09 noviembre 2013

Letras desnudas


--¿Qué le dirías al ministro de Educación tomando un café?
--Que no tome café y que se relaje. Si puede ser en su casa, mejor que en el Ministerio.

Santos Domínguez


Salvador Vaquero 09/11/2013

Poemas entrañables jalonan los más de veinte libros del catedrático de Literatura Santos Domínguez Ramos, quien cuenta con premios como el Gerardo Diego por Tres retratos del frío, el Premio Internacional Jaime Gil de Biedma y Alba por Díptico del infierno, el Premio Eladio Cabañero por Las provincias del frío y el Premio Tardor por En un bosque extranjero. En 1996 participó en la creación de la red de talleres literarios de Extremadura, que coordinó durante seis años, y fundó y dirigió entre el año 2000 y el 2004 el Aula José María Valverde.

--¿Quién es Santos Domínguez Ramos?

--Lo diré con un verso mío: Soy un hombre que mira.

--¿Se nace poeta o es una creación humana?

--No se nace poeta, como no se nace bueno ni malo. Hay causas diversas que fomentan la afición, que si persiste es vocación y hasta oficio que tiene mucho de aprendizaje y algo de inspiración.

--¿Se siente más a gusto como crítico, como escritor o como docente?

--En las tres actividades estoy muy a gusto. Hay entre ellas, como se dice ahora, puertas giratorias y evidentes y enriquecedoras vías de comunicación. En el crítico literario que firma sus reseñas como Santos Domínguez hay algo del profesor y del poeta Santos Domínguez, el mismo que cuando explica a sus alumnos el teatro de Shakespeare o la poesía de Cernuda acumula en sus palabras su experiencia como poeta y su mirada crítica.

--¿Los estudiantes de ahora son mejores o peores que los de su tiempo?

--Mucho mejores, sin ninguna duda. Y hoy tienen mejores profesores que los que padeció mi generación, que en sus apuntes mohosos confundían la literatura con una retahíla de nombres, obras y fechas que la hacían aborrecible. Afortunadamente pudimos descubrir, pese a aquella enseñanza abominable, que la literatura era otra cosa.

--Muchos premios de literatura en tus vitrinas, pero ¿con cuál te quedarías?

--Con todos, claro. Todos están rodeados de recuerdos imborrables; todos me han dado la satisfacción del reconocimiento de una labor siempre solitaria y a menudo llena de inseguridad. Ese, el de la incertidumbre, es el territorio natural de la escritura. Y de la poesía, especialmente.

--Y de sus libros, ¿cuál es su predilecto?

--Siempre el último. Hoy, El dueño del eclipse , porque es el que más se identifica con el poeta que escribe en la actualidad.

--¿La red de talleres literarios ha propiciado la situación actual de las letras extremeñas?

--Creo que ha habido otros hechos más importantes en la normalización de la literatura en Extremadura: la Facultad de Filosofía y Letras, el apoyo a la cultura desde la autonomía, la Editora Regional. La red de talleres literarios intentaba llevar esa normalización a zonas rurales y a personas alejadas de esos núcleos literarios.

--¿El escritor debe estar al margen de la política o la escritura puede ser un arma de compromiso político?

--El verbo debe es incompatible con la libertad que debe presidir cualquier actividad creativa. El poeta tiene un compromiso ético con su propia escritura, con la palabra y con la obra bien hecha. Eso es lo que espera la sociedad del escritor, que cuando sale a la calle es un ciudadano más, comprometido con sus ideas políticas, tan variadas que habrá quien piense de otra manera respecto a esta cuestión del compromiso.

--¿Qué le dirías al ministro de Educación tomando un café?

--Que no tome café y que se relaje. Si puede ser en su casa, mejor que en el Ministerio.

--¿Tiene que llover mucho más Por la calle del aire ?

--Por esa calle de Cádiz no hace falta que llueva a cántaros. Con que siga soplando el levante desde allí hasta la plaza de Mina me conformo.

--¿Los best sellers son producto de la literatura o del marketing?

--Son un subproducto que tiene como motor la promoción y como único objetivo el éxito comercial, por encima de cualquier referente de calidad.

--Una anécdota divertida.

--En un campeonato universitario de fútbol, a mediados de los setenta, jugando Filosofía, mi equipo, contra Ciencias, nos presentamos sólo siete. Jugamos y perdimos 11-2. Contribuí decisivamente a disimular el vapuleo: metí un gol de penalty y sujeté al portero para que un compañero metiera el segundo. El árbitro o no lo vio o fue compasivo. El portero se lo tomó bien. Creo que nos entendió.

--Un rincón de Cáceres donde sentir la paz.

--En cualquiera. La paz la lleva uno dentro. Para decir un sitio, aunque no tenga rincones, todo el entorno de la Montaña, la Umbría, el Portanchito.

--Un libro que te haga regresar a sus páginas.

--Cien años de soledad . Una y otra vez.

--Un menú para un día especial.

--De entrada, jamón ibérico y cañaíllas. Salmonetes y atún de Barbate. Solomillo de ternera poco hecho.

--Un recuerdo de tu infancia en Cáceres.

--Las vacaciones, desde finales de mayo hasta mediados de octubre. Eso eran vacaciones. El Rodeo, Cánovas. Las novilladas los domingos de julio y agosto.

--Un viaje inolvidable.

--A París para leer en el Instituto Cervantes con Antonio Colinas.

--Una reflexión ante la vida.

--Una reflexión, no. Un deseo: que dure con salud y con dignidad.

--Una canción que recuerdas con cariño.

--Por la calle del aire, cómo no.

--¿Cómo te gustaría que te recordaran?

--Como un hueco irrellenable, como yo recuerdo a los muertos que me importaban cuando vivos.