible.
Suma de libertad temática y subjetividad, de pensamiento y estilo, el ensayo posiblemente no sea –como la novela para Baroja- un saco donde cabe todo, pero es evidente que se trata de un cajón de sastre, de una mesa revuelta en la que conviven la reflexión y el tanteo exploratorio de la realidad.
Precedidas de una biografía sintética del género en la España contemporánea, entre el regeneracionismo del 98 y la consagración del estilo en el ensayismo reciente, algunas de las mejores páginas de la prosa en español del siglo XX están en esta antología, uno de los libros más importantes del año.
19 marzo 2009
La evocación perdura, no la vida
Hoy se cumplen diez años de su muerte.
El mismo día de marzo de 1999, con pocas horas de diferencia, la lengua española perdía dos de sus voces poéticas más entrañables y conmovedoras.
Uno es el mexicano Jaime Sabines (1926-1999), autor de textos como Yo no lo sé de cierto:
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)
El otro, el español José Agustín Goytisolo (1928-1999), del que Lumen acaba de publicar -se presenta la próxima semana- una monumental edición crítica de su Poesía completa, preparada por Carme Riera y Ramón García Mateos. El poema final es El rostro que conjura, que cerraba su último libro, Las horas quemadas (1996):
Cuando llegue la hora de partir
que a su lado esté ella: que le mire
y que apriete su mano. No le asusta
regresar a la nada. Mas quisiera
llevar al otro lado su figura.
La eternidad no existe. Cuando supe
amar a esta mujer y cuando mira
a quien le mira sabe que el infierno
estuvo aquí; también su paraíso.
Al fin y al cabo nadie le invitó
a entrar en este mundo que sabía
no iba a durar por siempre para él.
Pero ha tenido el rostro que conjura
ver al final. El viaje no le importa.
Queda el recuerdo de los dos, queda su palabra imborrable, las grabaciones de recitales multitudinarios en la memoria agradecida de los lectores, de los oyentes.
La evocación perdura, no la vida, escribió memorablemente José Agustín Goytisolo en Final de un adiós, una de las elegías dedicadas a su madre, Julia Gay, asesinada en Barcelona en un bombardeo de la aviación italiana.
El mismo día de marzo de 1999, con pocas horas de diferencia, la lengua española perdía dos de sus voces poéticas más entrañables y conmovedoras.
Uno es el mexicano Jaime Sabines (1926-1999), autor de textos como Yo no lo sé de cierto:
Yo no lo sé de cierto, pero supongo
que una mujer y un hombre
algún día se quieren,
se van quedando solos poco a poco,
algo en su corazón les dice que están solos,
solos sobre la tierra se penetran,
se van matando el uno al otro.
Todo se hace en silencio. Como
se hace la luz dentro del ojo.
El amor une cuerpos.
En silencio se van llenando el uno al otro.
Cualquier día despiertan, sobre brazos;
piensan entonces que lo saben todo.
Se ven desnudos y lo saben todo.
(Yo no lo sé de cierto. Lo supongo.)
El otro, el español José Agustín Goytisolo (1928-1999), del que Lumen acaba de publicar -se presenta la próxima semana- una monumental edición crítica de su Poesía completa, preparada por Carme Riera y Ramón García Mateos. El poema final es El rostro que conjura, que cerraba su último libro, Las horas quemadas (1996):
Cuando llegue la hora de partir
que a su lado esté ella: que le mire
y que apriete su mano. No le asusta
regresar a la nada. Mas quisiera
llevar al otro lado su figura.
La eternidad no existe. Cuando supe
amar a esta mujer y cuando mira
a quien le mira sabe que el infierno
estuvo aquí; también su paraíso.
Al fin y al cabo nadie le invitó
a entrar en este mundo que sabía
no iba a durar por siempre para él.
Pero ha tenido el rostro que conjura
ver al final. El viaje no le importa.
Queda el recuerdo de los dos, queda su palabra imborrable, las grabaciones de recitales multitudinarios en la memoria agradecida de los lectores, de los oyentes.
La evocación perdura, no la vida, escribió memorablemente José Agustín Goytisolo en Final de un adiós, una de las elegías dedicadas a su madre, Julia Gay, asesinada en Barcelona en un bombardeo de la aviación italiana.
18 marzo 2009
Veintisiete Letras

Veintisiete Letras, la cuidada editorial que dirigen con mano sabia y buen gusto María Moreno y Viviana Paletta, nos tenía reservadas dos sorpresas para estos primeros meses del año.
