08 septiembre 2013

Fuentes



Si el recorrido por los paseos y jardines de Cáceres permite trazar trayectorias rectilíneas que siguen los puntos cardinales y las direcciones en las que ha ido creciendo la ciudad, de norte a sur y de este a oeste, el recorrido por las fuentes y manantiales que abastecieron a los habitantes de esta ciudad sin río, es circular y se circunscribe al perímetro de su periferia histórica. 

Ese recorrido podría arrancar desde el Parque del Príncipe, donde está la fuente de la Madrila, a cuyas aguas se les atribuían propiedades medicinales, y de Hinche, con sus lavaderos a la entrada del Olivar de los Frailes, un espacio natural recuperado recientemente como parque y zona recreativa. Su vegetación de bosque mediterráneo con encinas, alcornoques, olivos y perales silvestres crece en el paraje conocido como la Sierrilla, en cuya vertiente noreste otra fuente, la de Aguas Vivas, sirvió de abrevadero para el ganado, de abastecimiento para los cacereños y de lavadero público.

Remontando las huertas tradicionales de la Ribera del Marco, frente al Arco del Cristo, la puerta romana y oriental de la muralla, la Fuente del Concejo fue la más frecuentada de las fuentes históricas de Cáceres. Sus aguas, finas y abundantes, transportadas en cántaros por aguadores profesionales y mujeres de milagroso equilibrio, abastecieron durante más de cinco siglos a los habitantes de los barrios más castizos del Cáceres histórico y popular. Se construyó en el siglo XV con piedra de granito y depósito abovedado. Pocos años después paseó por las huertas próximas la reina católica y se detuvo en la huerta de la gracia, donde concedió un privilegio de riego al que la memoria intrahistórica llama el huerto del ansioso, que hasta hace poco conservaba un nogal centenario. 

Ribera del Marco arriba, la de Fuente Fría sigue siendo en la actualidad la más visitada por los cacereños, que guardan largas colas para llenar sus recipìentes del agua de dos potentes caños. Un agua que procede de una infiltración en las cuarcitas de La Montaña, lo que explica su naturaleza silícea y sus propiedades diuréticas.

De otra surgencia cárstica, en la que afloran las aguas infiltradas en los terrenos calizos que rodean la ciudad, nace la Fuente del Rey o del Marco, que ha servido desde los orígenes de la ciudad para regar las huertas de la Ribera del Marco, para generar potencia hidráulica a las norias y molinos de agua  y para abastecer de ese recurso natural a las tenerías, los batanes y los lavaderos de lanas de la margen izquierda de la ribera.


 (Santos Domínguez. Nueve variaciones sobre fondo azul. 
En Patrimonio natural. Ciudades Patrimonio de la Humanidad. 
Ed. Alvarellos, Santiago de Compostela, 2010)