27 julio 2015

El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin



La música contemporánea, hoy, es sustancialmente una realidad mantenida en pie artificialmente. Es un organismo en coma que algunas máquinas homologadas mantienen con vida. Es curioso, pero en un mundo que está ya regulado por las leyes del mercado, una realidad como la de la música contemporánea, que comercialmente hablando es una ruina continua, consigue vivir en unas condiciones de digna seguridad. Es verdad que, en general, la música en su totalidad se mantiene en pie gracias a las inyecciones de dinero público que la eximen de compararse con las más cínicas y recalcitrantes reglas del mercado. Pero la lírica tiene un público, las obras de la gran tradición clásica tienen un público, hasta la música antigua tiene un público. Esto no basta para asegurarles una independencia económica sino que basta para justificar que se acuda en su ayuda. Lo bueno de la música contemporánea es que, se quiera o no, no tiene un público. Ni siquiera el terrorismo cultural de los años sesenta y setenta consiguió encauzar hacia ella auténticas pasiones.

Alessandro Baricco. 
El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin.
Traducción de Romana Baena Bradaschia. 
Siruela. Madrid, 2008.