La primera es Hambre de forma, una amplia antología bilingüe del poeta y ensayista brasileño Haroldo de Campos, que demostró que la vanguardia, más allá del mero juego, era compatible con el rigor intelectual. Ha sido preparada e introducida por Andrés Fisher y aparece en la colección de poesía Ajuar de frontera.
De las ediciones de Haroldo de Campos en español esta es con diferencia la más completa. Entre el Auto del poseso (1950) y La máquina del mundo repensada (2000), el volumen reúne muestras de siete libros. Medio siglo de poesía puesta en español por ocho traductores distintos que asumen el reto nada fácil de transmitir un mundo poético tan sutil y diverso como el del fundador de la poesía concreta, un teórico de la literatura al que Emir Rodríguez Monegal admiraba como uno de los mayores humanistas contemporáneos y Jacques Derrida reconoció como un adelantado de su propio pensamiento.
Dejo aquí una brevísima muestra de su poesía. Es el comienzo de Teoría y práctica del poema, de Ajedrez de estrellas (1976):
Pájaros de plata, el Poema
ilustra la teoría de su vuelo.
La otra novedad es el ensayo Leer el mundo, del venezolano Víctor Bravo, una reflexión sobre el futuro del libro y la lectura y un estudio de la evolución histórica de los dispositivos que la han hecho posible.
Desde la oralidad y la imagen mitológica del mundo hasta el giro informático del presente, un recorrido por la escritura como tecnología que hace legible el mundo, su relación con el poder, la secularización que supuso la imprenta, la invención del lector moderno, subjetivo y crítico, un espléndido ensayo que lleva un prólogo de Jorge Larrosa y un significativo subtítulo: Escritura, lectura y experiencia estética.
La primera es Hambre de forma, una amplia antología bilingüe del poeta y ensayista brasileño Haroldo de Campos, que demostró que la vanguardia, más allá del mero juego, era compatible con el rigor intelectual. Ha sido preparada e introducida por Andrés Fisher y aparece en la colección de poesía Ajuar de frontera.
De las ediciones de Haroldo de Campos en español esta es con diferencia la más completa. Entre el Auto del poseso (1950) y La máquina del mundo repensada (2000), el volumen reúne muestras de siete libros. Medio siglo de poesía puesta en español por ocho traductores distintos que asumen el reto nada fácil de transmitir un mundo poético tan sutil y diverso como el del fundador de la poesía concreta, un teórico de la literatura al que Emir Rodríguez Monegal admiraba como uno de los mayores humanistas contemporáneos y Jacques Derrida reconoció como un adelantado de su propio pensamiento.
Dejo aquí una brevísima muestra de su poesía. Es el comienzo de Teoría y práctica del poema, de Ajedrez de estrellas (1976):
Pájaros de plata, el Poema
ilustra la teoría de su vuelo.
La otra novedad es el ensayo Leer el mundo, del venezolano Víctor Bravo, una reflexión sobre el futuro del libro y la lectura y un estudio de la evolución histórica de los dispositivos que la han hecho posible.
Desde la oralidad y la imagen mitológica del mundo hasta el giro informático del presente, un recorrido por la escritura como tecnología que hace legible el mundo, su relación con el poder, la secularización que supuso la imprenta, la invención del lector moderno, subjetivo y crítico, un espléndido ensayo que lleva un prólogo de Jorge Larrosa y un significativo subtítulo: Escritura, lectura y experiencia estética.
17 marzo 2009
Tres novedades de Minúscula
Minúscula sigue publicando nuevas entregas de los Relatos de Kolimá, de Varlam Shalámov. Acaba de aparecer La orilla izquierda, el segundo tomo de una serie de seis que no se había publicado íntegra en castellano. Con traducción de Ricardo San Vicente, reúne veinticinco relatos –casi todos de la década de los sesenta- que tienen como eje la vida de los prisioneros en los campos de trabajo estalinistas. El desierto blanco de Kolimá acaba transformándose en la memoria impresionada del lector en una imagen, metafórica o metonímica, de la realidad y la existencia degradada de los disidentes confinados en el extremo oriental de Siberia, la tierra de la muerte blanca. Shalámov pasó allí más de quince años de sufrimientos físicos y morales que pudo conjurar con la escritura intensa y liberadora de estos relatos breves, que tienen la sutileza elíptica de Chejov y la voluntad testimonial de los cuentos de Isaac Babel.
