31 octubre 2011

Santos Domínguez obtiene el Premio Rafael Morales con El agua de los mapas

Javier Reverte. Poemas africanos

Javier Reverte.
Poemas africanos.
Versos de Cordelia. Madrid, 2011.

El cielo era un lamento de cuchillos: / así el desierto. Veinte años de poemas se reúnen en estos textos que Javier Reverte escribió en sus viajes por África. Las costas del Sáhara, Zanzíbar, Fez, Tindouff, Ifni, Río Muni o Essauira son los lugares en los que surgieron estos Poemas africanos que completan la imagen del espléndido narrador de viajes que es su autor. Está en ellos el continente del alto Atlas y las interminables costas atlánticas, los desiertos y la vegetación, la cara y la cruz de África: océanos de hambre, / secas tierras sin alma (...) el jugo de la selva empapando la carne / y un canto milenario de tambores /que celebran la vida.

30 octubre 2011

Santos Domínguez obtiene el Premio Rafael Morales con El agua de los mapas



Como un poemario de extrema calidad ha calificado El agua de los mapas el jurado que esta noche le ha otorgado en Talavera de la Reina el prestigioso premio de poesía Rafael Morales, dotado con 12.000 euros, que este año cumplía su XXXVII edición.



29 octubre 2011

Benet. Ensayos de incertidumbre

28 octubre 2011

El puente de los asesinos


Dos hombres se batían a la luz indecisa del amanecer, silueteados en la claridad gris que llegaba despacio por levante. La isla —poco más que un islote, en realidad— era pequeña y chata. Sus orillas, desnudas por la marea baja, se deshilaban en la bruma que la noche había dejado atrás. Eso daba una impresión de paisaje irreal, como si aquella porción de tierra neblinosa fuese parte misma del cielo y del agua. Las nubes eran pesadas y oscuras y lloviznaban nieve casi líquida sobre la laguna veneciana. Hacía mucho frío aquel veinticinco de diciembre de mil seicientos veintisiete.

C0n esa fuerza arranca Gente de acero y silencios, primer capítulo de El puente de los asesinos, la séptima entrega de Las aventuras del Capitán Alatriste, de Arturo Pérez-Reverte, que acaba de publicar Alfaguara.

Reclutado por España para dar un golpe de mano en la Serenísima República, Diego Alatriste llega a una Venecia invernal, inundada y lluviosa. Allí debe culminar una conjura que se ha preparado para asesinar al Dux en la nochebuena de 1627.

Quince años después del título inaugural de la serie, a través de la voz narrativa de Íñigo Balboa, la figura de Alatriste vuelve a recortar su silueta de coraje contra el fondo turbio de la diplomacia.

El capitán, una encarnación del desengaño y de la lucidez desolada, era uno de aquellos humildes peones en tableros de ajedrez jugados por otros.

Y en esta nueva entrega, el tablero es una conjuración veneciana como aquella real en la que participó Quevedo, que tuvo que salir de la ciudad disfrazado y por pies –él que los tenía tan torpes que los compensaba con la ligereza de la lengua y la agilidad del ingenio.

Cuarenta y una espléndidas ilustraciones de Joan Mundet subrayan la vertiginosa acción de El puente de los asesinos, que se cierra con unos Extractos de las Flores de poesía de varios ingenios de esta Corte.

En esos extractos, junto a dos tercetos de Cervantes o dos sonetos de Quevedo, el homenaje de dos ingenios vivos: una octava rima de Don Xavier Marías Franco y un soneto con estrambote –El credo del Capitán- del signore dottore Francesco Ricco Manrico, de la academia florentina de la Crusca.

27 octubre 2011

Francisco García Jurado. Modernos y antiguos



Porque afortunadamente estos ya no son tiempos para enfoques puramente historicistas, más propios del siglo XIX que del siglo XXI, cada vez son más necesarios otro tipo de planteamientos como los que viene haciendo con enorme rigor desde hace años Francisco García Jurado.

Básicamente, su propuesta de una historia no académica de la literatura consiste en demostrar la posibilidad de un diálogo entre antiguos y modernos, entre la literatura clásica y la contemporánea para ofrecer una lectura atractiva –quizá la única posible- para el lector actual, una lectura que conecta pasado y presente a través de una línea, superficial o secreta, pero continua.

En El arte de leer, en Borges, autor de la Eneida, en Marcel Schwob, antiguos imaginarios o en el espléndido prólogo a su edición de las Noches áticas de Aulo Gelio, ya había ofrecido Francisco García Jurado muestras de la fecundidad de ese diálogo imprescindible.

Ahora acaba de dar un paso más al reunir en el volumen Modernos y antiguos, que publica la Institució Alfons el Magnànim, ocho estudios de literatura comparada, “ocho trabajos -explica el ensayista- sobre encuentros complejos entre autores antiguos y modernos.”

Machado y Virgilio, Ausonio y Perucho, Aulo Gelio y Bioy, Séneca y Jorge Edwards, Lezama y Suetonio, Plinio el viejo y Borges, Ayala y Tácito, Ovidio y Gonzalo Rojas, Arréola y Horacio, Plinio el joven y Cortázar son algunos de los interlocutores a los que García Jurado hace dialogar, sobre fantasmas, sobre una casa tomada, sobre el exilio o sobre la educación a través de citas que no son signo de servilismo, sino motivo de reflexiones, motor de lecturas revitalizadoras y acicate de relecturas creativas.

