Nunca fue tan hermosa la basura

Nunca fue tan hermosa la basura.
Galaxia Gutenberg. Círculo de Lectores.
Barcelona, 2010.











Es uno de los textos aforísticos que recoge el volumen Sentencias y donaires, una recopilación de aforismos en verso y prosa de Antonio Machado. Seleccionados de los Proverbios y Cantares y del Juan de Mairena, reflejan el pensamiento de quien se movió entre la poesía y la filosofía, como sus complementarios apócrifos Abel Martín y Juan de Mairena. A ese camino de ida y vuelta aludía este último cuando decía:
Hay hombres –decía mi maestro- que van de la poética a la filosofía; otros que van de la filosofía a la poética. Lo inevitable es ir de lo uno a lo otro, en esto como en todo.
Con ella se abre una línea editorial que recogerá un panorama representativo del género del aforismo. Clásicos como Vauvenargues, La Rochefoucauld o Juan Ramón Jiménez convivirán en esta colección con contemporáneos como Felipe Benítez Reyes o Ramón Eder, en ediciones muy cuidadas.


La edición ampliada en Alfaguara de Salvajes y sentimentales incorpora treinta artículos nuevos respecto de la anterior, del año 2000. Con selección y prólogo de Paul Ingendaay, corresponsal de cultura del Frankfurter Allgemeine Zeitung, se reúnen en este volumen los artículos de Javier Marías sobre el fútbol, una recuperación semanal de la infancia, como explica el artículo inicial, una escenificación de la épica o una metáfora de la sociedad que se analiza en el texto final, Los matones protegidos, de este mismo año, que terminaba así:
Yo me pregunto cómo se hace caso omiso de las barbaridades que uno escucha nítidamente dirigidas a uno, de principio a fin de un partido. Cómo se concentra uno en parar los disparos. Salvando las distancias, es como si a un actor de teatro se le pidiera que pasara de los insultos lanzados con profusión desde el patio de butacas y se ciñera a su texto, como si allí no hubiera nadie. O a un cantante que siguiera impertérrito con su recital mientras le llueven abucheos e injurias. O a un escritor que continuara con su conferencia mientras los oyentes lo llaman "hijoputa" y "cabrón". Y como si a todos estos "profesionales" se los castigara y multara por interrumpirse o hacer frente a sus groseros detractores. El razonamiento -es un decir- de los responsables del fútbol es más o menos: "Cualquier respuesta sólo empeorará las cosas". Esto es: "Permitamos y protejamos los abusos, el matonismo y la violencia verbal, no vayamos a soliviantar a los soliviantados". Lo mismo que en los años treinta: "Cedamos ante el furioso Hitler, no se vaya a poner aún más furioso". Ceder ante los comportamientos fascistas siempre se paga caro, porque el espíritu fascista -que puede darse en gente de izquierda- toma por debilidad cualquier inhibición del adversario, y no hace sino envalentonarse y aumentar su agresividad, hasta aniquilar a ese adversario. Si el apaciguamiento está institucionalizado; si los violentos y matones están protegidos; si se condena al individuo valiente que se enfrenta a ellos o por lo menos les señala su cobardía y su mezquindad, no es de extrañar que éstos se crezcan y que cada vez estemos todos más y más a su merced.
En sus páginas, rápidas y vistosas como un regate, brilla el articulista incisivo como un delantero centro, demoledor como un central de los de antes, inteligente como un centrocampista cerebral. Y el latido de un corazón tan blanco, que ve como síntoma alarmante que ya no odien a su equipo, escribe sobre el estrabismo de los semidioses o evoca la infancia en el álbum de los cabezudos que ilustra la portada del libro.