Se publica, como el primer tomo, en la serie Paisajes narrados, como la reciente Todos los caminos están abiertos, traducida por María Esperanza Romero y con posfacio de Roger Perret, una selección de los textos que Annemarie Schwarzenbach escribió mientras regresaba de un viaje por los Balcanes, Turquía, Persia y Afganistán. En aquel viaje, que empezó en junio de 1939, la acompañaba a bordo de un Ford su amiga la escritora suiza Ella Maillart. Entre las fronteras de los Balcanes y el canal de Suez, desde el monte Ararat a Kabul y sus mujeres sometidas, los paisajes orientales y las costumbres de sociedades exóticas en las que proyectó su compulsión evasiva aquella mujer a la que Thomas Mann definió como un ángel devastado. Eran dos en la carretera y no buscaban la aventura, sino un respiro. Contó aquel viaje con la distancia y la melancolía de quien regresa de una experiencia irrepetible.
En la colección de ensayo, Con vuelta de hoja, aparece un texto que Marina Tsvietáieva dedica a la memoria del poeta y pintor Maximilián Voloshin. Con traducción de Selma Ancira, Viva voz de vida es un homenaje a la amistad y a la literatura escrito desde el recuerdo, la evocación del amigo muerto el once de agosto de 1932 a las doce del mediodía, a su hora preferida del día y de la naturaleza, en el corazón del verano. Escribo y veo, dice la poeta. Y lo que ve cuando escribe es el pasado que vuelve en las conversaciones sobre literatura, la evocación del artista, el paisaje de Korketel, a orillas del mar Negro, donde murió Voloshin. El mismo lugar al que veintiún años antes había llegado Marina Tsvietáieva para encontrarse con él.
En la colección de ensayo, Con vuelta de hoja, aparece un texto que Marina Tsvietáieva dedica a la memoria del poeta y pintor Maximilián Voloshin. Con traducción de Selma Ancira, Viva voz de vida es un homenaje a la amistad y a la literatura escrito desde el recuerdo, la evocación del amigo muerto el once de agosto de 1932 a las doce del mediodía, a su hora preferida del día y de la naturaleza, en el corazón del verano. Escribo y veo, dice la poeta. Y lo que ve cuando escribe es el pasado que vuelve en las conversaciones sobre literatura, la evocación del artista, el paisaje de Korketel, a orillas del mar Negro, donde murió Voloshin. El mismo lugar al que veintiún años antes había llegado Marina Tsvietáieva para encontrarse con él.
16 marzo 2009
Linteo Poesía
Linteo Poesía acaba de añadir a su catálogo dos espléndidas ediciones bilingües: los Poemas de amor de Anne Sexton, con traducción e introducción de Ben Clark, y el Libro de las Canciones de Heinrich Heine, traducido y prologado por José Luis Reina Palazón.
Hace ahora cuarenta años, en 1969, Anne Sexton publicaba sus Love Poems, el resultado de la convalecencia de una doble fractura: la de la cadera y otra mucho más grave, la fractura de la personalidad, la caída en la angustia y en un desorden múltiple: psíquico, sentimental o verbal.
Fue también mi corazón violento el que se rompió,
cayendo por las escaleras del hall.
No era fácil abordar en una traducción los hiatos de contenido y expresión que sirvieron de terapia a su autora. Ben Clark, que afrontó el riesgo, lo ha solucionado con la solvencia propia del buen poeta que es.
El Libro de las Canciones de Heine tiene también, en otra época y desde otra perspectiva, su motor y su centro en la infelicidad amorosa. Schumann, Listz o Robert Franz pusieron música a muchos de estos lieder, que contienen todas las claves temáticas del malestar romántico, más allá de las formas temporales y espaciales de la huida al mundo clásico (¡Nunca os he amado, dioses!) o a los ambientes orientales, y con una delicadeza que ha conservado Reina Palazón en su traducción, sutil y llena de matices.
Hace ahora cuarenta años, en 1969, Anne Sexton publicaba sus Love Poems, el resultado de la convalecencia de una doble fractura: la de la cadera y otra mucho más grave, la fractura de la personalidad, la caída en la angustia y en un desorden múltiple: psíquico, sentimental o verbal.
Fue también mi corazón violento el que se rompió,
cayendo por las escaleras del hall.
No era fácil abordar en una traducción los hiatos de contenido y expresión que sirvieron de terapia a su autora. Ben Clark, que afrontó el riesgo, lo ha solucionado con la solvencia propia del buen poeta que es.
El Libro de las Canciones de Heine tiene también, en otra época y desde otra perspectiva, su motor y su centro en la infelicidad amorosa. Schumann, Listz o Robert Franz pusieron música a muchos de estos lieder, que contienen todas las claves temáticas del malestar romántico, más allá de las formas temporales y espaciales de la huida al mundo clásico (¡Nunca os he amado, dioses!) o a los ambientes orientales, y con una delicadeza que ha conservado Reina Palazón en su traducción, sutil y llena de matices.
