09 febrero 2026

Lecciones de los clásicos españoles

 



Entre un fragmento de la Disciplina clericalis, de Pedro Alfonso (siglo XII), y otro de El prevenido engañado, de María de Zayas (siglo XVII), Rosa Navarro Durán ha reunido en El festín de la palabra veinte lecciones de clásicos españoles sobre la vida, veinte “fragmentos con sentido, con gusto dulce o amargo, picante o ácido; pero servidos con la esperanza de que resulten sabrosos”, como señala en su introducción, ‘Invitación a la lectura’.

Veinte pasajes comentados, “aliñados, aderezados, con glosas y comentarios”, que acaba de publicar Ariel en una cuidada edición cuyo propósito -señala la autora- “es que alguno de esos fragmentos, de esas porciones, despierte la curiosidad de los lectores y sea una invitación a ver qué otros manjares ofrece la obra o les lleve a entrar de nuevo en sus páginas para situar ese bocado en su lugar y paladearlo mejor.”

No creer todo lo que se oye, la dignidad frente a la violencia cobarde, el halago interesado y la ingratitud, la fugacidad de la vida y la igualdad ante la muerte, el poder destructivo de la palabra, la compasión y la dignidad del desposeído, la astucia sin moral y el castigo, el conflicto entre la apariencia y la verdad, la responsabilidad de la palabra, la mentira como trampa moral o la conciencia de la fragilidad de la vida son algunas de las enseñanzas centrales de estos veinte capítulos, de estas veinte lecciones construidas a partir de textos procedentes del Cantar de Mio Cid, Calila e Dimna, El conde Lucanor, Tirante el Blanco, las Coplas de Jorge Manrique, La Celestina, El Lazarillo, El Quijote, El Buscón, El perro del hortelano, El burlador de Sevilla o La vida es sueño, entre otros.

Textos de clásicos inmortales que, desde el fondo de los siglos y la tradición literaria, siguen hablando al lector actual para avisarle contra la manipulación de la palabra y la confusión entre la verdad y la mentira, para acompañarle a la lucidez y la prudencia y advertirle sobre los peligros de la vanidad y el halago, para defender la autonomía afectiva y la independencia de pensamiento y prevenir sobre el poder destructivo de las mentiras y el engaño interesado de las falsas promesas, para reivindicar en definitiva la prudencia y la responsabilidad, la dignidad moral y la conciencia ética. Para hablar, en definitiva, con las palabras de los clásicos españoles, de virtudes y vicios que atraviesan la historia de los hombres por encima del tiempo. 

Porque -concluye Rosa Navarro al final del libro- las palabras, que pueden ennoblecer o envilecer la realidad, “han sido y son muy poderosas, dañan o ayudan, condenan o salvan, ¡ojalá las de esta degustación abran deseos y tiempos para seguir leyendo a los clásicos!”