Porque los clásicos, o nos incitan a ese diálogo intemporal o no nos interesan.

O no son clásicos, claro.

26 octubre 2011

Presentación de La Transición en Cuadernos de Ruedo ibérico



25 octubre 2011

Socotra. Invitación al viaje


Como los antiguos leyeron la Historia Natural de Plinio, como los árabes oían las aventuras de Simbad, con el mismo asombro que debía de producir en los humanistas el Libro de las maravillas de Marco Polo, con la misma fascinación con que leíamos a Verne de niños.

Así entra el lector en Socotra, la isla de los genios, de Jordi Esteva, que acaba de publicar Atalanta.

Socotra, la isla de la felicidad en sánscrito, aparece en los mapas anclada en el Índico, al sudeste de la Península Arábiga, a la salida del Golfo de Adén.

Es la isla del sueño, un lugar mágico poblado por una fauna de otra época, de un tiempo mitológico en el que los griegos tenían esta isla como patria del Ave Fénix. Un lugar en el que crece una vegetación no menos mitológica de la que forman parte la mirra, en cuyas brasas ardía aquel pájaro inmortal, o el incienso de los ritos y las momias faraónicas, el árbol de la sangre del dragón cuya savia roja usaban los gladiadores para embadurnarse los músculos, o el áloe que buscaba Alejandro porque cicatrizaba las heridas del combate:

Los egipcios y los árabes del sur, que viajaban allí para extraer el incienso y la mirra, más valiosos que el oro, propagaban leyendas terroríficas y disuasorias y sembraban confusiones desorientadoras de su ubicación exacta para evitar la competencia.

Un lugar como ese, con bosques de incienso sobre los que vuela el ave Roc de Las mil y una noches, solo puede describirse dosificando adecuadamente, como hace Jordi Esteva, la fantasía y la realidad, la historia y la ficción.

Esa mezcla difusa está también en las abundantes y magníficas fotos -Esteva es fotógrafo además de escritor- que reflejan con una luz casi irreal, con la luz tenue del sueño, su mirada a una isla sagrada para los griegos, porque en ella había erigido Zeus su propio templo y en sus cumbres había tenido su trono Urano, el dios primordial, abuelo de Zeus y padre de Cronos.

Entre el sueño y la realidad, entre África y Asia, entre la historia y la leyenda, entre la geografía y la literatura, entre la biología y la magia, Jordi Esteva relata en Socotra un viaje a la infancia del mundo y a las llanuras de Caín, un viaje que transforma la mirada y la sensibilidad del viajero, que vuelve siendo otro.

Porque el viaje verdadero consiste en no volver. O en volver como una persona distinta de la que inició el viaje.

Rafael Argullol, Manuel Forcano y Pep Bernadas presentan Socotra, la isla de los genios, esta tarde, a las 19:30 en la Librería Altaïr de Barcelona. Gran Via Corts Catalanes, 616 (entre c/ Balmes y Rambla de Catalunya).

24 octubre 2011

Cádiz, edición del Bicentenario




Con motivo del inminente Bicentenario de las Cortes constituyentes que promulgaron la primera constitución liberal en 1812, Austral acaba de publicar una edición conmemorativa de Cádiz, el octavo título de los diez que forman la primera serie de los Episodios nacionales de Benito Pérez Galdós.

Preparada por Germán Gullón, que ha escrito un estupendo prólogo sobre el transfondo histórico de la novela y la técnica narrativa aún en formación del primer Galdós, esta nueva edición brinda la oportunidad de comprobar cómo se integran historia y ficción en la primera serie de los Episodios.

De hecho, uno de los rasgos que estudia Gullón en su prólogo –Cádiz, un himno a la libertad- es la aplicación del concepto de soberanía a la política y a la literatura y la escritura de este episodio como una celebración de la libertad y del nacimiento de una nación libre y soberana.

En una mañana del mes de febrero de 1810 tuve que salir de la Isla, donde estaba de guarnición, para ir a Cádiz, obedeciendo a un aviso tan discreto como breve que cierta dama tuvo la bondad de enviarme. El día era hermoso, claro y alegre cual de Andalucía, y recorrí con otros compañeros, que hacia el mismo punto si no con igual objeto caminaban, el largo istmo que sirve para que el continente no tenga la desdicha de estar separado de Cádiz; examinamos al paso las obras admirables de Torregorda, la Cortadura y Puntales, charlamos con los frailes y personas graves que trabajaban en las fortificaciones; disputamos sobre si se percibían claramente o no las posiciones de los franceses al otro lado de la bahía; echamos unas cañas en el figón de Poenco, junto a la Puerta de Tierra, y finalmente, nos separamos en la plaza de San Juan de Dios, para marchar cada cual a su destino. Repito que era en febrero, y aunque no puedo precisar el día, sí afirmo que corrían los principios de dicho mes, pues aún estaba calentita la famosa respuesta: «La ciudad de Cádiz, fiel a los principios que ha jurado, no reconoce otro rey que al señor D. Femando VII. 6 de febrero de 1810».

