Oficio de callar de José Luis Morante
La dedicación constante (teórica y práctica) al aforismo es una de las principales líneas genéricas que marcan la dilatada y plural trayectoria literaria de José Luis Morante. De esa dedicación dan cuenta no solo volúmenes como Mejores días, Motivos personales o Migas de voz, en los que ejerció como aforista, sino también el amplio estudio introductorio que abría Paso ligero. La tradición de la brevedad en castellano (siglos XX y XXI), publicado por La Isla de Siltolá hace ahora dos años.
En ese hondo ensayo sobre el género aforístico, destacaba José Luis Morante “la mecánica intelectiva del aforismo como estética de lo discontinuo” y “una estética abierta en su expresión, desnuda y activa, siempre implicada desde tonos distintos en búsquedas de conocimiento, reflexión y belleza” que “define esa dimensión del pensamiento donde menos es más.”
Esa estética abierta de lo discontinuo y lo breve y esa triple búsqueda en la que se conjugan ética y estética, indagación e intuiciones, esencia y existencia, pensamiento y poesía, vida y literatura acaba de concretarse en Oficio de callar, su nueva colección de aforismos que publica Mahalta Ediciones.
Como recuerda Jose Luis Morante en el epílogo, ‘Un grifo mal cerrado’, la escritura de estos aforismos la simultaneó con la elaboración de Paso ligero y con la lectura de ese corpus aforístico hispánico que dejó fijado en aquella antología, lo que vincula estos textos con ese legado y los sitúa en un territorio donde confluyen la experiencia vital, la memoria existencial y la asimilación de esa tradición de la brevedad aforística.
Una tradición que enriquecen los cientos de aforismos que recogen estas páginas. Aforismos que abordan la realidad para indagar en sus claves personales -tiempo y silencio, identidad y memoria, luces y sombras de la existencia- y universales desde múltiples perspectivas: desde la reflexión analítica a la intuición poética, desde la ironía distante a la emoción contenida.
Aforismos como estos:
El tránsito es duración; instante del aquí y ahora.
Cuando la realidad es el único centro, hay que acostumbrarse a vivir en el extrarradio.
El crítico colérico hace de cada lectura una fumigación, un estrago, una quema de rastrojos dispuesta a provocar incendios.
Esa paradoja de la identidad que permite no saber quién soy y saber quién no soy.
Dentro del aforismo la psicología del fingidor: una memoria que sabe lo que no sabe.
Dueño de una voluntad que cava hondura en el vacío.
Los aforismos desmigajan. Ponen sobre el mantel las sobras limpias de un pensamiento.
Nada mejor para concluir que cederle la voz crítica al aforista que remata su iluminador texto epilogal con estas palabras que explican también el sentido del título elegido para este volumen:
“Mis aforismos están construidos con la insistencia del grifo mal cerrado; en ellos encuentran consenso motivos que alzan un escenario por donde deambula el buscador de puertas del laberinto.
Transparente y anémico, el aforismo actúa con percusión nocturnal. Aísla pulsiones del pensar; construye enigmas que alteran la superficie del silencio. Su destreza mide las palabras con humildad, las despoja. Trata de aprender el saludable oficio de callar.”
Se cierra así un círculo que se había abierto con el primer aforismo del libro, en el que se lee:
De la verdad la búsqueda, el merodeo, los pasos inseguros que rozan la caída, el incansable oficio de callar.

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