10 febrero 2021

Francisco Caro. Aquí

 

Es aquí donde espero
a que nadie me nombre, a que se calle
la prosa para siempre, aquí nací,
en estas tierras cuarzo de interior,
por aquí cruzan nubes, casi polvo
que desoye la mar, y sin embargo
la lluvia hizo caer sobre mi cuerpo
una gota que tuvo forma, roce y sonido
de corazón, de llaga.

Con esos versos se abre el pórtico de Aquí, el último libro de Francisco Caro que publica en una intachable edición Mahalta Ediciones, con una breve nota del autor, que lo presenta así: “Estos poemas -a los cuales tilda de cordiales, terrenos y compasivos, ellos le perdonen- se alimentan de una misma luz, la que conoce y le conoce, la que le vio nacer y le sostiene.”

Con un admirable equilibrio entre el voltaje emocional y el verbal, sus poemas son una constante afirmación de lugar, porque el espacio define al hombre más que el tiempo de quien se mira en el otro y en los otros para escribir este conmovido libro de familia desde la contención verbal, desde la persistencia del recuerdo y la salvación del olvido “de todo cuanto entonces / era hermoso y cantaba.”

Sentimiento y verdad se conjugan con la alta poesía de estos textos en una afirmación del aquí en el paisaje campero o doméstico: en la flor de la aulaga, en la jara infantil, en el ciprés herido o en el pozo profundo sobre el que se proyectan el recuerdo, la mirada y la palabra:

Aquí,
en este patio
que me aísla del mundo y lo contiene.

Entre la permanencia y la conciencia de la fugacidad (“que todo muere sé, que todo permanece “), ese patio que lo aísla y lo contiene a la vez se alza, intermedio entre lo interior y lo exterior, como un símbolo que recorre el libro en ese ‘aquí’ que es también un ‘ahora’ celebrado en Alba en el patio, un magnífico poema central.

Espacio del aquí, vivo y revivido en el presente y en la memoria cordial donde se sustentan los cimientos sobre los que ha levantado su propia identidad, contra los daños del tiempo destructivo, quien “en el poema elige / primero ser verdad, después estilo.”

Evocado y recreado con la palabra medida y cercana, el latido sereno, la emoción contenida y la luz transparente de su poesía, Francisco Caro delimita en estos textos un espacio emotivo y plural que convoca afectos y reúne ausencias y presencias en el lugar sin tiempo del poema para reconocerse en el agua quieta del pozo, ese “redondo lugar para los miedos”,

hasta mirar de cerca
mi rostro en la quietud
del agua y su memoria 

hasta lograr saberme
otra vez nueve edades
en los miedos del pozo.