08 mayo 2026

Retrato de un poeta

 


“Por razones que al autor le bastan, he decidido pintar un nuevo retrato del gran poeta Jaime Gil de Biedma. Han pasado más de veinte años desde que me atreví a pintarlo por primera vez, impulsado por mi devoción particular y por el hecho de que su figura irradiaba un aura irresistible basada en la calidad de su obra, su vida inverosímil y una muerte cruel que fue símbolo de toda una época. Todavía hoy, Jaime Gil de Biedma sigue siendo un verdadero mito de nuestra poesía”, escribe Miguel Dalmau en el prólogo que abre la nueva versión “ampliamente revisada, actualizada y con numerosos nuevos materiales”  de su ejemplar biografía de Jaime Gil de Biedma que acaba de publicar Tusquets.

“Debo recordar que mi primer retrato -añade Dalmau- desató un revuelo sin precedentes por razones que rebasaban ampliamente lo literario. Algunas de las figuras más notables de la cultura española, y otras que no lo eran tanto, tomaron partido a través de críticas, artículos de opinión, declaraciones en radio y televisión, cartas a los medios, e incluso intervenciones en programas de prensa rosa. Los motivos de ese revuelo mayúsculo tenían que ver con la escandalosa vida privada del poeta, que se presentaba en mi retrato de un modo descarnado y directo.
Este detalle es fundamental, porque los detractores del trabajo ajeno suelen olvidar lo importante. Y lo importante aquí es tener claro que la verdadera finalidad de una biografía es contarnos la historia de una persona, es decir, relatar lo que le sucedió a alguien de relieve y sobre todo lo que fue significativo para él. No para nosotros. Y nos guste o no, cada persona es distinta y reclama una mirada singular. Quizá el indagar sobre la vida íntima de Borges, por ejemplo, no sea la mejor idea que un ser humano pueda tener en este valle de lágrimas. Pero cuando se plantea el retrato de un sentimental incontrolado, como Jaime Gil de Biedma, de un erotómano, de un poeta que cantó al amor y sus desvelos, de un hombre, en fin, que pagó con la vida los excesos carnales, quizá sea una buena idea asomarse al otro lado del espejo. Si no aceptamos esto desde el principio, no podremos valorar nunca una biografía valiente ni tampoco ver lo mucho que tiene de acto de justicia. Y no solo poética.”

Retrato de un poeta es el subtítulo de esta monumental biografía que se publicó por primera vez hace más de veinte años, en Circe, con una acogida muy crítica del círculo cercano a Gil de Biedma, de Juan Marsé a Jaime Salinas.

En estas dos décadas ha ido apareciendo nuevos materiales que justifican la nueva edición revisada en Tusquets de este ensayo biográfico que se guía siempre por la interrelación entre vida y obra, entre experiencia real y escritura poética para componer una imagen global de Gil de Biedma, que hizo de la poesía su manera de estar y de verse en el mundo.

Al tríptico en que se organizan ambas ediciones (Infancia y confesiones, El juego de hacer versos y Contra Jaime Gil de Biedma) se le anteponen ahora en esta reescritura no sólo el prólogo citado, sino también un breve texto preliminar (Barcelona. Año cero) que sustituye al también breve Tríptico 1978 que abría la edición de 2004, con una evocación de la visita al despacho que un Gil de Biedma recién muerto tenía en la sede barcelonesa de la Compañía de Tabacos de Filipinas, para hacer un escrutinio de su escasa biblioteca. 

Sus tres partes toman como significativos títulos los de tres poemas fundamentales de Gil de Biedma para reconstruir su contexto familiar y su biografía hasta 1956, el año crucial que dejó reflejado en su Diario del artista seriamente enfermo; su itinerario vital y su trayectoria poética desde Compañeros de viaje hasta Poemas póstumos y su compleja vida sentimental.

 Y esas tres partes completan el diseño de una biografía construida sobre la lectura de la obra de Gil de Biedma, sobre la extensa bibliografía secundaria que generaron su obra y su vida y sobre abundantes testimonios orales o epistolares de quienes formaron parte de su círculo más cercano por razones literarias o familiares, amistosas o sentimentales. Testimonios a veces contradictorios que le hacen escribir a Dalmau en un momento determinado del libro que “escribir biografías es un reto de otro mundo.”

Pocas obras habrá en la literatura contemporánea en español tan hondamente enraizadas en la construcción de un personaje poético como la que, al menos en su superficie, completa Jaime Gil de Biedma entre Las personas del verbo y sus diarios. Y una obra como esa, tan radicalmente autobiográfica, requería una biografía como esta, que rastrea minuciosamente y dilucida su fondo intrahistórico, sus máscaras literarias y sus juegos de espejismos y espejos que reflejan la realidad o la deforman.

"Mitad Narciso, mitad Calibán", el alcohol y la soledad, la rebelión de la carne y el tiempo recobrado, la amistad y las transgresiones, las conversaciones y las derivas, el paso del tiempo y las relaciones clandestinas, el aprendiz de cónsul en Sodoma y el alto ejecutivo por herencia familiar en Tabacos de Filipinas, el vitalismo desbordado y la plenitud amorosa, las conjuras políticas y el señoritismo del poeta con mayordomo, la pasión gitana y las manchas tropicales, Nava de la Asunción y Nueva York, los encuentros y las deserciones, Marsé y Barral, Barcelona, Manila y Ultramort, el diario secreto de 1978 y los poetas del 50, el brillo social y la descomposición física e intelectual de sus últimos meses recorren las páginas de este segundo Retrato de poeta de Miguel Dalmau, una completa biografía que, con la actualización de sus testimonios y la reelaboración de sus materiales, con su ejercicio de reescritura y con un cuadernillo central con cuarenta y una ilustraciones, traza una imagen más matizada del personaje, que aparece aquí con un perfil más complejo y contradictorio, más profundo y más humano, entre el morbo y el secreto, entre el reconocimiento público y el silencio voluntario de un poeta que “había quemado su vida tratando de ocultar la verdad.”

Una imagen asentada también en iluminadoras lecturas de textos como Pandémica y celeste, “el poema que me tiene más contento de todos los que he hecho”, como le explicaba a Juan Ferraté en una carta, y “el mejor camino para acercarse a la poesía amorosa de Gil de Biedma, porque en él desarrolla su particular teoría del amor.” Un texto que además adquiere una dimensión más potente si se recuerda la muerte del poeta, ocasionada por el sida y por unas relaciones más pandémicas que celestes.

Todo ese nuevo material sobre Gil de Biedma -explica Dalmau-  “me indujo a pintar un nuevo retrato, dirigido especialmente a las nuevas generaciones, con el deseo de que lleguen a descubrir a un autor que nos seduce por su cercanía y que con el tiempo termina siendo como un amigo del alma. Aunque he conservado gran parte de mi material anterior, los cambios son decisivos: he suprimido capítulos enteros, he incorporado otros nuevos, he añadido las aportaciones antes mencionadas, he revisado viejos testimonios y he sumado otros de interés; asimismo he reinterpretado algunos hechos y he completado mis primeras impresiones. En suma, he vuelto a pintar a Jaime Gil de Biedma.”