Antología poética de Rafael Cadenas
“Reconocer el trabajo literario de Rafael Cadenas no es solo un acto de justicia con la calidad de una obra, sino también un recado para todos aquellos que buscan en la palabra un compromiso, una lucidez, una reflexión, una constatación y un cotejo de la realidad que les acomode solidariamente en una actitud ante el mundo y ante sí mismos, como personas y como artistas, poetas, pensadores, intelectuales o simplemente interesados en las relaciones entre el lenguaje, la vida y el placer estético. Nada de lo que cuenta el venezolano nos deja indiferentes, porque el poeta emprende con cada pieza un repliegue sobre su propia subjetividad, una meditación sobre el lenguaje, las palabras y los actos que ellas vaticinan, poniendo al lector contra las cuerdas, obligándolo a enfrentarse con el mundo con los cinco sentidos. Sus poemas breves, mínimos, son dardos, y sus poemas dilatados son materiales para la contemplación, el estudio, una lluvia que cala y empapa hasta los tuétanos”, escriben Ángel Esteban y Yannelys Aparicio en la Introducción de Este vivir en vilo, la antología poética de Rafael Cadenas que publica Cátedra Letras Hispánicas.
Una amplia antología que reúne una muestra generosa y significativa de la poesía del autor venezolano. Una poesía de la indagación con la que ha explorado verbalmente el misterio del mundo y del hombre durante más de seis décadas con textos como este:
Yo pertenecía a un pueblo de grandes comedores de serpientes, sensuales, vehementes, silenciosos y aptos para enloquecer de amor. Pero mi raza era de distinto linaje. Escrito está y lo saben —o lo suponen— quienes se ocupan en leer signos no expresamente manifestados, que su austeridad tenía carácter proverbial.
Era el comienzo de Los cuadernos del destierro (1960), un subyugante poema narrativo dotado de una magia que no está sólo en las palabras, sino en una tonalidad en la que lo mágico y lo sobrehumano se expresan en un tono de exorcismo aterrador por medio de una voz que no es sólo la voz personal del poeta, sino la de un mundo que se expresa a través de él.
Entre el inicial Poemas de Trinidad (1954) y las glosas a otros autores de Contestaciones (2018), esta antología ofrece un pormenorizado recorrido por la creación poética de Cadenas, que, desde Falsas maniobras (1966), experimentó una modificación sustancial de su tono, que pasó de la incursión en lo telúrico, lo mágico y lo desconocido a una tonalidad verbal más cercana y a la preocupación por la desnudez del lenguaje, a la claridad aérea de la dicción y a la transparencia de su estilo -“Ya el delirio no me solicita”, escribió en Intemperie (1977)-, al verso más que corto escueto, al tono menor y a un cambio aún más transcendente en el sujeto lírico: desde el hechicero al hombre corriente y a la memoria, como en estos versos de Gestiones, uno de los libros que mejor resumen esa nueva poética del autor:
Ocurre que después del laborioso forcejear
el poema
está donde menos se esperaba,
donde nadie lo buscó,
donde no se ve,
en el rincón más apagado.
Vino a dar ahí
burlando al que escribía, al lector, a la página.
Se deslizó hasta ese lugar
donde de pronto
es descubierto.
Aquí,
dice una voz queda.
Oculto
como un niño
en un cuarto
donde se guardan viejos muebles,
Esa nueva deriva hacia un tono bajo y cercano se había sustanciado ya en 1963 en Derrota, un poema algo anterior a Falsas maniobras. Un poema central en su obra, del que los editores destacan “la relevancia que ha tenido en el contexto de su obra literaria completa” y que seguramente es el más conocido y antologado de su autor. Comienza con estos versos:
Yo que no he tenido nunca un oficio
que ante todo competidor me he sentido débil
que perdí los mejores títulos para la vida
que apenas llego a un sitio ya quiero irme (creyendo que mudarme es una solución)
que he sido negado anticipadamente y escarnecido por los más aptos
que me arrimo a las paredes para no caer del todo
que soy objeto de risa para mí mismo
que creí que mi padre era eterno
que he sido humillado por profesores de literatura
que un día pregunté en qué podía ayudar y la respuesta fue una risotada
que no podré nunca formar un hogar, ni ser brillante, ni triunfar en la vida
que he sido abandonado por muchas personas porque casi no hablo
que tengo vergüenza por actos que no he cometido
que poco me ha faltado para echar a correr por la calle
que he perdido un centro que nunca tuve
que me he vuelto el hazmerreír de mucha gente por vivir en el limbo
que no encontraré nunca quien me soporte
que fui preterido en aras de personas más miserables que yo
Años después, con Intemperie, se radicalizaba la evolución de Rafael Cadenas hacia la eliminación del yo, hacia una disolución que se convierte en desistimiento en estos versos:
Vida,
arrásame,
barre todo,
que sólo quede
la cáscara vacía, para no llenarla más,
limpia, limpia sin escrúpulo
y cuanto sostuviste deja caer
sin guardar nada.
Precedido de un magnífico estudio introductorio que recorre la vida y la obra de Rafael Cadenas y las conecta entre sí, Este vivir en vilo ofrece una panorámica significativa de su itinerario poético.
Un itinerario poético que se concreta en evolución creativa para reflejar la actitud humana y verbal, ética y estética, de Rafael Cadenas ante el mundo, ante el lenguaje y ante sí mismo. Una actitud de “asceta en busca de una centralidad esencial”, como señalan los antólogos, que queda resumida en este poema:
ARS POETICA
Que cada palabra lleve lo que dice.
Que sea como el temblor que la sostiene.
Que se mantenga como un latido.
No he de proferir adornada falsedad ni poner tinta dudosa
ni añadir brillos a lo que es.
Esto me obliga a oírme. Pero estamos aquí para decir verdad.
Seamos reales.
Quiero exactitudes aterradoras.
Tiemblo cuando creo que me falsifico. Debo llevar en peso
mis palabras. Me poseen tanto como yo a ellas.
Si no veo bien, dime tú, tú que me conoces, mi mentira, señálame la impostura, restrégame la estafa. Te lo agradeceré, en serio. Enloquezco por corresponderme.
Sé mi ojo, espérame en la noche y divísame, escrútame, sacúdeme.

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