Le pego tiros al aire.
Siempre habrá versos perdidos
que, si estás cerca, te alcancen.
Como para ir calentando la voz y templando el tono, esa soleá de Víctor Jiménez sirve de pórtico y explica el título de su espléndido Tiros al aire, que publica la sevillana Libros de la herida en una elegante y delicada edición, ilustrada con doce aguadas sutiles de José Mateos y presentada desde su casapuerta con un prólogo luminoso en el que Lutgardo García Díaz, admirable poeta y buen conocedor del flamenco, subraya que “las soleares tienen un acabado especial, ya sirvan para la lectura o para el cante, concentran la sabiduría y la conservan en un cofre mágico. Nada puede añadirse y nada puede restarse porque en tres versos cabe todo. Tres versos que son como una trinidad donde las distintas personalidades del alma -la alegría, la pena o el amor- se expresan con una atmósfera de profundidad y de misterio.”
En esas palabras quedan reveladas las claves temáticas y tonales que Víctor Jiménez desarrolla en las cien soleares de este Tiros al aire un libro maduro y -cómo no- hondo.
Es, me parece, la segunda vez que Víctor Jiménez publica un conjunto de soleares. La primera fue, en 2019, Con todas las de perder. Rescato de entonces, por plenamente vigentes, algunas de las palabras que escribí a propósito de aquel libro:
“Se suma con este libro Víctor Jiménez a una tradición neopopularista y sentenciosa que alcanza sus momentos más altos con los Proverbios y cantares de Antonio Machado o con el Cancionero apócrifo de su complementario Abel Martín, que asumieron como forma de expresión ese molde estrófico que había recogido de la tradición anónima Demófilo en el siglo XIX.
Se fundaba así una línea poética que seguiría dando brillantes ejemplos en Lorca, en Alberti o en Manuel Alcántara.
A base de fundir el chispazo emocional y la hondura meditativa, Víctor Jiménez consigue crear con estas brevísimas piezas de veinticuatro sílabas un mundo poético propio articulado en seis secciones atravesadas por la infancia y la memoria, por el tiempo y el amor, por las pérdidas y las premoniciones.”
Pero volvamos ahora a estos recientes Tiros al aire, a la persistencia de su pólvora aromática y a su eco reciente: La luz a cuestas, Cantos de sirena, Reloj de arena, De sombra y sueño y De mi pulso y letra son las cinco partes en las que se organiza un conjunto poético reflexivo y sentencioso, atravesado por la experiencia del desengaño ante el paso del tiempo y las conflictivas relaciones humanas, por el amor y el deseo, la pérdida y el recuerdo:
No quiero verte, no quiero.
No quiero volver a verte
por no perder tu recuerdo.
Por la memoria de la infancia sin tiempo del verano, la cercanía siempre amenazante y paciente de la muerte:
La muerte sabe esperar,
porque sabe, como nadie,
que tú serás puntual.
***
No hay rival como la muerte.
Puedes ganarle batallas,
pero la guerra la pierdes.
O por la reflexión sobre la escritura poética propia o ajena:
No son míos los poemas.
Yo sólo pongo la música.
La vida pone la letra.
***
Aunque no los haya escrito,
siento míos los poemas
que me van quitando el frío.
Un libro que en su brevedad contenida y en la intensidad exigente de sus versos completa la pericia poética y perfila la imagen personal de Víctor Jiménez, que, como señala Lutgardo García en el prólogo, “ha sabido escuchar el tono de voz del pueblo para darle la estructura de lo popular y concentrar en él toda su biografía poética.”