03 febrero 2026

Poesía reunida de Juan Carlos Mestre

 


Se dice pronto: medio siglo de escritura, desde 1975 hasta 2025. Se dice pronto, porque no son una escritura cualquiera ni medio siglo cualquiera los que se conjuran en las mil quinientas páginas de esta Asamblea que reúne la imprescindible poesía de Juan Carlos Mestre en un volumen que llega mañana a las librerías publicado por Galaxia Gutenberg con edición de Emilio Torné, que ha redactado unas esclarecedoras ‘Notas a la edición’, y con Introducción de Jordi Doce, “El testimonio de la imaginación”. Testimonio e imaginación, dos motores éticos y estéticos que resumen la obra poética de Mestre.

Lo abre una presentación de Antonio Gamoneda (‘Recados de hoy y de mañana para Juan Carlos, hijo mío y maestro, quién me lo diera’) que comienza con estos versos:

Mestre,
tus palabras han entrado en mis venas y yo he sujetado mi corazón para que permanezca en quietud reconociendo las sílabas. Mestre,
quiero cerrar mis párpados sobre tus ojos.

Heredero del salmista bíblico y del visionario superrealista, de los bardos ancestrales del noroeste peninsular y de Rimbaud, Lautrèamont y Mallarmé, continuador de la tradición cabalística que explora la esencia simbólica de la realidad y nieto del Romanticismo expresionista de Hölderlin y los poetas de los Lagos, del Lorca neoyorquino y cubano y de Lezama Lima, discípulo cercano de Rafael Pérez Estrada y Antonio Gamoneda, Juan Carlos Mestre ha ido desarrollando en estas cinco décadas una obra poética extensa y sobre todo intensa, afianzada en una voz potente e inconfundible y en unas peculiaridades expresivas que instalan su escritura torrencial en el territorio sagrado de la poesía más alta que se ha escrito en español en las últimas décadas.

Desde la Antífona del otoño en el Valle del Bierzo (1985) -que inaugura en este volumen su canon y desplaza al Apéndice final su Poesía primera (Siete poemas escritos junto a la lluvia y La visita de Safo)- hasta los veintiún poemas del inédito El ciprés descapotable, se recogen aquí libros como La poesía ha caído en desgracia, La tumba de Keats, La casa roja, La bicicleta del panadero, Museo de la clase obrera y el bilingüe 200 gramos de patacas tristes / 200 gramos de patatas tristes, en la primera traducción al castellano de su memorioso libro, escrito en el gallego de su infancia berciana, el relato de su “primera conciencia del mundo” y de su identidad primera a través de espléndidos retratos y poemas en prosa.

Títulos de un itinerario poético jalonado por las estaciones de la perseverancia, en la búsqueda del conocimiento, levantado sobre los cimientos de la memoria y amasado con la conciencia poética y social del poeta que eleva con su palabra una muralla de dignidad frente a la injusticia y una torre de resistencia frente a la humillación, “entre la ira y la misericordia”, como ha escrito el poeta en alguna ocasión. 

Y ahí aparece a finales de los noventa la sombra de Keats como símbolo de la conciencia irrenunciable del poeta en La tumba de Keats, una de las claves de bóveda de su obra, donde el tiempo y la compasión, el amor y la historia, la noche y la palabra arrebatada articulan un intenso y largo monólogo en el que el poeta da voz a las sombras frente al olvido y esgrime la resistencia y la utopía como ética de las derrotas, como épica de la dignidad. Frente a las ruinas de la historia,  la fuerza resistente de la palabra cuando no importa ya vivir sino la vida, no importa ya morir sino lo humano.

Desde el monólogo autorreflexivo o el diálogo emocional con el del lector, que se funde machadianamente con el yo en la cercanía de una voz oracular que recoge la ceniza de las palabras que caen desde un extraño mundo como copos de nieve, la poesía de Juan Carlos Mestre habita un territorio verbal de enorme potencia y de gran carga emocional, como en este Eclipse con Rimbaud, un texto de La casa roja:

He pasado la mitad de mi vida en la oscuridad.
He descargado camiones de oscuridad.
He bebido toda la oscuridad.
He dormido con la oscuridad.
He amado la oscuridad y me he acostado con ella.
He tocado las piedras de la oscuridad hasta herirme las manos.
He repetido tu nombre en la oscuridad.

Los pescadores cantan en la niebla de la oscuridad.
Los jóvenes sin vida están despiertos en la oscuridad.
Los músicos y las rameras guardan su corazón en la oscuridad.

He soñado con la oscuridad la mitad de mi vida.
He hospedado mi juventud en el cáñamo de la oscuridad.
He desnudado a la oscuridad y gozado con ella.
He acariciado con dedos de pastor el sexo de la oscuridad.

La oscuridad es la oración de los acordeones nublados.
La oscuridad vive en las palabras que descifran la muerte.
La oscuridad habita los suburbios de la belleza.

Dad de ladrar al perro de la oscuridad.
Oíd la lepra sagrada de la oscuridad.

