El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin
La música contemporánea, hoy, es sustancialmente una realidad mantenida en pie
artificialmente. Es un organismo en coma que algunas máquinas homologadas
mantienen con vida. Es curioso, pero en un mundo que está ya regulado por las
leyes del mercado, una realidad como la de la música contemporánea, que
comercialmente hablando es una ruina continua, consigue vivir en unas
condiciones de digna seguridad. Es verdad que, en general, la música en su
totalidad se mantiene en pie gracias a las inyecciones de dinero público que la
eximen de compararse con las más cínicas y recalcitrantes reglas del mercado.
Pero la lírica tiene un público, las obras de la gran tradición clásica tienen
un público, hasta la música antigua tiene un público. Esto no basta para
asegurarles una independencia económica sino que basta para justificar que se
acuda en su ayuda. Lo bueno de la música contemporánea es que, se quiera o no,
no tiene un público. Ni siquiera el terrorismo cultural de los años sesenta y
setenta consiguió encauzar hacia ella auténticas pasiones.
Alessandro Baricco.
El alma de Hegel y las vacas de
Wisconsin.
Traducción de Romana Baena Bradaschia.
Siruela. Madrid, 2008.


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