15 marzo 2009
14 marzo 2009
13 marzo 2009
Ana no

Cabaret Voltaire sigue recuperando la obra de Agustín Gómez Arcos y editándola en cuidadas ediciones. Esta semana estará ya en las librerías, con traducción y prefacio de Adoración Elvira Rodríguez, Ana no (1977), una de sus mejores novelas, que tuvo un enorme éxito de ventas con más de trescientos mil ejemplares vendidos en Francia y ha sido adaptada al cine y al teatro y traducida a dieciséis idiomas. Por cierto, para la portada se ha elegido un fotograma de la versión cinematográfica de la novela que dirigió en 1985 Jean Prat.
Está ambientada en la posguerra, como El cordero carnívoro, y protagonizada por Ana no, como se llamaba a sí misma la protagonista, Ana Paucha, una mujer a la que le han robado hasta su identidad y cuya existencia queda marcada por la guerra civil y sus secuelas de muerte, represión, cárceles y miedo. A los 75 años, 30 años después de perder a su marido y a sus dos hijos mayores, pone su casa en orden y emprende una peregrinación a pie desde un pueblo almeriense hasta un presidio del Norte de España en donde cumple condena su hijo menor, Jesús el pequeño.
Tiene una cita con la muerte, que como en la tragedia clásica o en Lorca, es un personaje que habla al fondo de la obra. Un fondo negro que se confunde con el negro de sus ropas de luto y de su rostro sobre el fondo también negro de la noche en la que sale de su casa.
A lo largo de un itinerario que sigue las vías del tren, esa amarga travesía, un rito de viaje iniciático y final en busca de su propia identidad y una bajada (o una subida) a los infiernos, es el testimonio de un país destruido por tres años de guerra, una narración que tiene la profundidad insondable del desamparo, la dignidad desgarrada de quien sufre la injusticia, la pobreza y las distintas formas de la humillación.
La figura de Ana Paucha tiene una altura trágica que recuerda a las mujeres del teatro lorquiano y sus raíces telúricas, y una hondura que la convierte en el personaje con más fuerza de todos los que creó Gómez Arcos. Más allá de sus resonancias bíblicas, de sus raíces en la tragedia griega, en el viaje patético de esa anciana hay una afirmación paradójica de la esperanza y en su figura un símbolo de esa vieja madre patria asolada por la destrucción y el cainismo.
Está ambientada en la posguerra, como El cordero carnívoro, y protagonizada por Ana no, como se llamaba a sí misma la protagonista, Ana Paucha, una mujer a la que le han robado hasta su identidad y cuya existencia queda marcada por la guerra civil y sus secuelas de muerte, represión, cárceles y miedo. A los 75 años, 30 años después de perder a su marido y a sus dos hijos mayores, pone su casa en orden y emprende una peregrinación a pie desde un pueblo almeriense hasta un presidio del Norte de España en donde cumple condena su hijo menor, Jesús el pequeño.
Tiene una cita con la muerte, que como en la tragedia clásica o en Lorca, es un personaje que habla al fondo de la obra. Un fondo negro que se confunde con el negro de sus ropas de luto y de su rostro sobre el fondo también negro de la noche en la que sale de su casa.
A lo largo de un itinerario que sigue las vías del tren, esa amarga travesía, un rito de viaje iniciático y final en busca de su propia identidad y una bajada (o una subida) a los infiernos, es el testimonio de un país destruido por tres años de guerra, una narración que tiene la profundidad insondable del desamparo, la dignidad desgarrada de quien sufre la injusticia, la pobreza y las distintas formas de la humillación.
La figura de Ana Paucha tiene una altura trágica que recuerda a las mujeres del teatro lorquiano y sus raíces telúricas, y una hondura que la convierte en el personaje con más fuerza de todos los que creó Gómez Arcos. Más allá de sus resonancias bíblicas, de sus raíces en la tragedia griega, en el viaje patético de esa anciana hay una afirmación paradójica de la esperanza y en su figura un símbolo de esa vieja madre patria asolada por la destrucción y el cainismo.
12 marzo 2009
Cuadernos Alfabia
Literatura portátil, bien diseñada y con una atractiva selección de títulos. Ese es el planteamiento de los Cuadernos Alfabia, una colección de textos breves y de calidad, editados en formato pequeño, con un diseño que recuerda a los Cuadernos Anagrama de los años setenta y a las libretas moleskine. Son volúmenes de entre 30 y 50 páginas que ofrecen textos cortos e inclasificables, entre el ensayo y el cuento.
