30 abril 2011
29 abril 2011
28 abril 2011
27 abril 2011
26 abril 2011
Centenario de Juan Bernier


Un día como hoy, 26 de abril de 1940, anotaba Juan Bernier en su Diario:
Otros días juego al ajedrez bajo la bóveda conventual de Gambrinus, sede social de chavalería, desocupados y vagos. Aquí mi observación disfruta con un ambiente complicado y morboso.
Dioses innúmeros perdidos en los campos
entre hierba y mirto, paciendo los sonidos de los vientos suaves.
Inmóviles escuchas de la tarde,
puros dioses de mármol sobre el verde,
marfil amarillento a los rayos del ocaso,
dioses azules en las sombras casi, más tarde fundidos en la noche.
Yo os invoco: que mi voz resucite vuestros restos deshechos,
vuestros torsos desnudos que se bañan en las lágrimas húmedas y soñolientas de los prados. ¡Oh dioses sin problemas, domésticos, sin ansias de infinito!
Mi mente ensombrecida tiene sed
de mármol
de blancura
de línea.
Veinte siglos columnas de desprecio, trémulos de blasfemias
sobre vuestros rostros, espejos de horizontes,
(¡oh Juliano!) han sido los caminos del mundo,
y os sepultasteis en la tierra
y habéis sentido los pasos del zagal y del arado
rozando vuestros miembros.
Y las vírgenes vistieron su marfil de la yedra brillante de los sotos
huyentes como Sabinas a las rústicas manos,
escondidas, silenciosas de sol.
¡Sacras vestales, encubrid vuestra vergüenza!
Que veinte siglos no han sabido gustar la vida de vuestros ojos inmensos
ni comprender los pechos bronceados, triunfantes como el color de los trigos,
y se han perdido en el laberinto de las ansias inacabadas,
de las pretensiones insatisfechas.
Lejos de la flauta y la sonrisa de Pan
que hacía danzar los cuerpos
como la brisa las palmas sobre el azul,
lejos del rabel
y la mirada de Narciso,
que hacía vibrar la belleza
en el ritmo de su propia contemplación,
lejos, muy lejos dela cítara lánguida,
consagradora de las noches,
sacerdotisa de las satisfacciones.
¡Oh siglos, volved!
¡Volved, pues os esperan los dioses,
los dioses del amor y la alegría
del sol, la luz, las fuentes y los prados,
los dioses vivos de la carne y los deseos!
25 abril 2011
18 abril 2011
Luna llena en Semana Santa

Denso, suave, el aire
Orea tantas callejas,
Plazuelas, cuya alma
Es la flor del naranjo.
Resuenan cerca, lejos,
Clarines masculinos
Aquí, allí la flauta
Y oboe femeninos.
Mágica por el cielo
La luna fulge, llena
Luna de parasceve.
Azahar, luna, música,
Entrelazados, bañan
La ciudad toda. Y breve
Tu mente la contiene
En sí, como una mano
Amorosa. ¿Nostalgias?
No. Lo que así recreas
Es el tiempo sin tiempo
Del niño, los instintos
Aprendiendo la vida
Dichosamente, como
La planta nueva aprende
En suelo amigo. Eco
Que, a la doble distancia,
Generoso hoy te vuelve,
En leyenda, a tu origen.
Et in Arcadia ego.
17 abril 2011
16 abril 2011
Lecturas cuaresmales. Austral

Y para el cinco de mayo se anuncia la edición de cuatro libros fundamentales de Ernesto Sabato. Con motivo de su centenario se publican El túnel, Sobre héroes y tumbas, España en los diarios de mi vejez y Antes del fin.
15 abril 2011
Lecturas cuaresmales. El día de mañana

