Europa en guerra, 1914-1949
“Durante el siglo XX, Europa hizo un viaje de ida y vuelta al infierno. El continente, que durante casi cien años después de que acabaran las guerras napoleónicas en 1815 se había jactado de constituir el culmen de la civilización, cayó entre 1914 y 1945 en la sima de la barbarie. Pero tras una era calamitosa de autodestrucción vinieron una estabilidad y una prosperidad inimaginables hasta entonces, aunque eso sí al elevado precio de una división política insalvable. A continuación, una Europa reunificada, obligada a hacer frente a las tremendas presiones internas causadas por la intensificación de la globalización y por los graves desafíos surgidos en su interior, experimentó unas tensiones internas cada vez mayores antes incluso de que la quiebra financiera de 2008 sumiera al continente en una nueva crisis, todavía sin resolver”, escribe el historiador británico Ian Kershaw (Lancashire, 1943) en ‘La era de autodestrucción de Europa’, la Introducción a su monumental ensayo Descenso a los infiernos, que publica Crítica con traducción de Juan Rabasseda y Teófilo de Lozoya.
Subtitulado Europa 1914-1949, Descenso a los infiernos es el primero de los dos volúmenes que Ian Kershaw dedicó a estudiar la historia contemporánea europea desde la Primera Guerra Mundial hasta nuestros días.
“Es con diferencia -afirma en el prólogo- la obra más difícil que me he propuesto escribir. Cada uno de los libros que he escrito hasta la fecha ha sido en cierto modo un intento por mi parte de entender mejor un problema del pasado. En este caso, el pasado reciente comporta una multiplicidad de problemas extremadamente complejos. Pero al margen de cuáles fueran las dificultades, la tentación de intentar entender mejor las fuerzas que en el pasado reciente han contribuido a configurar el mundo actual ha sido irresistible.”
Espléndidamente ilustrado con dos cuadernillos centrales que recogen imágenes significativas del periodo estudiado, Descenso a los infiernos se publicó en su versión original en inglés en 2015, en el marco editorial de la serie Penguin History of Europe, cuyo formato evita las notas a pie de página y por tanto “impide incluir la referencia a las numerosísimas obras de erudición histórica indispensables -monografías, ediciones de documentos de la época, análisis estadísticos y estudios especializados sobre cada país en particular- en las que me he basado. La bibliografía refleja algunas de las deudas más importantes que he contraído con otros estudiosos.”
Reconocida esa deuda con el ingente material previo, recogido en la amplia bibliografía final, explica Kershaw que “la originalidad del libro, por tanto, podrá apreciarse únicamente en su estructura y su interpretación: en el modo en que se escribe la historia y en la naturaleza de la discusión que se oculta tras ella.”
Porque hay muchas maneras historiográficas e ideológicas de afrontar la historia de Europa en el siglo XX y la de Kershaw combina la organización cronológica con el criterio temático para dar un enfoque totalizador que aborda los acontecimientos y los factores múltiples (económicos, sociales, culturales, políticos e ideológicos) que provocaron “la casi autodestrucción de Europa durante la primera mitad del siglo, esto es, durante la época de las dos guerras mundiales. Analiza cómo las peligrosas fuerzas surgidas de la primera guerra mundial culminaron durante la segunda en abismos de inhumanidad y destrucción casi inimaginables. Esta catástrofe, junto con los niveles sin precedentes de genocidio de los que no cabe separar el conflicto, hace de la segunda guerra mundial el epicentro y el episodio determinante de la turbulenta historia de Europa a lo largo del siglo XX.”
Cuatro son los factores que según Kershaw provocaron las dos catástrofes bélicas del siglo XX: “la explosión del nacionalismo étnico-racista; las enconadas e irreconciliables exigencias de revisionismo territorial; la agudización de los conflictos de clase, a los que vino a dar un enfoque concreto la revolución bolchevique de Rusia; y una crisis prolongada del capitalismo (que muchos observadores pensaron que era terminal).”
Y así, la primera mitad del siglo XX estuvo atravesada por dos conflictos bélicos de dimensión mundial en los que confluyeron intereses de todo tipo que se analizan aquí a lo largo de diez capítulos que describen el panorama desolador de una Europa que pasa de estar al borde del abismo al gran desastre de la Primera Guerra Mundial y a una paz turbulenta, a una primera posguerra que baila sobre un volcán para acabar precipitándose en el infierno en la tierra que fue la Segunda Guerra Mundial al resurgir de las cenizas que da título al capítulo final, que analiza cómo Europa “empezó a poner los cimientos de una recuperación asombrosa: para que una nueva Europa surgiera de las cenizas de la anterior y retomara el camino de vuelta del infierno a la tierra.”
Ese capítulo cierra el primer volumen de una empresa monumental, dedicada a analizar las claves de “un siglo extraordinariamente convulso; de la era en la que Europa se vio envuelta en dos guerras mundiales que amenazaron los cimientos mismos de la civilización, como si tuviera una diabólica propensión a la autodestrucción.”
Completado con un minucioso índice analítico de temas y conceptos, personas y lugares, Descenso a los infiernos traza un completo panorama preliminar de Europa antes de la Gran Guerra, describe el desarrollo del conflicto y sus consecuencias políticas, económicas, culturales y sociales. Y tras ese panorama, la recuperación transitoria de los años veinte, la Gran Depresión, el autoritarismo fascista, la dictadura comunista y la crisis de las democracias y los valores liberales que desembocaron en “el demoledor colapso de la civilización que produjo la Segunda Guerra Mundial” son los ejes de un ensayo que prolonga su límite cronológico en 1950, porque “aunque las hostilidades acabaron oficialmente en Europa en mayo de ese año (continuaron hasta el mes de agosto contra Japón), el fatídico rumbo que siguieron los años 1945-1949 vino determinado de forma tan evidente por la guerra y las reacciones ante ella, que pensé que estaba justificado mirar un poco más allá del momento en que la paz volvió a instalarse oficialmente en el continente. En 1945 apenas eran perceptibles los contornos de la nueva Europa de posguerra; fueron haciéndose claramente visibles tan sólo de modo gradual. Por consiguiente, me pareció oportuno añadir un último capítulo que tratara del período inmediatamente posterior a la guerra, que no sólo fue testigo de una continuación de la violencia, sino que además configuró de forma indeleble la Europa dividida que emergería a partir de 1949. De modo que este primer volumen no acaba en 1945, sino en 1949.”

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