23 enero 2026

Paul Celan y el peso del pasado





No obstante, el horror que había experimentado Europa regresaba una y otra vez de diferentes maneras y constituía un componente ineludible de la expresión cultural. «Escribir poesía después de Auschwitz es un acto de barbarie», había afirmado en 1949 el filósofo alemán Theodor Adorno (que durante el nazismo había vivido en el exilio, principalmente en Estados Unidos). No había que tomarlo al pie de la letra. De hecho, se vio desmentido por un conmovedor poema de Paul Celan, «Die Todesfuge» («Fuga de muerte»), escrito por un judío nacido en Rumanía cuyos padres habían muerto tras ser deportados; hacia el final de la guerra, él mismo había pasado un tiempo internado en un campo de trabajo. Cuando en 1952 se publicó en alemán se había hecho muy conocido. Celan describía de manera explícita las siniestras imágenes de la muerte en un campo de concentración y su autor condensaba la esencia de la reflexión de Adorno al considerar su poema «un epitafio y una tumba». Nunca se recuperó de la deportación y la muerte de sus padres, sufrió repetidos episodios depresivos y, muchos años más tarde, en abril de 1970, su cadáver fue encontrado en el Sena a las afueras de París. Adorno captó la idea de las dificultades a las que se enfrentaba cualquier intelectual o persona dedicada a las artes creativas que en los años de la posguerra intentara abordar el sentido del reciente y catastrófico hundimiento de Europa en un abismo de inhumanidad.


Ian Kershaw.
Ascenso y crisis.
Europa, 1950-2017.
Un camino incierto.
Traducción de Yolanda Fontal Rueda.
Crítica. Barcelona, 2026.