21 marzo 2011

Código best seller



Decía Conrad que hay dos tipos de libros que se venden especialmente bien: los muy buenos y los muy malos.

Y quizá sea esa la clave que permite entender que puedan convivir en las listas de los libros más vendidos el Quijote y El código Da Vinci, La Odisea y El alquimista, Cien años de soledad y Lo que el viento se llevó, Guerra y paz y Los pilares de la tierra; Memorias de Adriano y La sombra del viento o Millenium y Soldados de Salamina.

Con la necesaria matización entre un best seller como Parque Jurásico, un long seller como la Biblia y un fast seller como Harry Potter o la saga Crepúsculo, la comercialidad de los libros a veces –pocas- va en relación directa con su calidad y casi siempre es inversamente proporcional a su altura literaria.

Todo este mundo complejo de los libros más vendidos es objeto de un riguroso y a veces irónico análisis de Sergio Vila-Sanjuán en Código best seller, que acaba de publicar Temas de Hoy con un prólogo de José Antonio Marina.

Vila-Sanjuán desvela en él las claves que hacen de un libro un fenómeno comercial, recorre su historia, establece su canon y sus variantes e indaga en sus ingredientes y su tipología.

Los libros más leídos –desde la Biblia hasta Harry Potter pasando por las novelas de Dickens o los relatos de Poe-, las razones de su éxito, las listas de los más vendidos en Europa y América, y un apartado especial que se centra en lo ocurrido con los superventas en España desde 1975 hasta 2000, son el eje de la primera parte del volumen y completan un recorrido panorámico por la historia del best seller.

El canon de títulos que Vila-Sanjuán propone en la segunda parte de su estudio confirma que la comercialidad a menudo tiene poco que ver con la literatura. Desde Ivanhoe hasta la trilogía Millenium, el repaso analítico por setenta best sellers entre 1819 y 2006 incluye excepcionalmente algún título de calidad indiscutible como El guardián entre el centeno o Cien años de soledad.

Pero lo que predomina abrumadoramente en ese canon es la secuela –La casa de los espíritus-, el producto descaradamente comercial -El médico, Los pilares de la tierra-, la subliteratura –Papillon, Chacal- o libros tan extraliterarios como 1080 recetas de cocina o ¿Quién se ha llevado mi queso?

La parte más iluminadora de este Código best seller está en sus Conclusiones, en unas páginas finales que abordan las distintas tipologías y mecanismos del superventas: frescos históricos, culebrones sentimentales, obras que remueven las buenas conciencias, sagas familiares, artefactos de intriga o de erotismo, generadores de miedos góticos, relatos de aventuras, novelas de médicos y de abogados…

Y al final, esta defensa reivindicativa del best seller:

Los buenos best sellers aplacan la necesidad de entretenimiento, evasión o entrega absorbente del público ya consolidado, y llevan a la lectura a mucha gente que hasta encontrarlos tal vez se mostraba refractaria a ella. Los buenos best sellers crean lectores. Una razón de peso para tomárselos en serio.

Algo, por cierto, tan dudoso como el tópico que dice que del tebeo se pasa a la novela juvenil y de ahí a la gran literatura.

Discutible.