Una novela sobre la transición y la miseria moral del tardofranquismo contada desde dentro a través de un emigrante que acaba siendo confidente de la Brigada Social, la policía política del régimen franquista, un régimen que convirtió al país en un nido de soplones. No sólo de limpiabotas chivatos como el de la fotografía, también de catedráticos de universidad que podrían haber figurado en una versión española de La vida de los otros.
La historia de la degradación de un hombre que empieza vendiendo máquinas de escribir en Barcelona y acaba vendiendo a sus amigos. Como en el Lazarillo, esa degradación tiene su origen en la salida de su pueblo cuando aún era un niño. A diferencia del Lazarillo, esta no es una justificación vergonzante en primera persona, sino un caleidoscopio cronológico de voces de quienes lo conocieron.
La suma de esas voces y su secuencia temporal completan un panorama en el que el personaje es tan significativo como la sociedad que hace de él un indeseable.
14 abril 2011
13 abril 2011
Lecturas cuaresmales. La Compañía y Páginas de Espuma
Las Conversaciones con un amigo, en las que Alberto Manguel habla con el editor francés Claude Rouquet de la literatura y la memoria, de las bibliotecas y la vida.
Fantasmas de la China, de Lafcadio Hearn, una colección de seis cuentos chinos que llevan al lector al territorio preciso y lejano que Borges admiró en un autor que formó parte de su canon literario.
La misma sangre y otros cuentos, que reúne diez espléndidos relatos de William Goyen, un narrador norteamericano casi desconocido en España, pero que está a la altura de Carson McCullers, Flannery O’Connor, William Faulkner o Tennessee Williams, con los que forma parte del llamado gótico sureño.

Y, ya en solitario, Páginas de Espuma edita Escribir ficción, de Edith Wharton. Los ensayos que la novelista norteamericana publicó en la revista Scribner’s a mediados de los años veinte sobre el cuento y la novela, sobre la técnica narrativa en la creación literaria. Uno de los primeros manuales de escritura creativa que se publica en la colección Voces / Ensayo con traducción y prólogo de Amelia Pérez de Villar.
12 abril 2011
Lecturas cuaresmales. BackList
Dos novedades de BackList.
En su colección BackList Selectos, con tapa dura y sobrecubierta, una edición conmemorativa del Informe sobre ciegos en el centenario de Ernesto Sabato y en el cincuentenario de Sobre héroes y tumbas, la novela de la que forma parte. La publicación exenta de un texto turbador desde su arranque (¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?), una metafórica bajada al subsuelo infernal.
La espléndida edición va precedida de un prólogo de su hijo, Mario Sabato, que recuerda la lectura casi clandestina de ese río vasto y feroz que era la novela de mi padre.(...) Y leí, ansioso y desasosegado, el Informe sobre ciegos. Y supe que algún día lo filmaría. Lo filmó y lo tituló El poder de las tinieblas. Lo estrenó en Buenos Aires en 1979 con un resultado tan discutible como esperable.
Ernesto Sabato dijo de aquella película: Estoy conforme con El poder de las tinieblas; se hizo un trabajo dificilísimo por las sinuosidades del texto, de la materia ambigua que trata y por estar narrada en primera persona lo que determina visiones subjetivas extremas difíciles de ofrecer en cine. Mario procedió en la única forma que podía hacerlo: haciendo otra obra, inspirada sí en el "Informe" pero diferente hasta en argumento y personajes, sin incurrir en el grave error de querer ilustrar el libro con imágenes y música.
Yo no intervine en la película y esta pertenece al cineasta, aunque cada cual irá a ver el "Informe" como se lo imaginó y dirá que tal personaje o situación no es como debía ser. Es el peligro de cualquier adaptación cinematográfica.
La otra novedad, muy distinta, es la recuperación de Un hombre, una novela de Oriana Fallaci que reconstruye la relación de la autora con el poeta griego Alekos Panagoulis, líder de la resistencia al régimen de los coroneles, “un cristo crucificado nueve veces” que fue asesinado en 1976. Cuando se publicó en 1980 la edición española, Oriana Fallaci exigió su retirada por una serie de problemas que recuerdan los editores en este enlace. Un calvario.
11 abril 2011
10 abril 2011
09 abril 2011
Recado a Cioran

Recado a Cioran o Del inconveniente de haber nacido
08 abril 2011
07 abril 2011
06 abril 2011
05 abril 2011
Tengo una cita con la muerte