Su indesmayable ambición imaginativa, su ruptura con la sintaxis previsible, su insobornable desobediencia reivindicativa, su alternativa a la semántica convencional hacen de esta poesía -especialmente en La casa roja y La bicicleta del panadero, dos libros centrales en la trayectoria poética de Mestre- una actividad fundacional, una reinauguración de la realidad desde la que se defiende la posibilidad de la utopía. 

Al alto voltaje poético, simbólico y verbal que contienen esos libros de Mestre se suma a menudo un torrente circulatorio que se alimenta de lo más hondo de la experiencia y de la memoria, del conocimiento del dolor y de la reivindicación de la felicidad. No es casual que una de las antologías más completas de su obra, la que publicó el Fondo de Cultura Económica en 2014, se titulara precisamente Historia natural de la felicidad.

Como la misma dicción poética que lo articula, Asamblea es en su conjunto un libro torrencial, un bosque milenario en el que centenares de poemas “florecen como manzanos” y ofrecen su fruto en sazón en monólogos reflexivos o en diálogos emocionales con el lector, que se funde machadianamente con el poeta en la cercanía de una voz oracular que recoge “la ceniza de las palabras que caen desde un extraño mundo como copos de nieve.”

Ética y verdad se funden en esta poesía que es a la vez sublevación civil y estética, defensa de la desobediencia como vía de la creatividad, reivindicación de la insumisión verbal y la libertad imaginativa y fundación y refundación de un territorio de enorme potencia verbal y de gran carga emocional. 

Poesía como forma de conocimiento, palabra en libertad y compromiso ético son tres ángulos fundamentales de la poesía de Juan Carlos Mestre, que junto con la crucial misión reveladora de lo invisible, asume un importante componente ético y crítico, cumple una función testimonial que la convierte en conciencia moral del hombre a través de la luz de la palabra, para hacer del lenguaje no sólo un fuego que ilumine la noche de la tribu, sino también una vía de conocimiento del mundo desde la oscuridad y la intemperie, desde las raíces últimas de la sangre.

Imaginación y resistencia, conciencia y palabra son claves fundamentales en la obra de Mestre, en una creación que transcurre en el espacio de lo imprevisible y conjura tradiciones heterogéneas, invoca  la diversidad y refunde lo primitivo con la vanguardia, lo simbólico con lo visionario para proponernos no una imagen coherente del mundo, sino una lectura abierta de la realidad que hace del poema un lugar de encuentro, como en las prosas intensas, irónicas y terminales de Museo de la clase obrera:

si esperabas chatarra de rana y chucrut para las gallinas si esperabas una bella idea perdida una luna envasada al vacío el honesto episodio en que dante abandona la oreja de centeno de la campanera si esperabas hocicos de piedra pómez un guardaespaldas en el termostato de los periódicos al hombre bala que atraviesa sin mirar el cerebro la partícula del poeta dientes de pan para las truchas si esperabas la inteligencia biológica de las hadas de fátima poemas convulsos poemas verdaderos extenuados por el cinismo si esperabas la anatomía de la superstición a los carniceros del santo oficio al adolescente que se enfría en la morgue si esperabas bajo la carpa del circo al hombre simultáneo a los interferidos por el fulgor de dios a los bromurados por el silencio a la puerta de los cementerios de monos no aceptes el ofrecimiento no dejes de aceptar ya estas lejanas palabras aunque sea a regañadientes

El fraseo intenso y alucinatorio con que discurre el verso radical y salmódico de Mestre, generoso en imágenes, va construyendo en cada poema su propia realidad, reivindicando otra forma de ver y de mirar un mundo que parece recién descubierto o recién inaugurado, como en el modelo withmaniano al que se encomendaba el poeta en La casa roja, la casa de la poesía, la casa de la palabra, la casa de las preguntas:

Mi corazón es una casa roja con escamas de vidrio, mi corazón es la caseta de los bañistas cuya eternidad es breve como columna de lágrimas. El minotauro hace rodar sus ojos por el acantilado de las estrellas, la herida del anochecer hace su nido en la arena. Yo hablo con alas, yo hablo con lava de lo ardido y humo de diamante.

“La frecuentación de estas páginas -señala Jordi Doce en la Introducción- no tarda en contagiar a sus lectores el entusiasmo casi febril con que fueron escritas, el asombro radical de su enunciación, pues asombro es lo que sentimos al abrir la puerta de esta asamblea de palabras y figuras vertiginosas, esta fiesta de la metamorfosis y la analogía.”

Cierra esta reseña una breve muestra de los inéditos de El ciprés descapotable. Así termina el último fragmento recogido en Asamblea:

son los tanques frente a lo único verdadero, la vida, el valor del absoluto, es la ruina moral de los actos de fuerza, la disimetría del conflicto, la violencia irrestricta contra la modesta condición de las víctimas. llámalo como quieras, pero entiéndelo de una vez para siempre, no hay escuela en los cementerios, escrito está, escrito estuvo y escrito sigue en las tablas: no matarás, no matarás, no matarás