Ese es el primer párrafo de la novela. Desde ese momento, a través de la voz narradora de Gabriel Araceli, se reconstruyen la intrahistoria y el ambiente de la Isla de León y del Cádiz de las Cortes, se evoca el bullir de la calle Ancha y la Plaza de San Antonio, los panfletos políticos, las sesiones constituyentes en el oratorio de San Felipe Neri o las bombas que los franceses lanzaban desde la Cabezuela y estallaban -o no- en la Plaza de San Juan de Dios o en la Torre Tavira:

Ocurrió esto el día de la bomba. ¿Saben ustedes lo que quiero decir? Pues me refiero a un día memorable porque en él cayó sobre Cádiz y junto a la torre de Tavira la primera bomba que arrojaron contra la plaza los franceses. Ha de saberse que aquel proyectil, como los que le siguieron en el mismo mes tuvo la singular gracia de no reventar; así es que lo que venía a producir dolor; llanto y muertes, produjo risas y burlas. Los muchachos sacaron de la bomba el plomo que contenía y se lo repartían llevándolo a todos lados de la ciudad. Entonces usaban las mujeres un peinado en forma de saca-corchos, cuyas ensortijadas guedejas se sostenían con plomo, y de esta moda y de las bombas francesas que proveían a las muchachas de un artículo de tocador, nació el famosísimo cantar:

Con las bombas que tiran
los fanfarrones,
hacen las gaditanas

tirabuzones.

Fragmentos como ese son una muestra de la habilidad galdosiana para hacer revivir con una sutil mezcla de rigor documental y libertad imaginativa aquellos años decisivos que entre 1810 y 1812 cambiaron la historia de España.

23 octubre 2011

Memorias de Joseph Grimaldi

22 octubre 2011

Vila-Matas. El viajero más lento

21 octubre 2011

Colette. El fanal azul

20 octubre 2011

Las cuatro esquinas, premio al mejor libro del año


Hace seis meses tuve el privilegio de presentar en la Feria del libro de Cáceres Las cuatro esquinas, de Manuel Longares, que ahora acaba de recibir el Premio Libro del Año del Gremio de Libreros de Madrid.

De Las cuatro esquinas, que publica Galaxia Gutenberg, el jurado ha destacado que es una novela que "remite a cuatro tiempos de nuestra historia reciente, desde la posguerra a la transición", y cuyos "personajes permanecerán para siempre en la memoria de los lectores".

¿Y si la vida fuera esto de festejar un día el premio de uno y otro día el premio del otro?, me escribía ayer en un correo Manuel Longares.

19 octubre 2011

La invención del 27


Pocos conceptos habrá más desprestigiados y pocos métodos habrá tan inservibles y perturbadores en los estudios literarios como el de las generaciones. Hace ya tiempo que Ricardo Gullón lo explicó lúcidamente en un memorable ensayo, La invención del 98, quizá no suficientemente leído por algunos sectores de la crítica y la didáctica de la literatura española.

Acaba de aparecer en Berenice un libro de Manuel Bernal Romero sobre otra invención, la del 27, un rótulo tras el que se esconde una nómina desigual de poetas valiosos cuya obra ha ido creciendo en lectores y en influencia con el tiempo y de acompañantes y palmeros a los que ese mismo tiempo ha pulverizado sin misericordia.

Basándose en declaraciones, cartas y notas de prensa, Manuel Bernal Romero ha escrito un libro desmitificador que da una nueva interpretación sobre las circunstancias que rodearon la invención del 27 y su presentación en público; sobre la fotografía del intranscendente homenaje a Góngora en el Ateneo de Sevilla a mediados de diciembre de 1927, en la que no aparecen ni Salinas, ni Aleixandre, ni Cernuda; sobre los pormenores de aquella excursión en tren a la gloria que sufragó Sánchez Mejías; sobre las gamberradas, las polémicas y los rechazos que provocó la celebración gongorina y sobre los intereses promocionales de aquella sociedad anónima en palabras de Bergamín, aunque en realidad fuera una sociedad limitada.

Es bien sintomático que los muñidores y propagandistas del grupo y su advocación gongorina fueran Gerardo Diego y Dámaso Alonso, los poetas por los que ha pasado peor el tiempo, o un charlista ágrafo como Pepín Bello.

Y aún más sintomático que Cernuda, que no está en la foto, haya ido creciendo en prestigio. Y entre unos y otros, la reticencia de Lorca, la sensación de Alberti de que aquel homenaje había sido un desastre, “un gran fracaso”, o la renuncia de Salinas a participar en él.

La invención de la generación del 27 narra desde dentro y desde fuera la intrahistoria y la apariencia de aquellos fastos, menos presentables, menos unánimes y en el fondo más divertidos de lo que suele contarse.

