01 mayo 2013

Madrigal en Barataria



Ante las fechorías que traen de cabeza a un ejército de jueces, fiscales y policías, y que hacen trabajar a destajo a los periodistas que todavía sobreviven a los ERES de sus empresas, a pesar de que podría quedarse tranquilamente en la cama toda la mañana, Madrigal, en cuanto recibe en su rostro los aguijones del alba, salta como un tigre de la cama, y sin tomarse la molestia de servirse un frugal desayuno segoviano, se abalanza sobre su tablero de dibujo para denunciar de inmediato estafas y fechorías. Temeroso de que la carga explosiva de su dibujo mañanero no contenga munición suficiente contra los expoliadores, vuelve a la carga desenvainando la pluma y acomete furibundo con su sarcástico y acerado verbo las bolsas de basura que llevan a cuestas los innumerables malandrines que nos desvalijan. Así de agitado vive y trabaja nuestro hombre pasando los días de claro en claro entre dibujos feroces como jabalíes y noches de turbio en turbio, soñando madrigales entre jilgueros y ruiseñores, escribe Peridis en el prólogo de Cada vez hay más gente paseando bolsas de basura llenas de euros, el volumen en el que Barataria reúne artículos y viñetas de Madrigal.

Un diálogo entre el Mudo y el presunto Bárcenas, la historia de Frescobaldi y Paganini o la descripción de una hijoputeca centran algunos de los treinta y tres capítulos en que se organiza un libro en el que el sarcasmo parece la única alternativa a una realidad cada vez más turbia.

Para que se aprecie bien ese tono, dejo aquí dos ejemplos de ese humor agrio. Uno de ¿Es España una marca registrada o una denominación de origen?:

Parece que España no es una «unidad de destino» sino una marca. ¡Como lo oyen! «Niño: ¿tú de dónde eres?» «Yo soy de la marca registrada ?España?, que no tiene aditivos ni conservantes.» Y parece que esa «marca España» puede sufrir grandes perjuicios en su credibilidad y competitividad en los mercados internacionales por actos altamente antipatrióticos, como manifestarse contra los recortes de los derechos laborales, plantarse ante el Congreso de los Diputados diciendo que no nos representan, publicar artículos ofensivos contra la política económica del gobierno o escarbar en los contenedores de basura buscando comida como si fuéramos unos muertos de hambre. ¡Nosotros, que fuimos hasta hace bien poco reserva espiritual de Occidente y martillo de Trento! ¡Por favor!...

El otro, del artículo que da título al libro. Termina así:

¿Existe alguna disposición en nuestra Constitución, aprobada por el Congreso y el Senado el 31 de octubre de 1978 y ratificada por el pueblo español por Referéndum el 6 de diciembre de 1978, que regule expresamente o prohíba la introducción de euros de curso legal en bolsas marrones de las destinadas inicialmente al transporte de detritus, mondas o cáscaras?...

Si detenidamente examinamos el variado articulado de nuestra Carta Magna veremos que no hay ninguna norma que diga lo siguiente: "Queda terminantemente prohibido y será sancionada por anticonstitucional, la introducción de euros en diferentes cuantías o billetajes, en recipientes blandos de material plástico de los destinados al acarreo de inmundicias".

Entonces ¿por qué tanta crítica y saña mediática contra aquellos que sacan de paseo bolsas de estas características? ¿Acaso no nos recomienda el médico de cabecera andar y hacer ejercicio, por ser bueno ello para el corazón, la circulación sanguínea e incluso la artritis reumatoide?... Lo que hay que hacer, decimos el Mudo y yo, es perseguir a los ladrones de siempre, que están dejando en el extranjero a la marca- España hecha unos zorros, y dejar en paz a las gentes de bien con sus bolsas de mano.

Otro día escribiremos sobre los sobres con dinero negro, injustamente perseguidos en España.