Los tulipanes son demasiado rojos
De una cita de Sylvia Plath (The tulips are too red in the first place, they hurt me) toma su título Los tulipanes son demasiado rojos, el último libro de Teresa Gómez que acaba de publicar Bartleby. Termina con estos dos versos:
Los girasoles tienen un color desajustado
y los tulipanes son demasiado rojos.
En un itinerario poético, vital y ético que transcurre de lo íntimo a lo público, entre la memoria y el futuro, entre la desolación y la esperanza, entre la compasión y la indignación la mirada aguda de Teresa Gómez se proyecta sobre un presente lleno de ruido y de furia y su palabra precisa se convierte en alegato y testimonio frente al naufragio, en conciencia personal y social frente a la injusticia, el crimen y la indiferencia, en denuncia y consuelo ante la herida roja del mundo, la soledad, el miedo o la tristeza, en busca de sosiego y en "equipaje contra el frío", como resume el título de la primera de las cuatro partes en las que se organizan los poemas de Los tulipanes son demasiado rojos, a la que pertenece este Itinerario de ausencia:
Has vuelto la cabeza
cuando la eternidad te empuja,
campo a través,
abrumada de heridas
hacia los territorios del silencio interminable
y la niña que fuiste ha sonreído.
Presientes el abrazo ardiente de la tierra.
Te adentras en la niebla,
indagadora, sin miedo a la memoria,
de la mano de todas las mujeres
que has sido en el trayecto
y dejas en la hierba caracoles de lágrimas,
de sombra y de esperanza.
Quemar el desaliento titula Gerardo Rodríguez Salas el prólogo, en el que señala que “la palabra de Teresa Gómez está profundamente teñida de rojo. Como aquellos atardeceres. Como estos tulipanes. Su palabra nos conciencia desde la rotunda belleza con que mueren los atardeceres, con que se desangran los tulipanes. Y aunque, ante tanta metralla física y verbal, la primera reacción sea hibernar, la poesía necesita voces valientes y comprometidas como la suya.”
Un compromiso asumido a lo largo de todo el libro y resumido en esta declaración que cierra Detonación, la tercera parte:
Yo no soy, no puedo ser,
esa mujer detenida en la orilla,
en silencio,
ante el horror.

<< Home