17 octubre 2011

Santos Domínguez, Premio de Poesía Villa de Aoiz


Fotografía Enrique Cidoncha

El cacereño Santos Domínguez, ganador del Premio de Poesía Villa de Aoiz

El ganador recibirá 6.000 euros en metálico por su poema "Ayer no te vi en Babilonia"

El jurado ha elegido el poema de Santos Domínguez entre un total de 4.403 poemas

El cacereño Santos Domínguez Ramos ha obtenido el primer premio del Certamen de Poesía Villa de Aoiz, que este año celebra su XXXV edición. El ganador recibirá 6.000 euros en metálico por su poema "Ayer no te vi en Babilonia", en un acto en el que tendrán lugar, además, las entregas de premios del Certamen Internacional de Narrativa -premio Tomás Fermín de Arteta- y el de Pintura -premio Villa de Aoiz-, así como el galardón Francisco Ynduráin de las Letras para Escritores Jóvenes. La ceremonia se celebrará a las 13.00 horas del día 26 de noviembre en la Casa de Cultura de Aoiz. Cada uno de los tres certámenes cuenta con un premio de 6.000 euros y diploma y el Francisco Ynduráin, con la edición de un libro del autor galardonado.

El jurado, compuesto por los poetas Luis Alberto de Cuenca, Jaime Siles, Ángel García López, Antonio Hernández y Salvador Gutiérrez, ha elegido el trabajo de Santos Domínguez entre un total de 4.403 poemas.

Entre los ganadores de anteriores ediciones figuran los nombres de Fernando Quiñones, Alexandra Domínguez, Jesús Hilario Tundidor o Jordi Virallonga.

Santos Domínguez sucede como ganador del premio Villa de Aoiz a Felipe Benítez Reyes, que lo obtuvo en la edición anterior.

El perfil de la torre


Memoria y paisaje, temporalidad y literatura, rostros y lugares habitan los versos de El perfil de la torre, el libro de Antonio Linares que publica Baile del sol.

Las cinco partes en las que se organiza están unidas por una misma voz elegiaca y celebratoria, por una mirada que desde el presente se remonta al pasado o evoca ciudades como Salamanca, Lisboa o Puerto de Santa María, con un dolorido sentir que se consuela con la música de Bach o con la palabra que se enfrenta al silencio, con una luz que no se apaga con la lluvia ni con los presagios de ceniza, ni con los atardeceres que diluyen el paisaje.

Estos poemas viven en el sueño, e y respiran la plenitud del fuego que robó Prometeo, el mismo fuego que derritió las alas de Ícaro, el mismo fuego en el que arden las palabras de los poetas a los que Antonio Linares homenajea en este libro: Hölderlin, Leopoldo María Panero o el romántico inglés al que le dedica el poema En la cremación de Shelley:

¡Cómo nos equivocamos!

La sombra de un frío invisible
flota sobre nosotros
en esta hora cruel.
Tú que lloraste por Adonais
entregas la vida bajo su nombre;
y ahora, inmóvil, golpeas con tus cenizas,
amortajado de fuego y arena,
nuestros rostros sin sangre.

Ariel ha despertado a la serpiente
con la espuma helada
de la yerma tempestad,
Ariel ha arrancado nuestro latido
contra la noche de llanto
para labrar esta sima.

Muerte reafirmada
con el perfume de trinitarias
en este mundo que ahora se pierde
en la barca de tu espíritu.

Lloramos por ti, lamentamos tu muerte
y como sombras turbias velamos
el frío de este fuego
sin malgastar temor ni esperanza.


16 octubre 2011

El desguace de la tradición

15 octubre 2011

Tablero de sueños

14 octubre 2011

Narrativas del olivo azul


Con un pie en la realidad y otro en la ficción, con una sostenida complicidad con el lector, los diecisiete relatos que Salvador Gutiérrez Solís ha reunido en Escritores, que publica Narrativas del olivo azul, son un muestrario de diecisiete situaciones ambientadas en la literatura y en sus alrededores.

Diecisiete relatos irónicos que resumen formas diferentes de afrontar la vida y la literatura: un poeta que pasa de ser vigilante nocturno a detective vocacional, otro poeta en excedencia, cínico y venal, el autor de una única novela, que un día deja de fumar y se embarca en un viaje para escritores, la fauna de las agencias literarias, un torero de salón miope que fracasa con su primera becerra y triunfa como escritor, un cocinero de fama transformado en novelista, un poeta maldito que practica la poesía intransitiva del silencio, el periodista asombrado en la Sevilla del año 20, un poeta rapero, un crítico-antólogo famoso por haber descubierto el cráneo de Lorca y las herraduras de Platero, un escritor de carteles o el novelista caníbal mexicano que practica un amor devorador.

La soltura narrativa de Gutiérrez Solís, el humor y la crítica recorren las páginas de estos relatos, que completan un retablo patético de figurantes y figurones, de zumbados y vanidosos que deambulan por los suburbios menos presentables del mundillo literario.

Muy distinta en tono y ambientada en el Berlín de los setenta, Pitcairn, la novela de Alejandro García Ingrisano, comparte con la de Gutiérrez Solís no sólo el sello editorial, sino el sentido del humor que se proyecta un parecido impulso satírico, en una visión crítica de la literatura y la sociedad.

Juan Soto Ivars –que, con admiración y envidia, prefiere prologar esta novela insólita a publicar sus propios textos- evoca la vida misteriosa, de mendigo elegante de García Ingrisano en aquel Berlín en el que coincidieron ambos. Esa experiencia berlinesa cristaliza en esta primera novela asombrosa. No es la primera vez que El olivo azul publica una opera prima así de llamativa.

