31 marzo 2026

Armonía de las esferas

  





El aire se serena
y viste de hermosura y luz no usada,
Salinas, cuando suena
la música estremada,
por vuestra sabia mano gobernada.

A cuyo son divino
el alma, que en olvido está sumida,
torna a cobrar el tino
y memoria perdida
de su origen primera esclarecida.

Y, como se conoce,
en suerte y pensamiento se mejora;
el oro desconoce,
que el vulgo vil adora,
la belleza caduca engañadora.

Traspasa el aire todo
hasta llegar a la más alta esfera
y oye allí otro modo
de no perecedera
música, que es la fuente y la primera.

Ve cómo el gran Maestro,
a aquesta inmensa cítara aplicado,
con movimiento diestro
produce el son sagrado,
con que este eterno templo es sustentado.

Y, como está compuesta
de números concordes, luego envía
consonante respuesta;
y entre ambos a porfía
se mezcla una dulcísima armonía.

Con esas espléndidas liras comienza la Oda que Fray Luis de León dedicó a su amigo Francisco de Salinas, músico ciego y compañero claustral de Salamanca.

Hay en ese texto una síntesis de tradiciones neoplatónicas y pitagóricas que relacionan la música y el movimiento de los astros, dos realidades que dialogan en intervalos musicales armónicos y expresan las correspondencias entre el microcosmos y el macrocosmos, la armonía de los planetas y la escala musical.

Sobre la música del universo y la esencia cósmica de la música tratan los cuarenta y ocho textos que reúne Joscelyn Godwin, experto en tradiciones herméticas, en su Armonía de las esferas. Subtitulado Un libro de consulta sobre la tradición pitagórica en la música, llega ahora a su segunda edición en Atalanta, con traducción de María Tabuyo y Agustín López Tobajas.

La armonía intuida por los pitagóricos y formulada por Platón en el Timeo tuvo una de sus mejores expresiones en el sueño de Escipión que recogió Cicerón y en la visión de las esferas musicales de Timarco que relató Plutarco, dos textos que no se recogen en este amplio volumen que constituye un recorrido a través de las distintas épocas, desde la época clásica hasta el siglo XX, por textos de autores que vinculan la música con el cosmos y “comparten la intuición fundamental que Platón heredó de la escuela pitagórica: hay algo musical en el cosmos y algo cósmico en la música”, como señala Joscelyn Godwin en el Prólogo a la edición española.

La música de los planetas convoca a la inteligencia y a la intuición, reúne la revelación de las visiones con los procesos numéricos y evoca el poder cósmico de la música en la relación armónica entre los planetas y los tonos musicales, en los mitos órficos, su potencial benéfico en el arpa de David o su capacidad destructiva ante las murallas de Jericó.

 La creación del Alma del Mundo en el Timeo platónico, los tonos planetarios pitagóricos en la Historia Natural de Plinio el Viejo, la importancia de las proporciones en el manual de armonía de Nicómaco de Geras, la relación entre música y astronomía que exploró Ptolomeo, los himnos de Orfeo y la lira cósmica de San Atanasio,  la música y el descenso del alma en Quintiliano, el comentario de Macrobio sobre el sueño de  Escipión y la música planetaria, los astros y las cuerdas en Boecio, el simbolismo de los instrumentos y la semejanza del alma, la música y la esfera celeste, la música entre el cielo y la tierra, la música del alma y la música de las esferas, la armonía de alma y cuerpo y la metafísica del acorde perfecto y del sistema musical, la antigua cosmología musical y la analogía del mundo sonoro con la divinidad, los principios eternos de la música y el canto de los planetas son algunos de los temas que recoge esta antología en la que cada uno de los textos va precedido de una breve presentación explicativa de Joscelyn Godwin.

Entre Platón y Rudolf Haase, pasando por Plinio el Viejo, Marsilio Ficino, Johannes Kepler, Isaac Newton o Jean Philippe Rameau, un total de cuarenta y ocho autores en los que ha persistido y se ha matizado la tradición pitagórica sobre la música y la alegoría que conectaba en una misma imagen números y sueños, armonía y esferas.

“La armonía de las esferas -explica Godwin en su Prólogo- nos invita a participar de la revolución cosmológica, y a llevar a cabo una revisión completa de la manera en que se ha enseñado a las personas cultas a considerar su entorno cósmico. No nos exige que volvamos a las creencias de la Antigüedad o a las supersticiones de la Edad Media, sino que entremos en empatía con las mentes más elevadas de cada época, y tratemos de reformular sus intuiciones de manera acorde con nuestro tiempo.”

Completan la espléndida edición un conjunto de ilustraciones que traducen a imágenes el mundo del sonido, proponen visiones de la música y relacionan el tono acústico con la gama cromática en un libro espectacular en forma y fondo, por la calidad de los pasajes seleccionados en torno a esa imagen central de la armonía musical de las esferas y por las ilustraciones que subrayan su contenido. Así lo anuncia Godwin: "Para esta edición española he seleccionado algunas ilustraciones que muestran las múltiples formas en que estas ideas han inspirado a los artistas. Algunas de ellas representan los mitos clásicos del poder de la música. El primero de éstos es la historia de Orfeo, cuyo canto podía hechizar a animales, rocas, al alma de los hombres e incluso a los dioses del mundo inferior, y que se convirtió en fundador de un importante culto mistérico en Grecia y Roma."