30 abril 2010
29 abril 2010
28 abril 2010
27 abril 2010
Escombros de la luz

Paca Aguirre, Félix Grande, Juan Carlos Mestre, Antonio Hernández, Lupe Grande, Alexandra Domínguez, Ángel Luis Luján, Javier Lostalé y Manuel Rico participaron en ese acto en el que se presentó la antología Escombros de la luz, una espléndida selección de poemas de Diego Jesús Jiménez realizada por su viuda, Társila Peñarrubia.
Aparece en la colección Homenajes, con un prólogo de Tacha Romero, y recoge textos relacionados con la pintura - Diego Jesús Jiménez fue también un apreciable pintor- de Fiesta en la oscuridad, Bajorrelieve e Itinerario para náufragos y un inédito (Las formas del silencio) que hubiera formado parte de El infinito nos protege, el libro en el que trabajaba cuando murió en septiembre de 2009.
De toda la poesía española de posguerra, probablemente ninguna tan perturbadora y tan honda a la vez como la de Diego Jesús Jiménez. Telúrica y abismal, visionaria y meditativa, alcanza su cima en Bajorrelieve y sobre todo en Itinerario para náufragos, etapas sucesivas en un camino de perfección que, después de algunos tanteos marcados por la influencia evidente de Claudio Rodríguez, encuentra su voz propia en Fiesta en la oscuridad.
Una poesía de la mirada que intenta iluminar la realidad y revelarla a través de la sensorialidad, el cromatismo y la sugerencia. Lo explicó el autor con estas palabras:
Para mí, la poesía no es tanto el arte de decir cosas, sino el de sugerirlas. Porque para decir cosa existen otros géneros literarios como el ensayo, o incluso la novela, pero lo que hace que algo se transforme en poesía es precisamente el misterio. El hecho de plantear lo desconocido a través de un poema y con una carga emotiva personal, es estar haciendo poesía.
A través del lenguaje poético - sigue diciendo Diego Jesús Jiménez - asistimos antes a una revelación que a un descubrimiento. Durante el acto de la creación poética sucede algo verdaderamente insólito: aquello que se nos ocurre, antes de comprenderlo –el poema, además, puede tener infinidad de lecturas e incluso negarse a su comprensión– nos emociona. No ponemos nosotros la emoción en el poema sino que, muy al contrario, es el verso que aparece de pronto, la imagen que transcribimos, algo en verdad incalculable, lo que nos emociona y empuja a continuar en la escritura del poema.
Ese párrafo me sirve ahora para conectarlo con los versos finales de Las formas del silencio:
Sólo la exactitud de la memoria
es la belleza ahora del poema que escribes. Llega hasta ti,
envenenándolo, un viento
de jazmines y rosas; enciende sus bengalas
con la lluvia la luna ; y se cierne
sobre tu corazón una luz gris
que da forma al silencio.
26 abril 2010
24 abril 2010
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16 abril 2010
15 abril 2010
La forma de la noche

No es la única metáfora. Las fieras que se escapan del circo en Gijón y desatan el miedo de la población son otra elocuente alegoría de la sublevación. Tan elocuente que el circo se llama Franconi.
En el prólogo que ha escrito para esta nueva edición revisada en Rey Lear -un prólogo que, no por casualidad, lleva fecha de ayer, 14 de abril de 2010- Juan Pedro Aparicio escribe estas líneas:
La complejidad de la vida no puede caber en esquemas simples. Aquí no hay malos ni buenos por la mera adscripción a un bando. La vida de cada uno es cada uno quien debe sostenerla. La religión, desde hace dos centurias por lo menos, ha infectado la vida política, el pensamiento político se ha hecho credo y la confrontación, cruzada. En La forma de la noche he querido contar precisamente esto. Algo que le ocurrió a muchos españoles que, sin credo o desengañados, trataron de desengancharse sin conseguirlo. Ni siquiera el escudo del amor entre dos seres moralmente bien constituidos pudo nada contra esa tremenda marea colectiva que se llevó todo por delante. Y me han preocupado menos los males de la guerra que los de la paz, porque en estos últimos reside, a mi juicio, la tremenda responsabilidad de los vencedores de aquella contienda fratricida.
Tardé años en escribir esta novela. Hasta entonces había escrito un libro de relatos y las novelas Lo que es del César, El año del francés y Retratos de ambigú. Salvo la primera, todas transcurrían en un territorio que en La forma de la noche empecé a llamar Lot. Ahora todas ellas, excluida como digo la primera, pero añadiendo El viajero de Leicester, escrita posteriormente, me parecen pertenecer a un mismo ciclo, una especie de Cuarteto de Lot o Novela de Lot.
14 abril 2010
13 abril 2010
Sueños de Kafka

