El íntimo cuchillo. Antología poética de Pedro López Lara
En ma fin est mon commencement.
Forjado en duros años de cautiverio, ese era el lema que aparecía en el trono de María Estuardo. T. S. Eliot lo invirtió ("En mi principio está mi fin") al comienzo de East Coker, el segundo de sus Cuatro cuartetos, y lo revirtió circularmente a su orden original en el final del poema, al que iremos luego.
Ahora que Pedro López Lara ha puesto fin a su escritura poética con su poesía reunida en Arcén (Renacimiento, 2025) y con la espléndida antología de título borgiano El íntimo cuchillo (Reino de Cordelia, 2026) es hora de revisar el sentido de esa frase que convoca a Heráclito y a la circularidad del tiempo que tanto alimentó la obra de Borges, a la desgraciada reina escocesa y a Eliot, a la teleología cristiana de la vida eterna y al tiempo cíclico que estudió ejemplarmente Mircea Eliade.
Porque una antología como esta o una poesía reunida como aquella no son en el fondo sino insistencias y revisiones que el autor ejerce en el principio y en el fin con esa mirada póstuma de quien da por cerrada su obra y la reordena con una perspectiva nueva: la de quien sabe el origen y la meta, el principio y el fin. Y sobre todo, el trayecto literario que ha llevado de uno a otro extremo.
La perspectiva de quien sabe también más que eso: que el camino desarrollado entre aquel principio y este fin no estaba prescrito y que el azar y la necesidad jugaron su partida secreta entre esos dos puntos que también pudieron haber sido otros.
No insistiré en las admirables virtudes literarias y humanas de la poesía de Pedro López Lara. Aunque cada relectura es una propuesta incitativa a nuevas lecturas y a nuevos asedios críticos, doy por cerrada mi interpretación de su obra con el artículo que publiqué sobre Arcén.
Me reafirmo en el deslumbramiento sostenido que me provoca esta poesía, sigo pensando que aquel “después”, palabra final del texto final de su libro final, todavía es un “ahora” que celebra la persistencia de la vida y de la palabra, del poeta y de la poesía. Porque “hoy es siempre todavía”, como nos enseñó el mismo Machado que escribió también “Se canta lo que se pierde.”
Y por eso, este Íntimo cuchillo, que hiere la garganta del lector tanto como su autor lo siente como una amenaza, es una invitación a releer la inagotable obra poética de Pedro López Lara.
No me parece una casualidad que sea precisamente Circuito el título de la primera sección del libro. A ella pertenece este texto, en el que vibra la voz potente de un poeta irrepetible:
Por sus acciones los conoceréis,
no por sus frutos,
que pueden ser tardíos o estar menoscabados
por la vecindad de algún fin.
En sus acciones y sus actos, menos perentorios,
es donde encontraréis los primeros indicios.
También en sus palabras, midiendo si son justas,
si están encariñadas con alguna verdad
o al menos ha dejado en ellas
sus huellas la verdad antes de irse, o de ser expulsada,
si mantienen compromiso, aunque no sea firme,
con quien las dice o ha dejado escritas.
Por sus acciones y palabras, y también
por el desgaste de sus ojos,
tanto mayor cuanto más hayan visto y comprendido,
arrasador si han amado.
Y para llegar al fin, vuelvo al principio. Como María Estuardo, como Eliot, que escribió para cerrar East Coker los versos de su parte V, que transcribo en la versión de José Emilio Pacheco. Naturalmente, Eliot los concibió pensando en sí mismo. Y así, pensando en sí mismo, podría y hasta debería leerlos Pedro López Lara. Yo los dejo aquí como una invitación a que así lo haga y como una manera de honrar su poesía antológica y su persona, tan admirables una como la otra. Y para que sepa que, también para él, en su fin está su principio:
Y he pasado veinte años. Veinte años en gran parte perdidos,
Los años de entreguerra
Tratando de aprender a usar las palabras y cada intento
Es un comienzo enteramente nuevo y es un tipo distinto de fracaso.
Porque uno sólo ha aprendido a dominar las palabras
Para decir lo que ya no tiene que decir
O de ese modo en que no está dispuesto ya a decirlo.
Por eso cada intento
Es un nuevo comienzo, una incursión en lo inarticulado
Con un mísero equipo cada vez más roído
En el desorden general de la inexactitud del sentimiento,
Escuadras de la emoción sin disciplina.
Y lo que debe ser conquistado
Mediante fuerza y sumisión, ya ha sido descubierto
Una, dos, varias veces por hombres que uno no tiene esperanza
De emular —Pero no hay competencia—
Sólo existe la lucha por recobrar lo perdido
Y encontrado y perdido una vez y otra vez
Y ahora en condiciones que parecen adversas.
Pero quizá no hay ganancia ni pérdida:
Para nosotros sólo existe el intento. Lo demás no es asunto nuestro.
La casa es el lugar del que partimos.
A medida que envejecemos
El mundo se nos vuelve más extraño, más compleja
La ordenación de muertos y vivos.
No el intenso momento
Aislado sin antes ni después,
Sino la vida entera que arde a cada momento
Y no la vida entera de un solo hombre
Sino de viejas piedras indescifrables.
Hay un tiempo para el anochecer bajo la luz de las estrellas,
Un tiempo para el anochecer a la luz de la lámpara
(El anochecer con el álbum de fotos).
El amor se acerca más a sí mismo
Cuando dejan de importar el aquí y el ahora.
Los viejos deberían ser exploradores,
Aquí o allá, no importa dónde.
Debemos estar inmóviles y sin embargo movernos
Hacia otra intensidad,
En busca de una mayor unión, una comunión más profunda,
A través del frío oscuro y la vacía desolación,
El grito de la ola, el grito del viento, las grandes aguas
Del petrel y de la marsopa.
En mi fin está mi principio.

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