Es la cubierta de mi Reloj de sombra, Premio Fernando de Herrera, que publica en noviembre Guadalturia en su colección Extraversos.
Dejo aquí como anticipo uno de los textos, Ruinas fenicias:
Se llegaba hasta allí subiendo entre las rocas
salitres de la costa, por los acantilados
donde los perros cierran los ojos y se espantan.
Una escalera en ruinas subía hasta el confín
caliente de la tarde donde el desierto acaba.
Y allí, entre las gaviotas y los duros lentiscos,
se oía respirar al mar de las batallas.
Al bajar del recinto, cuando en el aire hervía
una herida morada como una quemadura
y ardía la corona de espinas del poniente
sobre el cuerpo de fuego del verano,
soñaban las estatuas sus ojos vaciados
y en su lengua salobre pronunciaban los labios
una canción sonámbula que caía en la noche
sobre el silencio en sombra de los peces
y su espejo caliente de medusa y mercurio.
La espléndida fotografía de portada es de Rosalía Ruiz.
Dejo aquí como anticipo uno de los textos, Ruinas fenicias:
Se llegaba hasta allí subiendo entre las rocas
salitres de la costa, por los acantilados
donde los perros cierran los ojos y se espantan.
Una escalera en ruinas subía hasta el confín
caliente de la tarde donde el desierto acaba.
Y allí, entre las gaviotas y los duros lentiscos,
se oía respirar al mar de las batallas.
Al bajar del recinto, cuando en el aire hervía
una herida morada como una quemadura
y ardía la corona de espinas del poniente
sobre el cuerpo de fuego del verano,
soñaban las estatuas sus ojos vaciados
y en su lengua salobre pronunciaban los labios
una canción sonámbula que caía en la noche
sobre el silencio en sombra de los peces
y su espejo caliente de medusa y mercurio.
La espléndida fotografía de portada es de Rosalía Ruiz.
