Un inédito de Virginia Woolf
Cuando estaba buscando las memorias de Violet Dickinson acerca de la infancia de Virginia Woolf y la familia Stephen, la profesora de la Universidad de Tennesee Urmila Seshagiri encontró en 2022 en el archivo de Longleat House tres cuentos inéditos que la autora de Miss Dalloway había escrito en 1907 y revisado meticulosamente en 1908, cuando los mecanografió en tinta violeta.
Son tres cuentos “de tono lúdico y divertido”, como resalta Patricia Díaz Pereda en el prólogo -“Hallazgos felices”- que ha puesto al frente de la espléndida traducción anotada de Violet, que publica Páginas de Espuma en una memorable edición ilustrada por Andrea Reyes que llega hoy a las librerías.
Galería de amistades, El jardín mágico y Una historia para hacerte dormir son los títulos de estos tres cuentos que se publican por primera vez en español, después de aparecer en inglés en octubre de 2025.
Virginia Woolf, que tenía 25 años cuando los escribió casi como una broma privada, había empezado a colaborar en la prensa con reseñas y artículos unos años antes y se había integrado ya en el círculo artístico de Bloomsbury, pero todavía pasarían casi diez años hasta que publicó su primera novela, Fin de viaje, en 1915.
Era todavía una escritora en ciernes la que compuso estos cuentos primerizos de carácter fantástico y humorístico, protagonizados por la desafiante giganta Violet Dickinson, lectora de Shakespeare, Keats y Wordsworth y dueña de un jardín mágico, que derrota a unos simbólicos monstruos marinos que representan las tradiciones y las convenciones sociales.
Los escribió como una celebración de la amistad y en homenaje a su poco convencional amiga Mary Violet Dickinson, diecisiete años mayor que ella y con quien la unió una “amitié amoureuse", en palabras de la traductora.
Así relataba esa relación Quentin Bell en su biografía de Virginia Woolf: “Las numerosas cartas de Virginia a Violet se han conservado y en ellas resulta claro para el lector moderno, aunque no fuera en absoluto claro para Virginia, que estaba enamorada y que su amor era correspondido. Son cartas apasionadas, encantadoras, divertidas, embarazosas cartas llenas de bromas privadas y de “palabras cariñosas, cartas en las que Virginia inventa motes para sí misma, se imagina como un animalillo tímido y medio salvaje, un cachorro que hay que mimar y acariciar, son cartas en las que intenta hacer surgir una imagen del destinatario.
Era ciertamente una mujer muy buena, dotada de humor, inteligencia y paciencia. «Me recuerdas a Mrs. Carlyle», le dijo Virginia, y pasó a aconsejarle que no se arriesgara a tener el destino de aquella mujer, lanzándose con un corazón demasiado ardiente a cuidar de sus cachorros. Atraía a Virginia, presumo, porque era muy distinta a ella, puesto que tenía una seguridad airosa y masculina, un animado equilibrio imperturbable: era una altísima, poderosa y tranquilizadora torre. Pero debió de tener algo más que fuerza, cierta real grandeza de mente y de carácter.”
Aquella incipiente Virginia Woolf que agrupó estos cuentos de hadas como una biografía en clave fantástica y en un mundo mágico bajo el título The Life of Violet era todavía una narradora en formación, pero ya asoman en este tríptico narrativo las semillas de algunos de los que serían rasgos característicos de su literatura: la mirada femenina y autobiográfica, el ingenio, la reivindicación emancipadora para las mujeres de una habitación propia (“la mujer debe tener dinero y un cottage propio”, dice aquí), la voluntad experimental, la conexión entre el género novelístico y el de la biografía o entre realidad y fantasía y la imaginación fabuladora, que anticipan la magistral madurez de Orlando. Una biografía, la novela que aparecería veinte años después, en 1928, y con la que estos cuentos guardan una evidente conexión, como subraya Patricia Díaz Pereda en su entusiasta prólogo.
Esta excepcional edición ha tomado como referente las ediciones británicas de principios del siglo XX con una encuadernación en tapa dura al cromo, con la portada estampada en negro sobre un papel símil tela azul en el que se ha colocado un cromo, una lámina adhesiva con la ilustración Observación para entender el mundo, de Andrea Reyes, autora también de las siete láminas interiores en color.
“El interior -como explica la editorial-, fiel a la época e inspirado en la colección Little Britain de A&C Black, se ha impreso sobre dos tipos de papel diferente que contrastan al tacto y a la vista: un papel couché para las láminas a todo color (las “plates” de la época) se imprime por una sola cara, como se hacía entonces, para destacar el valor artístico de cada una de las obras; el texto del libro se imprime sobre un grueso papel volumen, ligero y de alta calidad al mismo tiempo. En él se cuidan, a su vez, las proporciones de márgenes y espacios que se acostumbraba (que en decir de los impresores, respetaba la proporción áurea y el descanso de los pulgares), y la tipografía continúa la tradición, al usarse la fuente Caslon Antiqua y sus florituras, en una fiel reproducción (hasta envejecida) de los tipos de plomo que los propios Woolf usaron en sus talleres.”

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