Ese apocalíptico texto de Roberto Bolaño figura en el colofón del volumen que Errata naturae publica con los Sueños de Kafka. El libro hace una recopilación de los sueños del autor de algunas de las mejores pesadillas contemporáneas.
El propio Kafka los recogió en sus diarios, o los reconstruyó en sus cartas a Felice, a Milena o a Max Brod.
Todo ese material onírico e inquietante se recopiló en una edición en alemán en 1983 y ahora Errata naturae lo edita en su colección La mujer cíclope con traducción de Iván de los Ríos.
Los sueños constituyen el más antiguo y el no menos complejo de los géneros literarios, escribió Borges en el prólogo de su Libro de sueños. Este volumen podría ser una de las pruebas para defender esa tesis.
12 abril 2010
10 abril 2010
09 abril 2010
Poesía y prosa de Jaime Gil de Biedma

08 abril 2010
Libro del desasosiego

Es uno de los clásicos imprescindibles que nos ha dejado el siglo XX. Y como todos los clásicos, es por definición inagotable. Un cuarto de siglo después de que apareciera la primera versión española de Ángel Crespo, Baile del sol publica una nueva traducción del Libro del desasosiego, de Fernando Pessoa. La ha preparado Manuel Moya, que escribe en el prólogo:
Pocos autores del siglo XX se han sentido tan visceralmente refractarios a los movimientos sociales como este lisboeta solitario y anónimo que, si bien trató en su juventud de tener su propio papel en el reparto social, acabó convirtiéndose en una sombra, desligado del afecto y apenas acompañado por la admiración de algunos pocos contemporáneos. Ni la violencia radical de Celine, ni los nihilismos de Beckett o Cioran, llegan más lejos en cuanto a desgarro y escepticismo que los de este casi invisible traductor de cartas comerciales, este paseante ensimismado, este contemplador convulso de un microcosmos hermoso y decadente como Lisboa. Los personajes que jalonan Libro del desasosiego, convictos de su vacío radical, afirmados en su anónima dignidad, conscientes de su desmesurada intrascendencia, habitan un mundo en descomposición, zozobrante, crepuscular, anclado en el vacío y en la desesperanza. Visto así, el libro es «un breviario del decadentismo», como lo definiera su traductor y crítico alemán Georg Rudolf Lind.
Murió ese mismo año sin haberlos publicado y dejó ese desorden en las carpetas que contenían centenares de fragmentos que después de la primera edición de 1982 aún siguen planteando problemas de organización.
Entre la secuencia temática y la cronológica, quizá la esencia de estos textos sea su fragmentarismo, su carácter abierto, su desarrollo caleidoscópico y azaroso, la radical libertad de su escritura.
Esta cuidada edición es una buena ocasión de volver a la Lisboa de Pessoa / Soares y a su mundo visto por un personaje que es del tamaño de lo que veo y no del tamaño de mi estatura.
En el Prefacio del presentador del libro, Fernando Pessoa describe a Soares como un hombre de unos treinta años, delgado, más bien alto que bajo, encorvado exageradamente mientras permanecía sentado, pero no tanto cuando se hallaba de pie, vestido con un cierto desaliño no del todo desaliñado.
En su primera presentación, el personaje se describe como perteneciente a esa clase de hombres que están siempre al margen de aquello a lo que pertenecen.
Desde la oficina de Vasques y Cía, en la Rua dos Douradores, hasta el mar, cercano al Terreiro do Paço donde pasa tardes enteras a la orilla del Tajo, Soares vaga por las calles de la Baixa, por las plazuelas solitarias bajo la niebla o la lluvia en un ejercicio contemplativo de renuncia y distancia frente a la vida trivial simbolizada por el patrón Vasques.
Es la estética de la indiferencia y el desaliento que caracteriza a Soares, que la resume en esta frase: El mayor dominio de sí mismo es la indiferencia ante uno mismo.
07 abril 2010
06 abril 2010
Homenaje a Luis Rosales en su centenario

Desde hoy y hasta el día 14 de abril, la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales (SECC) organiza unas jornadas de Homenaje a Luis Rosales con motivo del centenario de su nacimiento.
Las sesiones comienzan a las 19,30 en el Archivo Histórico Nacional (Serrano, 115 – Madrid) y culminan con una lectura de poemas de Luis Rosales a cargo de Félix Grande, con el acompañamiento a la guitarra de Gaspar Rodríguez.



























