23 febrero 2018

Miguel Veyrat. Diluvio



Ahora se abrazan los unos a los otros los eucariotas descongelados súbitamente por el rayo se suceden en las fagocitosis mitocondriales desde nuestro ancestro el microbio pero bendecidos por la entonación anterior a todo verbo primordial e intentan el canto tras intentar el habla en la ausente caída solitaria ahora saben que si no hay otro con quién recitarse formas ulteriores nnno podrán pensarse entre llamas retorcidas, escribe Miguel Veyrat en el poema En la eucariogénesis, que abre Salto mortal al asalto, una de las diez secciones de Diluvio, que publica La Isla de Siltolá en su colección Tierra.
Diez secciones que son también las diez estaciones de un itinerario espiritual hacia la luz, los diez momentos de un vagabundaje por la perplejidad de un poeta que se convierte en domador del caos con la palabra, en amante de los relámpagos y las iluminaciones de un libro en el que cantan los muertos y el conocimiento es una herida sin respuesta porque -como señala Marta López Vilar en su prólogo- "todo nace desde la extinción. La palabra nace desde la extinción, desde la muerte. Pero estas palabras, precisamente, son las únicas que gestan el lenguaje larvado que late y al que el poeta se acerca, en silencio y vacío.”