De ese verso han tomado Borja Aguiló y Ben Clark el título de la antología bilingüe que han preparado para Linteo. Una antología de textos escritos por poetas que murieron en la Gran Guerra y que introducen con este párrafo:
Lo sabían los poetas: no hay poesía en el frente. Hay ratas, eso sí, y hambre y muerte y ruido —sobre todo ruido—. Así lo recuerda el protagonista de Sin novedad en el frente, del alemán Erich María Remarque; así lo recuerda, también, Robert Graves en Adiós a todo eso. Puede que los dos autores dispararan el uno sobre el otro en algún momento, puede que no. Al leer sus biografías, no queda claro si estos autores recordaban, tiempo después, por qué lucharon en la Primera Guerra Mundial, pero los dos dejaron constancia por escrito de su perfecto recuerdo del ruido. Así, sin tener en cuenta nada más, cabría preguntarse cómo es posible que pueda escribirse un solo texto en estas condiciones. Y, sin embargo, son muchas las cartas —desesperadas, abstraídas, tristes, de amor— que se escribieron durante la Gran Guerra, así como otro tipo de texto, escrito en el centro del conflicto, en el centro del ruido: el poema.
Esta antología tiene como base la más amplia Up the Line to Death. The War Poets 1914-1918, que publicó en 1964 Brian Gardner. Sobre aquella recopilación, Borja Aguiló y Ben Clark han acotado el terreno y han limitado la selección a 21 poetas jóvenes que combatieron y murieron en los campos de Francia o en los hospitales militares.
Un verdadero club de poetas muertos, británicos la mayoría, aunque hay también unoc cuantos irlandeses, un canadiense y el norteamericano Seeger. Poetas de cierta relevancia, como Wilfred Owen, o principiantes que desahogaban su miedo a base de versos.
Poetas unidos por el horror, por la intensidad emocional del campo de batalla o de las trincheras, especialmente a partir de 1916, cuando la batalla del Somme, una masacre con decenas de miles de bajas en un día, marcó un antes y un después en aquella guerra.
Un antes y un después de aquel episodio aniquilador que hizo cambiar el tono de aquellos poemas, que pasaron del idealismo heroico a mirar cara a cara a la muerte, y del patriotismo a la denuncia de quienes les llevaban a aquel matadero.
Como recuerdan los editores en su introducción, también Kipling anotó aquella indignación en dos versos demoledores del epitafio que escribió tras la muerte de su hijo:
Tell them, because our fathers lied.
(Si alguien te pregunta por qué hemos muerto,
diles: porque nuestros padres mintieron).
marchando por tus sueños en batallones pálidos,
no digas palabras suaves, como ya otros dijeron,
que puedas recordar. No servirá de nada.
No ofrezcas alabanzas. Pues, sordos, ¿cómo iban a saber
que no son maldiciones lanzadas sobre cada cabeza herida?
Ni lágrimas. Los ojos ciegos no ven caer tus lágrimas.
Ni honor. Es fácil estar muerto.
Di sólo: «Ellos están muertos». Y añade:
«aunque muchos, mejores que ellos, murieron antes».
Entonces, si escudriñando la masa atestada llegaras
a reconocer un rostro hasta entonces amado,
debes saber que es un espectro. Nadie viste la cara que conocías.
La gran muerte los tiene poseídos para siempre.
04 abril 2011
03 abril 2011
Homenaje a Francisca Aguirre

Será a las 12 en el Teatro Federico García Lorca de Getafe.
Este texto, de mi libro La flor de las cenizas, es mi manera de sumarme a ese homenaje.
UNA MUJER SE ASOMA A LA VENTANA
Con Paca Aguirre
Hay palabras que siempre se escriben en voz alta,
se dicen con los dientes, con la fuerza
que tiene lo que brota
en el pulso rabioso de los versos:
la maldición o el látigo de las mujeres fuertes
o los versos de piedra de la tragedia antigua.
Son las madres terribles que gritan en la sombra
y encienden las hogueras y ruegan por nosotros.
Porque la llama a veces alimenta una antorcha
de esperanza y a veces
crece en la elemental espiga combustible,
en la pura raíz de los incendios.
Una mujer se asoma a la ventana
con temblor y con ira, ardiente y compasiva
con todo lo que vive y pasa por la calle.
Y entonces va creciendo una nostalgia
secreta, algún humilde afecto
o el fulgor de la infancia,
la guitarra interior y todo lo que tiene
nombre propio o memoria
y vive en el presente de las desolaciones
y en la angustia que brilla en el vacío
con un dolor que dice su abrigo y su consuelo.
Crece entonces la tarde en contraluz y brota
de alguna fuente oculta
por la vena más honda del dolor,
en la germinativa
virtud de los jardines secretos de la infancia.
Y entonces la palabra
es tibia y transparente
y es música o vihuela.
Pero ahora hay que callar,
callar y dar las gracias
a esa mujer herida
y fuerte y compasiva.
02 abril 2011
01 abril 2011
María Victoria Atencia. El umbral

El ruiseñor
alto y tan ajeno
a ti que eres un yo que estuviese cantándote,
sucesiva hermosura que un instante en el alba
se atreve a detenerse
sobre una tierna rama ya suspensa en la luz
y viene a preguntarme por tu pluma y sus causas;
como si yo supiera si está todo en su sitio y
dispuesto en su orden
para poderte oír, resumen de la gracia, ruiseñor.




