La primera entrega, que en dos meses ha tenido dos ediciones, la forman dos textos de Enrique Vila-Matas. Ella era Hemingway y No soy Auster son una reflexión sobre la literatura de dos narradores estadounidenses muy distintos. La falta de misterio o de historia secreta en El gato bajo la lluvia, del que decía García Márquez que era el mejor cuento del mundo, es la clave de Ella era Hemingway, un buen relato breve e incomprensible sobre un buen relato breve e incomprensible. La debilidad de Vila-Matas por Auster, una lectura estimulante y un escritor con el que comparte rasgos y lecturas, es el centro de No soy Auster. Dos textos abreviados y portátiles en los que la literatura se proyecta sobre la literatura.
José Carlos Llop firma el segundo cuaderno, con Ecuador y La tenista. Ecuador es un relato crepuscular sobre la vejez y el deseo en un personaje dañado por el tiempo y por la soledad. Un personaje que sabe que ya ningún verano volverá a ser como los de antes. Tiempo y deseo que reaparecen en La tenista, un cuento que ya había aparecido en La novela del siglo.
Acaba de salir el tercer volumen con La felicidad y El jardín de las jaulas, dos narraciones de Juan Antonio Masoliver Ródenas. Con un aire de visión dantesca, unos peregrinos dolientes van camino de la felicidad en el paisaje idílico del primer texto. Una probable metáfora de la vida que está también en la raíz de El jardín de las jaulas.
Próximamente aparecerán nuevos cuadernos con textos de Ignacio Vidal-Folch y Cristina Fernández Cubas para insistir en la idea de que el tamaño no importa cuando se trata de buena literatura.
La primera entrega, que en dos meses ha tenido dos ediciones, la forman dos textos de Enrique Vila-Matas. Ella era Hemingway y No soy Auster son una reflexión sobre la literatura de dos narradores estadounidenses muy distintos. La falta de misterio o de historia secreta en El gato bajo la lluvia, del que decía García Márquez que era el mejor cuento del mundo, es la clave de Ella era Hemingway, un buen relato breve e incomprensible sobre un buen relato breve e incomprensible. La debilidad de Vila-Matas por Auster, una lectura estimulante y un escritor con el que comparte rasgos y lecturas, es el centro de No soy Auster. Dos textos abreviados y portátiles en los que la literatura se proyecta sobre la literatura.
José Carlos Llop firma el segundo cuaderno, con Ecuador y La tenista. Ecuador es un relato crepuscular sobre la vejez y el deseo en un personaje dañado por el tiempo y por la soledad. Un personaje que sabe que ya ningún verano volverá a ser como los de antes. Tiempo y deseo que reaparecen en La tenista, un cuento que ya había aparecido en La novela del siglo.
Acaba de salir el tercer volumen con La felicidad y El jardín de las jaulas, dos narraciones de Juan Antonio Masoliver Ródenas. Con un aire de visión dantesca, unos peregrinos dolientes van camino de la felicidad en el paisaje idílico del primer texto. Una probable metáfora de la vida que está también en la raíz de El jardín de las jaulas.
Próximamente aparecerán nuevos cuadernos con textos de Ignacio Vidal-Folch y Cristina Fernández Cubas para insistir en la idea de que el tamaño no importa cuando se trata de buena literatura.
11 marzo 2009
Relecturas de Tolstói

Coinciden estos días en los escaparates de novedades dos reediciones de Tolstói, dos novelas cortas de uno de los maestros del género. Son las nuevas traducciones de Los cosacos y El padre Sergio, dos obras separadas entre sí por casi cuatro décadas, dos títulos representativos de las dos épocas de su autor. Y más que eso: dos claves de bóveda de su alto edificio narrativo y dos marcas de referencia en su itinerario, el punto de partida y el cierre de su trayectoria en el género.
Atalanta edita, con traducción de Fernando Otero, Los cosacos, una novela de 1863 con un claro transfondo autobiográfico, el resultado del descubrimiento del paisaje del Cáucaso y de la vida elemental y plena de los cosacos. Es posiblemente la primera gran obra de Tolstói, que la publicó cuando ya estaba empezando a perfilar Guerra y paz.
El padre Sergio, que terminó en 1898 aunque apareció en 1911, al año siguiente de la muerte del novelista, lo recupera Rey Lear con una traducción directa del ruso de Bela Martinova. Es otra de las cimas creativas del autor y de la novela corta, un texto que sintetiza en menos de cien páginas muchas de las claves temáticas, estéticas e ideológicas de un Tolstói poderoso y contenido.