No faltan en ella ni en el prólogo algunas sospechosas incoherencias, aunque el lector queda advertido desde el primer párrafo de la novela:

¿Incoherencia? Yo soy la incoherencia.

13 octubre 2011

Carlos Edmundo de Ory. Los aerolitos


Carlos Edmundo de Ory.
Los aerolitos.
Prólogo de Félix Grande.
Calambur 20 años. Madrid, 2011.

En la espléndida colección conmemorativa de sus veinte años, Calambur publica Los aerolitos, de Carlos Edmundo de Ory, una amplia antología de sus textos más característicos. Seleccionados por su autor y prologados por Félix Grande, son chispazos verbales, relámpagos escritos desde el asombro y la inocencia de una mirada inaugural (soy un sabelonada) o desde el desengaño que no se permite el patetismo. Beligerantes o celebratorios, en los aerolitos conviven la risa y el llanto (Mis muletas: el espanto y el humor), el fulgor y la noche, el juego y el fuego, lo admirable y lo preocupante, como señala Félix Grande en su prólogo Aerolitos delfines.

Mi oficio es encender llamas, escribe en uno de ellos Ory. Entre la revelación verbal y el aullido del lobo en la noche, entre el calambur y la metáfora, los aerolitos son fuegos de palabras de quien, mano a mano con la nada, es testigo de la dolorosa felicidad del hombre, de quien hizo del desierto su patria, hablaba de usted a los árboles y pobló con la duda su única certeza.

Porque Ory se veía a sí mismo como un limpiabotas del verbo y veía el mundo como una fábrica de lágrimas, pero sabía también que un poema es la autobiografía del sueño y que la poesía es un vómito de piedras preciosas.

12 octubre 2011

EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA


DECLARACIÓN DEL COLECTIVO LORENZO LUZURIAGA
EN DEFENSA DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA

1. Las huelgas de los profesores de educación secundaria de la enseñanza pública y las manifestaciones que se están produciendo este comienzo de curso

- no son sólo la respuesta a un conflicto laboral provocado por un aumento de horas lectivas y una disminución del número de profesores en la educación secundaría en la comunidad de Madrid.
- no son sólo una protesta por los daños que se inferirán a la educación secundaria en la Comunidad de Madrid como consecuencia de las medidas de ahorro adoptadas.

2. Por el contrario, la conflictividad presente es la expresión de un malestar en la escuela pública que viene acumulándose desde hace años como consecuencia:

- del descarado trato de favor del gobierno popular de Esperanza Aguirre a la escuela privada concertada y no concertada en general y a la enseñanza confesional en particular.
- de un modelo en que la enseñanza pública terminará siendo residual, reservada para quienes no tengan medios para acceder a la privada.

3. La conflictividad presente expresa el temor fundado de que el incremento de poder del PP en caso de una victoria electoral

-legitime y extienda a nivel nacional las políticas a favor de los centros privados, esos centros que gustan llamarse de iniciativa social, siguiendo el ejemplo de la Comunidad de Madrid y la Comunidad Valenciana.
- aproveche la crisis económica para poner en manos privadas, mejor todavía si son religiosas, toda la enseñanza que quieran absorber dejando la enseñanza pública para el alumnado que no les interese.
- se quite de en medio a unos profesores públicos fastidiosos, sustituyéndolos por profesores privados temerosos de perder sus puestos de trabajo.

4. Las huelgas y manifestaciones de la enseñanza secundaria de la Comunidad de Madrid sólo tendrán éxito de cara al futuro

- si son apoyadas por los profesores, padres y alumnos de todos los niveles educativos (porque mañana irán a por ellos).
-si son apoyadas también por aquellos profesores, padres y alumnos de la enseñanza privada que quisieran para sus centros un modelo de educación más público, menos caro y sobre todo más laico si son apoyados en todas las Comunidades Autónomas por toda la comunidad escolar y la ciudadanía (porque mañana irán a por los centros públicos de todas ellas).
-si son apoyados por la izquierda, el centro y aquella parte de la derecha civilizada que cree que España se merece una escuela pública como la que tienen los países de la Unión Europea y de la OCDE.

5. La ciudadanía progresista y liberal de nuestro país no puede aceptar un modelo educativo que, como el que propone el PP,

- nos devuelva al modelo franquista de una escuela pública disminuida y una escuela privada todopoderosa en manos de empresarios que buscan el lucro en la enseñanza o de instituciones religiosas que persiguen el adoctrinamiento de los alumnos.
- instaure una escuela jerarquizada según la clase social y capacidad económica de las familias.
-imponga una escuela segregadora en la que las clases más desfavorecidas, las etnias y los inmigrantes rechazados por la escuela privada concertada no tengan más opción que la escuela pública.
- establezca una escuela en la que los alumnos sean separados según sus creencias religiosas o su falta de ellas e incluso por su género.


Madrid, octubre de 2011

11 octubre 2011

Dos novedades de Calambur




Una vez estaba en la taberna el poeta inspirado haciendo su papel de poeta inspirado. Todos lo respetamos mucho en sus esperas de la voz misteriosa, aunque nunca se le haya visto una página terminada. Vino un parroquiano de la taberna con la alegría lúcida de los primeros vasos, y fisgó el renglón que campeaba en la hoja:


Lenta es la luz del amanecer en los aeropuertos prohibidos.

