02 mayo 2013

La lenta furia de Fabio Morábito


El temblor no llegó con su intenso cortejo de cristales ni su amplia funda de razones. Apenas se insinuó de casa en casa, sedoso y delicado, palpando las esquinas y las puertas. Los que dormían en los últimos pisos del edificio oyeron los golpes espaciados con que tanteaba la solidez de la construcción, un tenue ¡pum! ¡pum! ¡pum! Que la mayoría confundió con los latidos de sus pechos. Era como el primer ruido del mundo, no manchado por ninguna impureza.

Así comienza Oficio de temblor, el espléndido texto que cierra La lenta furia, la colección de cuentos de Fabio Morábito que reedita Eterna Cadencia.

Publicado por primera vez hace casi un cuarto de siglo, fue el primer libro de relatos del mexicano, poeta y ensayista además de narrador, pero esos textos ni eran obra de un principiante ni han perdido músculo literario en este tiempo.

Madres en celo que en junio se mantienen desnudas y al acecho sobre los árboles, húmedas y furiosas; la venganza frutal de El Tapir; la creciente familia Vetriccioli, traductores minuciosos, delgados e invisibles en el que tal vez sea el mejor relato del conjunto; la descabellada paranoia de una pareja que maquina el cumplimiento de sus sospechas sobre una criada en La perra; un turista, voyeur de un adulterio; unos mal avenidos cazadores de lagartijas; el huidor perpetuo (su forma de huir recordaba a las llamas) o la visión sísmica de Oficio de temblor muestran la extrañeza ante lo cotidiano, el lado secreto de las cosas y las gentes. 

Sorprendentes o melancólicos, humorísticos o dramáticos, desmesurados e inverosímiles a veces, fundan –uno a uno y en su conjunto- una inconfundible mirada sobre la realidad y constituyen una referencia imprescindible en la narrativa breve de las últimas décadas en español.