El padre Sergio, que terminó en 1898 aunque apareció en 1911, al año siguiente de la muerte del novelista, lo recupera Rey Lear con una traducción directa del ruso de Bela Martinova. Es otra de las cimas creativas del autor y de la novela corta, un texto que sintetiza en menos de cien páginas muchas de las claves temáticas, estéticas e ideológicas de un Tolstói poderoso y contenido.
Señalaba Harold Bloom que todo lo que escribió Tolstói es inconcebiblemente legible, porque el lector tiene la impresión de que, como en Shakespeare, es la naturaleza la que se encarga de la escritura.
Estas dos novelas cortas son una inmejorable muestra de la certera afirmación de Bloom.
10 marzo 2009
Ojos azules

Hoy pone Seix Barral en las librerías Ojos azules, un intenso relato breve de Arturo Pérez Reverte ambientado en la noche triste de Tenochtitlán, con el ejército de Cortés en retirada. Era la noche del 30 de junio al 1 de julio de 1520, vista, oída y sufrida en el relato por un soldado anónimo en la lluviosa penumbra azteca que evoca Pere Gimferrer en su prólogo.
El origen del texto está en los murales de Diego Rivera en el Palacio Nacional de México. En uno de ellos, una india lleva a sus espaldas a un niño de ojos azules. Su reflejo del mestizaje y su fuerza expresiva sugirieron a Pérez Reverte la posibilidad de abordar ese mundo desde la rabia y el miedo del soldado en una miniatura como esta, en una narración visual y sonora, de trazo potente que subrayan las ilustraciones, sólidas, dinámicas y cinematográficas, de Sergio Sandoval.
Ojos azules se publicó hace casi diez años en una revista mexicana. No es estrictamente un inédito, pero encaja en la línea de la colección Únicos, que con un formato pequeño y cuidado recoge piezas exclusivas, inéditas o difíciles de encontrar.
Es un Pérez Reverte en estado puro y concentrado que sintetiza en pocas páginas no sólo la peripecia personal del soldado, sino el claroscuro de la conquista, la épica del saqueo, sus luces y sus sombras, el oro, el barro y la sangre. Lo resume así Gimferrer en su prólogo:
Quien lee "Ojos azules" no sólo percibe la vida entera del soldado que lo protagoniza, sino el alcance y significación del extenso episodio épico en el que se inserta.
09 marzo 2009
Payaso de agosto

Como durante la infancia el payaso
del Circo Sarrasani
el nombre del mes es parecido.
Hacer payasadas,
gesticular
como antes, a los catorce.
Enseguida me encuentro cómico,
sometido al juicio sumario
de los justos.
E incluso el gorro puntiagudo, hecho
con el periódico de ayer,
queda bien, porque vale siempre.
Tras las reacciones que provocó Pelando la cebolla, Günter Grass se hundió en una depresión que combatió con una terapia triple: la vida en el campo, la pintura y el dibujo.
El resultado es Payaso de agosto, un libro que acaba de publicar Bartleby con traducción de Miguel Sáenz y en un formato algo mayor del habitual en su colección de poesía.
Grass lo escribió entre el verano y el otoño de 2006, en el momento de mayor polémica sobre sus memorias, y es el autorretrato literario y plástico de un hombre atormentado que proyecta su desgarro expresivo en la vegetación y en las verduras, en los animales domésticos y en los pescados, en la mirada de un perro o en los árboles del bosque, en las lecturas y en la memoria melancólica.
Porque este es un libro triste y no autocomplaciente, en el que los dibujos y los versos manuscritos trazan el mapa de un laberinto interior en cuyos habitantes se refleja Grass. La poesía y el dibujo son los instrumentos de una comunicación con el exterior en busca de sí mismo, de una mirada que cuando se dirige al exterior expresa el interior, de una palabra reflexiva con la que el autor cura sus heridas y hace la purga de su corazón y de su culpa.
Por eso, como advierte el traductor Miguel Sáenz, en el autorretrato que da título al libro Grass parece, más que un payaso de agosto, un reo de la inquisición con capirote.
08 marzo 2009
07 marzo 2009
06 marzo 2009
Cantando bajo las bombas
Cuando Stephen Spender estuvo en España durante la guerra civil seguramente oiría algunas de las canciones que cantaban los milicianos, los brigadistas internacionales o el ejército regular de la República.
