03 marzo 2026

Lo que entiendo por Borges

  




“Cuando digo Borges, no digo Borges: ese hombre de carne y hueso nacido en 1899 y muerto en 1986, el que escribió El Aleph o Ficciones o Fervor de Buenos Aires o Evaristo Carriego. Pero cuando digo Borges tampoco me refiero a esa literatura, a esa reunión de textos tan a menudo perfectos a los que, por irradiación autoral, llamamos Borges. Cuando digo Borges pienso en esa figura que la imaginación argentina ha compuesto y ha fijado en ese nombre. Pienso en esa configuración mental y colectiva que se ha ido construyendo sin precisar para eso conocer a la persona real, y con frecuencia prescindiendo hasta del conocimiento de su obra”, escribe el ensayista y narrador argentino Martín Kohan en Lo que entiendo por Borges, el primero de los veintitrés textos que reúne Ediciones Godot en un volumen que toma su título de ese ensayo inicial.

Un conjunto de artículos y ensayos breves en los que Martín Kohan indaga en el universo borgeano y en el ámbito del borgismo (“la ideología literaria socialmente dominante”),  un fenómeno complejo que resume así: 

No digo el viejo, no digo el ciego, no digo el sabio, no digo el autor. Digo el dispositivo de vejez, de ceguera, de sabiduría, de autoría y de autoridad, que los argentinos pergeñaron o pergeñamos, y activaron, o activamos, para tener un escritor a venerar, y venerarlo.

De la construcción y el desarrollo de ese complejo dispositivo del borgismo forman parte las cuestiones que Kohan aborda en estas páginas, espléndidamente escritas desde una admirable lucidez crítica: la atribución de un poema apócrifo, Instantes, un poema falso, que “es increíble como poema y es tanto más increíble como poema de Borges”; el fomento del culto colectivo y el desarrollo de una amplísima bibliografía específica, “es decir, no ya lo que Borges dio a leer, o no solo lo que dio a leer, sino también, y sobre todo, lo mucho que dio a escribir”; el antiperonismo que Borges ejerció de forma vitalicia, irónica y compartida con Bioy Casares, que lo reflejó insistentemente en su Borges, en  donde anota reflexiones como esta: “el partido peronista no puede prescindir de ladrones, asesinos, analfabetos: son la trama de que está hecho”; su anticomunismo y el encuentro con Pinochet que le privó del Nobel; las relaciones en su literatura entre la pluma y la espada, entre las armas y las letras; las formas de la violencia y las claves del coraje en El Sur; la frontera conflictiva, porque “a través de varias de las narraciones de Borges se va tramando todo un saber de las fronteras”;  la relación no menos conflictiva con Estela Canto, otra frontera, esta sentimental; el fuera de escena como clave de Hombre de la esquina rosada, su primer relato y uno de los referentes más repetidos en estos artículos, junto con El Sur, Tema del traidor y del héroe, La forma de la espada, Emma Zunz o El Aleph, al que Martín Kohan dedica muchas y muy luminosas páginas, entre ellas las de “Mas allá”, el estupendo artículo que cierra el volumen, que comienza con este párrafo:

 El prodigio de la visión del Aleph radica no solo en su poder de abarcar, que es absoluto, sino además en su poder de penetrar, que es decisivo. El todo que alcanza a verse en el Aleph, tan vasto como el propio universo, se debe a un fenómeno inefable de extensión y concentración, para que todo quepa, como cabe, en un solo punto; pero se debe también a la cualidad de una mirada que es capaz de traspasar la materia, y así acceder al atrás o al adentro de lo interno o de lo oculto.

Y sobrevolando todos estos asedios críticos, el convencimiento de que “la literatura de Borges será indiscutiblemente canónica, es decir, central, en el siglo XX.”