El verso hermoso, todavía único, con que iba a arrancar el poema.
El parroquiano suspiró:

—Es un buen empiece, poeta. Pero ahora qué.


Este es uno de los textos que forman parte de Sesenta y cuatro caballos, la generosa y representativa antología de la obra poética y narrativa de Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 1923 - León, 2009) que ha preparado Úrsula Rodríguez Hesles y que publica Calambur en la colección conmemorativa de sus 20 años.

Una antología en la que conviven en armonía los poemas de Meteoros con los relatos de Recuento de invenciones, porque, como señala Juan Carlos Mestre en su prólogo El hilo de la cometa, “lo poético en Pereira es su narratividad.”

Pereira compaginó con naturalidad la poesía y el relato, porque sabía que eran géneros afines. Por eso en su poesía hay una clara voluntad de contar y en sus relatos brilla con frecuencia el fulgor de la poesía, la imagen y la palabra, porque hay una serie de vasos comunicantes entre sus cuentos y su poesía: el humor, la sugerencia de la palabra que va más allá de sus límites, la potencia imaginativa o la complicidad con los lectores.

Aunque vinculado a la generación del medio siglo por motivos cronológicos y al grupo leonés por afinidades personales o relaciones de amistad, Antonio Pereira construyó, como poeta y como narrador, una obra profundamente personal, al margen de modas y movimientos episódicos.

Sus primeras publicaciones fueron poemas que vieron la luz en las revistas Espadaña y Alba, y por el camino de la poesía continuaría transitando en sus primeros libros, reunidos más tarde en el volumen titulado Contar y seguir (1972), de título tan machadiano como significativo, porque enuncia la relación profunda que hay entre su obra poética y su narrativa.

Y de ahí la convivencia natural de la poesía y la narrativa en estos Sesenta y cuatro caballos. El propio Pereira lo explicaba así: “Siempre me he considerado poeta, lo mismo cuando escribo en renglones cortos y medidos que llaman versos que cuando escribo todo seguido.”

“En mis libros de cuentos hay textos tan próximos a la poesía que no tendría inconveniente en incluirlos en un Adonais.”

Muy distintos de los de Antonio Pereira, los poemas de El niño que bebió agua de brújula, de Julio Mas Alcaraz, crean su propia lógica, construyen un contenido semántico autónomo y se vinculan entre sí con una sintaxis secreta y coherente.

La vinculación estética de Julio Mas Alcaraz con Ashbery -de quien hizo una celebrada traducción de El juramento de la pista de frontón- y con Antonio Gamoneda, que firma el texto introductorio: Frontispicio para Julio enloquecido por los límites, lo convierte en un poeta consciente y ambicioso que encarna el modelo de la escritura inconformista y se rebela contra las limitaciones de la realidad, de la existencia y de las palabras, porque vive la “sed de desvarío” que destaca Gamoneda en su presentación y sabe que, como dice el maestro, “la verdad es necesariamente incomprensible”.

El niño que bebió agua de brújula -Nuestras madres, de pequeños, cada mañana, nos daban una cucharada de agua de brújula- es una incursión en el subsuelo del dolor y en la noche, en la pregunta y en el grito, un libro sustentado en la intensidad emocional más que en la articulación racional de la realidad o de las secuencias temporales.

Porque estos poemas organizan su tiempo en “el orden de la memoria” que entiende el dolor y el vacío de las pérdidas. Porque este es un libro dictado por el dolor, escrito con tinta amarga y con la lluvia detenida en el frío de la noche del desamparo.

Un libro visionario, duro y punzante en el que los abismos existenciales y los vacíos vertiginosos se salvan a través de la palabra y la memoria, porque “el dolor más agudo y lento busca el recuerdo” para recomponer el orden de un mundo que ya es un espejo roto en mil fragmentos.

10 octubre 2011

Vivir y morir en Lavapiés



En sus textos anteriores, especialmente en Recuerdos de un cine de barrio, José Ángel Barrueco ya explicaba que su educación sentimiental y estética le debe mucho al cine. Y Vivir y morir en Lavapiés (Ediciones Escalera), su último y espléndido libro, es en gran medida un homenaje a la técnica cinematográfica y un aprovechamiento de sus posibilidades narrativas, heredero de La colmena de Cela, uno de los modelos novelísticos al que más debe este libro.

Ese homenaje y esa herencia están presentes ya en el título, que recuerda explícitamente a la película Vivir y morir en Los Ángeles, pero se concreta en la misma estructura de esta obra organizada en secuencias breves, en una narración articulada en fragmentos que se van conectando entre sí como teselas de un mosaico que adquieren su sentido en el conjunto.

Un conjunto que traza la realidad compleja del barrio de Lavapiés, ese Madrid céntrico y profundo situado entre la glorieta de Embajadores y Tirso de Molina, entre Atocha y la Ribera de Curtidores, en el que conviven problemáticamente los jubilados y los inmigrantes, los yonkis y los poetas, los policías y las cuadrillas de obreros o la pareja que sobrevive con sesiones de cibersexo en chat sobre un paisaje áspero y violento de plazas y calles, de esquinas y portales, de locutorios y fruterías, de bazares y casas de vecinos, de pintadas y farmacias.