De aquella experiencia surgieron los poemas que Spender incluyó en The Still Centre. En la edición de 1985 de sus Collected Poems reservó una sección para los Poemas de España, que son los que Pre-Textos acaba de publicar con prólogo y traducción de Gabriel Insausti.
La casualidad quiere que aparezca a la vez, editado por Calambur y preparado por la hispanista canadiense Maryse Bertrand de Muñoz, Si me quieres escribir, una exhaustiva recopilación de canciones políticas y de combate de los dos bandos que se enfrentaron en la guerra de España. Al libro, que contiene las letras, las partituras y los comentarios de la editora, lo acompaña un CD con 28 canciones. Por cierto, muy significativamente se ha elegido como título el de una canción que cantaban los dos ejércitos - con variantes, claro- en la batalla del Ebro.
Eran los dos ejércitos a los que Spender dedicó su Two Armies, hondos como el invierno en su llanura.
05 marzo 2009
Confesiones de Marina Tsvietáieva

Explicaba Joseph Brodsky en Una poetisa y la prosa (Menos que uno) que la prosa de Marina Tsvietáieva, para él la mejor poeta del siglo XX, no era más que la continuación de su magnífica poesía por otros medios. Las entradas en su diario o sus recuerdos novelados –añadía- recomponen la metodología del pensamiento poético en textos en prosa y son una retirada desde la realidad hasta la infancia.
Lo recuerdo mientras leo la edición de sus Confesiones que ha preparado Tzvetan Todorov y que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores con traducción de Selma Ancira y un abundante y elocuente material gráfico.
Todorov ha ido extrayendo de las obras completas de Marina Tsvietáieva muchos textos de carácter confesional, los ha ordenado, comentado y les ha puesto título: Vivir en el fuego.
Por eso, porque vivió y escribió intensamente en el fuego de Prometeo, en octubre de 1940, diez meses antes de ahorcarse, retocó un verso de Anna de Noailles para hacerlo suyo, para prever su muerte y celebrar por anticipado su destino póstumo:
Lo recuerdo mientras leo la edición de sus Confesiones que ha preparado Tzvetan Todorov y que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores con traducción de Selma Ancira y un abundante y elocuente material gráfico.
Todorov ha ido extrayendo de las obras completas de Marina Tsvietáieva muchos textos de carácter confesional, los ha ordenado, comentado y les ha puesto título: Vivir en el fuego.
Por eso, porque vivió y escribió intensamente en el fuego de Prometeo, en octubre de 1940, diez meses antes de ahorcarse, retocó un verso de Anna de Noailles para hacerlo suyo, para prever su muerte y celebrar por anticipado su destino póstumo:
Y mi ceniza será más caliente que su vida.
04 marzo 2009
Jazz desde La Rioja

En Onda Cero de La Rioja, Paco Páez de la Cadena, jardinero, profesor y poeta, tiene todos los martes de 19,10 a 20 un espléndido programa de jazz en el que ayer compartimos fervor por Miles Davis.
Por los milagros de internet y de la técnica, el programa -más que local, nacional e internacional- se puede oír desde cualquier lugar del mundo, incluso más allá de la raya de Portugal. Y es que la calidad no tiene fronteras ni habla otro idioma que el universal en el que se expresa la belleza.
Los aficionados a esa música que está detrás, en la raíz o al fondo de Cortázar, tienen todos los martes en ese espacio casi una hora de buena música y de inmejorables explicaciones.
Ayer el eje fue Kind of Blue desde sus antecedentes. El martes que viene, sus consecuencias, o sea, todo el jazz posterior.
Por los milagros de internet y de la técnica, el programa -más que local, nacional e internacional- se puede oír desde cualquier lugar del mundo, incluso más allá de la raya de Portugal. Y es que la calidad no tiene fronteras ni habla otro idioma que el universal en el que se expresa la belleza.
Los aficionados a esa música que está detrás, en la raíz o al fondo de Cortázar, tienen todos los martes en ese espacio casi una hora de buena música y de inmejorables explicaciones.
Ayer el eje fue Kind of Blue desde sus antecedentes. El martes que viene, sus consecuencias, o sea, todo el jazz posterior.
03 marzo 2009
02 marzo 2009
Kind of Blue

Hoy se cumplen cincuenta años de aquel 2 de marzo del 59 en que Miles Davis empezaba a grabar el disco más memorable de la historia del jazz.
Aquella obra de arte definitiva se inmortalizó en dos sesiones, el 2 de marzo y el 22 de abril, cuyo resultado milagroso lo convierte en mucho más que el mejor disco de jazz de la historia.
