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16 abril 2020

Silencio antifascista



Ahora, por lo que se ve en las redes, lo antifascista es estar calladitos. Nada de crítica, nada de protesta, ninguna disidencia con el gobierno. Para ayudar, dicen. 
Les falta explicar cómo ayudan el silencio o la falta de crítica a resolver nada. La ayuda es solo para ellos. El silencio unánime de los corderos lo necesitan para blanquear sin daño la irresponsabilidad culposa de su mala gestión quienes ahora identifican la responsabilidad con el asentimiento cómplice ante sus errores, ante su incompetencia negligente, ante su acreditada ineptitud.
De qué admirable manera ha mutado el virus la actitud de las sedicentes fuerzas progresistas, tan críticas, tan combatientes y reivindicativas cuando no tocaban poder, tan dadas ahora a la mansedumbre y a la resignación, a la comprensión o a la ocultación de los pasos que nos han traído a esta catástrofe.
Una catástrofe todo lo global que se quiera, pero más letal aquí que en ningún otro país. Y no por mala suerte ni porque los dioses se hayan cebado con nosotros, sino porque aquí se han hecho las cosas peor que en cualquier otro sitio del mundo.
El jarabe democrático que administraban a los rivales hace pocos años se les acabó antes que los test y las mascarillas. 
La vergüenza, también.
Prietas las filas.