Porque Lavapiés lo es todo (...) Es una caricia en el rostro. Y, a la vez, un puñetazo. Es basura y es poesía. Es flor y barro. Es un sucio y puto estercolero y es una maravilla y un paraíso. Habitan ángeles y demonios, aquí.

Una realidad tan plural como esa sólo puede ser reflejada a través de una técnica caleidoscópica que integre una multiplicidad de voces y de enfoques. Una técnica en la que cuenta mucho la mirada hacia la realidad cambiante, pero también el diálogo rápido y conductista que la refleja y en las elipsis y los silencios que reivindica en este fragmento, titulado Los márgenes, un personaje que no cuesta trabajo identificar con el autor:

—¿Sabes, colega, lo que más me gusta de una obra? Y me refiero a distintos formatos: ya sean novelas, series de televisión, películas, cuentos o incluso canciones.
—Ilústrame, por favor.
—Las elipsis. Lo que no se ve. Lo que queda fuera. Lo que está en los márgenes. Lo que debemos intuir e imaginar. Los silencios. Los espacios en blanco.


Concentrada en un solo día para compensar la dispersión de espacios y organizada en tres momentos –mañana, tarde y noche-, Vivir y morir en Lavapiés es la mejor obra de José Ángel Barrueco hasta ahora y lo confirma como un escritor potente, dueño de una mirada y un talante narrativos que se han educado y enriquecido tanto en el cine como en los libros o los comics.

09 octubre 2011

Di Benedetto. Trilogía de la espera

08 octubre 2011

Millares Sal. Krak



José María Millares Sal.
Krak.
Calambur. Madrid, 2011.

En Las Palmas, en febrero de 2009, fechó José María Millares Sal su último libro, Krak, que dejó preparado unos meses antes de morir. Como Liverpool, como Esa luz que nos quema, como los Cuadernos, este es un libro asombroso, pero aún más radical. Krak es el nombre del intruso que irrumpe como un torbellino en la vida del poeta en 2008 para desordenar el mundo y someterlo a la lógica del caos. Sonriente y diabólico, brutal y corrosivo, Krak -un espíritu sin espíritu- recorre perturbadoramente estos poemas visionarios con una libertad y una potencia que va más aún más allá del resto de los libros de Millares Sal.

07 octubre 2011

Tomas Tranströmer, Nobel de Literatura 2011



Miramos hacia arriba: el cielo estrellado a través de la reja de la alcantarilla.


Hoy, en la revista
Encuentros de lecturas, la reseña de Deshielo a mediodía, su último libro traducido al español y publicado en Nórdica.

06 octubre 2011

La Gramática de todo el mundo




Así titula José Manuel Blecua, director de la Real Academia Española, la carta de presentación de la Nueva Gramática básica de la lengua española, que editan las veintidós Academias de España, América y Filipinas.

Se trata de un manejable volumen de bolsillo de trescientas páginas, un manual de consulta rápida publicado por Espasa y pensado para el gran público y para el ámbito escolar.

Quizá ninguna otra de las diferentes versiones de la Nueva gramática, la edición completa en dos tomos y el manual que la simplificó un año después, consigue como esta el objetivo de que la norma académica sea accesible y asequible para todos los hispanohablantes: para los usuarios y los estudiantes, para los especialistas e investigadores, para quienes tienen el español como primera o segunda lengua, y para los profesores de español en los diversos niveles académicos.

Es un largo camino el recorrido desde la publicación de los dos tomos de la Nueva gramática de la lengua española, que hace una par de años culminaba un largo proceso que duró casi ocho décadas, hasta esta Nueva Gramática básica.

Con una estructura muy clara que aborda en su primera parte la morfología y las categorías gramaticales y se centra luego en la sintaxis de la oración simple y la oración compleja, la Nueva Gramática básica jerarquizada en orden descendente sus contenidos, presentados con precisión y exactitud y subrayados con ejemplos significativos de uso.

Finalmente es el resultado del esfuerzo de síntesis de un equipo cuyo trabajo ha durado año y medio y ha sido
coordinado por Salvador Gutiérrez Ordóñez, académico y catedrático de Lingüística General de la Universidad de León, que explica así el sentido de la nueva publicación:

Preocupada por la orientación práctica que ha de conducir al dominio de las destrezas o artes de “hablar y escribir con corrección”, esta Gramática básica presta especial énfasis en destacar observaciones normativas que surgen al hilo de las descripciones gramaticales. Combina, pues, la dimensión descriptiva con la normativa. Se centra principalmente en el español estándar y elige en cada caso las opciones cultas mayoritarias entre los hispanohablantes. En su concepción, desarrollo y aprobación han participado de forma activa todas las Academias, por lo que constituye una nueva manifestación del espíritu panhispánico que preside todos sus proyectos. Es una gramática esencial y didáctica que, a través de su sencillez y claridad aspira, en definitiva, a convertirse en la gramática de todo el mundo.

Y con el convencimiento de que la norma del español no es única, sino que es policéntrica, José Manuel Blecua, destaca que esta gramática asequible combina la brevedad descriptiva con la dimensión normativa y muestra esa combinación con una organización didáctica que aspira, en definitiva, a convertirse en la gramática de todo el mundo.