Es el disco de la isla desierta, un manual de autoayuda y un potente afrodisiaco, un antídoto contra el tedio con propiedades sanadoras, una máquina del tiempo porque la vida – lo decía Miles Davis- debe vivirse hacia delante, pero solo puede entenderse hacia atrás.
Entre So What y Flamenco Sketches, la memorable aproximación de jazz y flamenco, Kind of Blue es equilibrado y sereno, de una belleza sencilla y compleja, melancólico y vital, con la trompeta de Miles Davis, el saxo alto de Cannonball Adderley, el piano de Bill Evans o el saxo tenor de John Coltrane, que ya tenía en la cabeza ese otro prodigio que se titula Giant steps.
Rodeado de misterio y de literatura, Kind of Blue no ha dejado de crecer como leyenda en este medio siglo. La historia posterior del jazz y su lenguaje musical son herederos de aquellas improvisaciones modales tocadas por la inspiración, el duende y el ángel de la música en dos sesiones tan irrepetibles como aquel grupo de músicos que se reunieron en la calle 30 de Nueva York para obrar el milagro del arte.
Es el disco de la isla desierta, un manual de autoayuda y un potente afrodisiaco, un antídoto contra el tedio con propiedades sanadoras, una máquina del tiempo porque la vida – lo decía Miles Davis- debe vivirse hacia delante, pero solo puede entenderse hacia atrás.
Entre So What y Flamenco Sketches, la memorable aproximación de jazz y flamenco, Kind of Blue es equilibrado y sereno, de una belleza sencilla y compleja, melancólico y vital, con la trompeta de Miles Davis, el saxo alto de Cannonball Adderley, el piano de Bill Evans o el saxo tenor de John Coltrane, que ya tenía en la cabeza ese otro prodigio que se titula Giant steps.
Rodeado de misterio y de literatura, Kind of Blue no ha dejado de crecer como leyenda en este medio siglo. La historia posterior del jazz y su lenguaje musical son herederos de aquellas improvisaciones modales tocadas por la inspiración, el duende y el ángel de la música en dos sesiones tan irrepetibles como aquel grupo de músicos que se reunieron en la calle 30 de Nueva York para obrar el milagro del arte.
01 marzo 2009
Estados sucesivos

Su poesía no sólo se muestra incansable de imágenes, sino que la forma de sus versos es acompañada por la musicalidad del sentimiento vuelto palabra. La fluidez de los poemas se torna catalejo de la vida y, paradójicamente, por ellos miramos no a lo lejos de la vida, sino al lejano interior de nuestra propia existencia. Los ojos por donde Efi mira son los nuestros y las imágenes de sus poemas se acercan a tiempo, como para rescatar la infancia, el amor, la pérdida, los días, los recuerdos. Sus palabras se tienden como puentes que unen lo que en nosotros parecía dividido, abismal.
Viajar por las letras de este libro es como navegar en un mar de encuentros y desencuentros. Sus poemas son concéntricos.
Con esas palabras introduce Federico Martínez R. Estados sucesivos, la antología poética que reúne veinticinco años (1983-2008) de escritura, creación y navegaciones de Efi Cubero por el mar del tiempo en naves de palabras y recuerdos.
Con esas palabras introduce Federico Martínez R. Estados sucesivos, la antología poética que reúne veinticinco años (1983-2008) de escritura, creación y navegaciones de Efi Cubero por el mar del tiempo en naves de palabras y recuerdos.
Los poemas de esta amplia antología que publica en Méjico la editorial Architecthum resumen la trayectoria coherente y en constante crecimiento de una voz poética que evoca la memoria esencial de la tierra y el aire, del agua y el fuego. Una trayectoria anclada en la búsqueda, en el viaje interrogativo a través de las pérdidas y la estela efímera del tiempo, en el recuento de dolor o en la cartografía del silencio.
Su palabra es la cifra del vuelo cansado de los pájaros, un reflejo de la fragilidad de la luz o el cristal, porque
La realidad, como los sueños, caben
sólo en un nombre
sólo en la palabra.
Aprendizaje de la brasa y del astro para saber alzarse desde las sombras numerosas, estos poemas en los que conviven evocación y deseo, angustia y esperanza, son también el resultado de una evolución expresiva hacia la desnudez y la depuración de toda retórica superflua:
Se depura la voz y se adelgaza
hasta volverse eco
o temblor de deseo.
Es un viaje a la semilla, hacia el aliento de la luz, hacia la tierra, el silencio y el sueño, un viaje atravesado por la conciencia de la temporalidad:
Porque somos de Agua,
y de Barro y de Tiempo.




















