06 mayo 2016

Dos textos de Reloj de sombra



Presentación a cargo de José María Jurado. 
A las siete de la tarde en la Sala Apeadero del Ayuntamiento de Sevilla.
A las ocho, en la caseta de La Isla de Siltolá, firma de ejemplares.

Dejo aquí dos poemas de la primera parte del libro, Noción de lugar:


BAHÍA DEL DURMIENTE

Está solo en la playa de un sueño intransitivo, 
solo ante la bahía sin bañistas. Y el sueño
tiene un compás de sístoles y diástoles de plomo.

El mar contrae su máscara lunar sobre los cuerpos 
cansados de los mitos
y arde en las madrugadas genitales del mundo
y en los rostros antiguos 
de mármol mutilado y ojos ciegos.

Está solo en la playa. Se ha quedado tumbado 
bajo los altos muros de la historia,
sobre el rastro tranquilo de su vida 
y ya no mira atrás, solo respira
como respira el mar, al fondo de sí mismo,
con sístoles y diástoles de plomo y de salitre.




ROSA DE SAL Y SOL

Vino del mar. Traía  
una rosa de sal y sol en la palabra
y un confín de caballos en su memoria de agua.

Memoria y profecía de los barcos que cruzan 
sobre el mar del futuro con sus velas mayores,
con sus lentos naufragios, sobre este mar antiguo.

Viene en el mar la lluvia que lloverá mañana 
y en el humo la noche con su fuego de cedros.
La materia ya ha escrito su futuro en las nubes
con signos sinuosos de luz indescifrable 
y el ojo sabe el óxido antes de la tormenta.

El ojo desbocado del caballo 
en su galope ciego hacia el centro del bosque, 
hacia la honda raíz donde entierra la tarde 
su humedad menos verde
y trenza un canto mudo, un fractal de preguntas.

Vino del mar, del sueño,
de las lentas fogatas del frío y su pulsión de luna.

Numeral y con fiebre, con fervor de aguacero, 
la noche material de la serpiente,
la antífona de luna,
la luna de la sed, la luna sola.

Hijo de la palabra bajo el viento y la nieve, 
que este espejo de sombras te deslumbre en la tarde
frente al mar numeroso, frente al mar sucesivo 
y las estrellas muertas sigan brillando arriba
en su vértigo azul de tiempo y de vacío.

Avatar de astrolabio, noche del equinoccio 
en esta larga luz que brilla en la tormenta 
como una espada ardiente contra los pedernales.