05 octubre 2011

La resurrección del alerce



04 octubre 2011

Dos novedades de Reino de Cordelia



Reino de Cordelia acaba de publicar dos novedades dispares en género y en contenido, pero similares en calidad y en el cuidado de la edición.

En la colección Los versos de Cordelia, que llega ya a su octava entrega con este libro, aparece una cuidadísima edición de los dos primeros cantos de la Iliada con las traducciones que Luis Alberto de Cuenca publicó en los años ochenta y noventa en la revista Poesía. Revisadas y presentadas por un prólogo espléndido escrito para esta nueva edición, las versiones de los memorables textos de Homero van acompañadas por las no menos memorables ilustraciones, de línea clara y refinado neoclasicismo, que John Flaxman dibujó en Roma a finales del XVIII.

No todo está en estos dos primeros cantos, que son sin embargo una inmejorable forma de entrar en el fragor de la batalla, en la que Homero exaltó a los héroes y rebajó a los dioses para que unos y otros compartieran el campo y las heridas, los rencores y las venganzas. Lo resume así Luis Alberto de Cuenca en su introducción:

Homero nos introduce en un mundo muy especial reservado a los héroes, un mundo en el que los sentimientos básicos del ser humano —el amor, la amistad, el odio, el coraje, la venganza, el honor, el dolor, la fidelidad, la traición, etc.— se dirían recién creados, y ello en razón a la frescura y grandeza con que aparecen en cada personaje.

La otra novedad es Mi España particular, el libro de viajes que escribió Edgar Neville (Madrid, 1899-1967), prosista, dramaturgo y cineasta del otro 27, cuando volvió de Londres tras comprar un Aston Martin como el de James Bond. Al regreso, conduciendo ese coche –un lujo ostentoso en la España del 56-, Neville hizo un recorrido que le llevó de Irún a Madrid, de allí a Segovia, a Toledo, a Salamanca, a la Costa Brava, a Levante y Andalucía para regresar por Extremadura y subir a Galicia y Asturias.

Así surgió este libro de viajes que se subtituló Guía arbitraria de los caminos turísticos y gastronómicos de España y que recupera Reino de Cordelia con las curiosas ilustraciones del autor que aparecieron en la edición original de 1957 en Taurus.

Lo introduce un prólogo de Fernando R. Lafuente, que resume así el sentido y la vigencia de este libro que forma parte de lo mejor de la obra de Neville:

La guía, su España particular, es un magistral compendio de monumentos, palacios, museos y templos, pero con un ingrediente absolutamente moderno que hoy está instalado en cualquiera —con dinero o sin él— al realizar un viaje cultural, o como se llame, si no incluye el aspecto gastronómico es un viaje a medias, un viaje renco, un viaje sin placer, un viaje fracasado.

03 octubre 2011

Los barcos se pierden en tierra

02 octubre 2011

Manuel Longares. Las cuatro esquinas


Manuel Longares.
Las cuatro esquinas.
Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.
Barcelona, 2011.

En una España en la que empezaba a amanecer, el 23 de noviembre del cuarenta y tantos, se sitúa El principal de Eguílaz, el primero de los cuatro relatos que componen Las cuatro esquinas, el último libro de Manuel Longares que publica Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores.

En ese Madrid de los amaneceres con fusilamientos sumarios y en la glorieta de Bilbao se cruzan los señoritos juerguistas que han ganado la guerra y vienen de recogida, con los obreros que salen a esa hora a trabajar. Y muy cerca de allí se producen las apariciones de una Virgen que huele a boniato.

1940, 1960, 1980, 2000 son las cuatro décadas en las que transcurre este retablo narrativo, estos cuatro relatos que recorren las cuatro edades del hombre a través de cuatro momentos de la historia de la sociedad española contemporánea. Un retablo habitado por cuatro tipos de personajes: los súbditos de la posguerra, la juventud inconformista de los sesenta, las víctimas y los verdugos en los años de la transición y los ancianos preocupados por el más allá.

La miseria, la ingenuidad, la perfidia y la transcendencia caracterizan cada uno de esos cuatro momentos, cada uno de los cuatro episodios de estas cuatro esquinas que trazan el mapa de la España reciente. Un mapa trazado con la sutileza narrativa de Manuel Longares, con su mirada crítica, compasiva y profunda, y con una de de las prosas de más calidad de la literatura española contemporánea.

01 octubre 2011

Cela. La rosa



Camilo José Cela.
La rosa.
Austral. Madrid, 2011.

Entre el recuerdo y la ficción, entre la prosa lírica y la capacidad narrativa, entre la descripción y el diálogo, La rosa es el primer volumen de un proyecto de memorias que Cela concibió bajo el título general de La cucaña. Aparecieron en 1959, cuando su autor ya gozaba de un prestigio que el tiempo ha ido mermando. En todo caso, la evocación de la infancia entre 1916 y 1923 en una Galicia rural, la calidad y la eficacia de su prosa, la suma de humor negro y melancolía hacen de este libro que publica Austral por primera vez en formato de bolsillo y con abundantes ilustraciones una de las obras de Cela que mejor han soportado el paso del tiempo.
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