09 junio 2023

Manuel Moyano. Polvo en los zapatos


 “Tengo polvo en los zapatos y voy anotando impresiones mientras camino”, anota Manuel Moyano el 7 de abril de 2018 en su diario Polvo en los zapatos que publica Menoscuarto.

Desde el 21 de enero de 2018, cuando un amanecer le invita a “tratar de plasmar la extraña belleza y variedad del mundo a través de la escritura” hasta el 20 de enero de dos años después en que escribe: “Durante dos años he vivido bajo el espejismo de estar fijando la escurridiza realidad, de dejarla atrapada en el papel”, Manuel Moyano mantuvo este diario que fue apareciendo en entregas semanales en el diario La Opinión de Murcia y que ahora aparece en versión revisada en forma de libro.

Transcurren por estas páginas viajes por Marruecos, Escocia, Polonia, Tailandia o Italia, el cine y la literatura, las caminatas, los paseos en bici y las excursiones, las luces y las sombras de los autores, las conversaciones y las lecturas, el presente fugaz y las muertes cercanas, Barcelona y Molina de Segura, la memoria y los extraterrestres, Bob Dylan y Borges, las comidas consistentes de  los mesones camineros y las ventas de carretera y el río Kwai, las pesadillas con zombies y los amigos, los lugares y los no-lugares, las psicofonías y las migas de pastor, los atardeceres y las lunas de sangre, los campos y la huertas del Segura y la Costa Amalfitana, el registro de una mañana de enero en una plaza de Murcia, Tony Leblanc y Houellebecq, del que deja este retrato: “Llegó vestido y peinado como un mendigo al que hubiesen recogido en algún andén del metro, sumido en un estado como de alucinación cuál o alelamiento. […] Quedó patente que entendía el inglés y el español, pero, si lo abordabas en cualquiera de ambos, reaccionaba como si hablases en alguna lengua alienígena. Fumaba como una bestia y masticaba la boquilla de los cigarrillos hasta dejarla plana.”

 Si, todo eso. Pero, sobre todo, Teresa y la vida. 

En la última entrada, Manuel Moyano resume así su contenido:

A lo largo de cientos de páginas he narrado viajes por tres continentes, he descrito mi entorno geográfico y humano en círculos concéntricos -Molina de Segura, Murcia, España-, he hablado sobre escritores vivos o extintos, he abusado de referencias literarias y cinematográficas. También he asistido a muertes cercanas que me han afectado de modo íntimo. Aunque no era mi intención al empezar, he terminado escribiendo una suerte de autobiografía intermitente.

Porque “escribir un diario nos acaba diciendo, tiempo después, no ya quiénes somos, sino en quiénes o en qué nos hemos convertido”, como señala en su prólogo Miguel Sánchez-Ostiz.