Por ciertas palabras
—¿Por qué estuvo usted en la cárcel? —pregunté.
—Pues por ciertas palabras...
(Había ofendido al Führer, los símbolos y las instituciones del Tercer Reich.)
Fue una iluminación para mí. Al oír esta frase lo vi todo claro. Por ciertas palabras. Por eso y en torno a eso emprendería el trabajo en mis diarios. Quería extraer el balancín de todo cuanto lo rodeaba y limitarme, además, a esbozar las manos que lo sujetaban. Así se creó este libro, no tanto por vanidad, espero, sino más bien por ciertas palabras.
Así cierra Victor Klemperer su LTI. La lengua del Tercer Reich que ha editado por primera vez en español la Editorial Minúscula
En 1933, el mismo año que los nazis llegan al poder, Victor Klemperer empieza a recopilar un material que redactaría clandestinamente para acabar publicándolo en 1946 en un libro que sólo en parte es lo que anuncia el subtítulo: un análisis de la lengua del nazismo como caldo de cultivo de su ideología. Sólo en parte, decía, porque LTI es mucho más que eso.
La lengua del Tercer Reiches menos una reflexión filológica que un testimonio estremecedor sobre el ambiente y la intrahistoria de aquellos años oprobiosos del nazismo. Y menos un testimonio que un alegato terminante contra la tiranía y el terrorismo de estado.
Acosado, depurado y perseguido por el nazismo, de Klemperer supimos por sus magníficos diarios que publicó Galaxia Gutenberg hace unos años y por su presencia en Quien espera, un desolador y brillante capítulo de Sefarad, de Muñoz Molina.
En aquellos días feroces su forma de sobrevivir y de mantener la libertad interior y la dignidad fue hacer esta filología de la miseria, este análisis de un lenguaje que funcionó como excipiente y vehículo de penetración del nazismo en las masas. Un lenguaje que acaba hablando y pensando por uno mismo.
El canon lo había fijado Goebbels: era el estilo del agitador que grita como un charlatán frenético. Era un modelo lingüístico pensado para la invocación exaltada y para el énfasis.
Una jerga sentimental en la que el efecto tóxico ataca como un veneno con nuevas palabras o con palabras viejas que se cargan de sentidos nuevos: pueblo, heroísmo, patria, raza, heroísmo, fanático, histórico, eterno..., trazan la memoria de aquellos días de horror y revelan que el lenguaje del vencedor no se habla impunemente, que la lengua se respira y ordena la vida. Y que la vida acaba viviéndose según la ordena la lengua.
Pero con ser esto importante en el libro, lo decisivo es que se trata de una autobiografía parcial en la que se incorporan con naturalidad fragmentos de sus diarios y se conjuran los demonios que convocaba aquella sociedad y aquella lengua.
(Había ofendido al Führer, los símbolos y las instituciones del Tercer Reich.)
Fue una iluminación para mí. Al oír esta frase lo vi todo claro. Por ciertas palabras. Por eso y en torno a eso emprendería el trabajo en mis diarios. Quería extraer el balancín de todo cuanto lo rodeaba y limitarme, además, a esbozar las manos que lo sujetaban. Así se creó este libro, no tanto por vanidad, espero, sino más bien por ciertas palabras.
Así cierra Victor Klemperer su LTI. La lengua del Tercer Reich que ha editado por primera vez en español la Editorial Minúscula
En 1933, el mismo año que los nazis llegan al poder, Victor Klemperer empieza a recopilar un material que redactaría clandestinamente para acabar publicándolo en 1946 en un libro que sólo en parte es lo que anuncia el subtítulo: un análisis de la lengua del nazismo como caldo de cultivo de su ideología. Sólo en parte, decía, porque LTI es mucho más que eso.
La lengua del Tercer Reiches menos una reflexión filológica que un testimonio estremecedor sobre el ambiente y la intrahistoria de aquellos años oprobiosos del nazismo. Y menos un testimonio que un alegato terminante contra la tiranía y el terrorismo de estado.
Acosado, depurado y perseguido por el nazismo, de Klemperer supimos por sus magníficos diarios que publicó Galaxia Gutenberg hace unos años y por su presencia en Quien espera, un desolador y brillante capítulo de Sefarad, de Muñoz Molina.
En aquellos días feroces su forma de sobrevivir y de mantener la libertad interior y la dignidad fue hacer esta filología de la miseria, este análisis de un lenguaje que funcionó como excipiente y vehículo de penetración del nazismo en las masas. Un lenguaje que acaba hablando y pensando por uno mismo.
El canon lo había fijado Goebbels: era el estilo del agitador que grita como un charlatán frenético. Era un modelo lingüístico pensado para la invocación exaltada y para el énfasis.
Una jerga sentimental en la que el efecto tóxico ataca como un veneno con nuevas palabras o con palabras viejas que se cargan de sentidos nuevos: pueblo, heroísmo, patria, raza, heroísmo, fanático, histórico, eterno..., trazan la memoria de aquellos días de horror y revelan que el lenguaje del vencedor no se habla impunemente, que la lengua se respira y ordena la vida. Y que la vida acaba viviéndose según la ordena la lengua.
Pero con ser esto importante en el libro, lo decisivo es que se trata de una autobiografía parcial en la que se incorporan con naturalidad fragmentos de sus diarios y se conjuran los demonios que convocaba aquella sociedad y aquella lengua.
Reseña completa en la revista Encuentros de lecturas y lectores.

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