Poesía completa de Nadia Anjuman
"La muchacha que no pudo brillar". Así define Rocío Moriones a la poeta afgana Nadia Anjuman (Herat, Afganistán, 1980-2005), víctima familiar, política y cultural del salvaje Afganistán de los talibanes, en la estupenda introducción que abre la traducción de su Poesía completa en edición bilingüe persa / español que publica Hiperión.
Murió en noviembre de 2005, el mismo año de su primer libro, Flor ahumada, al que seguiría, ya póstumo, Una cesta de ansiedad.
Escritos entre 1998 y marzo de 2005, algunos de estos textos los compuso clandestinamente, porque ni su marido, que acabaría asesinándola, ni la familia de este “veían con buenos ojos las actividades literarias de la joven, ya que consideraban una desgracia esta excesiva exposición pública, y él, por su parte, se sentía herido en su orgullo al ver que le dedicaba más atención a ella que a él”, como explica Rocío Moriones, que recuerda también que la figura de Nadia Anjuman inspiró la novela La piedra de la paciencia, editada en España por Siruela y con la que el escritor afgano Atiq Rahimi obtuvo el Goncourt en 2008, cuatro años antes de su adaptación cinematográfica.
De callada paciencia y pétreas opresiones domésticas, de deseos y desesperanzas, de prisiones y ataduras, de oscuras cadenas y semillas nuevas, de la escritura como forma de huida y la poesía como salvación hablan los poemas de sus dos libros, compuestos con el esquema clásico del gazal (gacela) persa o en verso libre, pródigos en metáforas sutiles y acuáticas y en paisajes simbólicos, en preguntas y lamentos por la falta de libertad y en resistencias y rebeldías contra el silencio de Nadia Anjuman, que estudió literatura en secreto, en un grupo de mujeres de un círculo de costureras
Entre la confesión, el testimonio y la denuncia, este Inútil, que escribió en enero del 2000, se difundió mucho en 2021, cuando los fundamentalistas talibanes recuperaron el poder, resume la actitud ante la poesía y ante la vida de Nadia Anjuman:
No deseo abrir la boca. ¿Qué podría cantar?
Yo, odiada por mi época, tanto da que cante o que no.
¿Cómo hablar de miel si todo me sabe a hiel?
¡Ay, pues el opresor me golpeó en la boca!
Compañero no tengo en el mundo a quien seducir
¿Qué más me da reír, llorar, morir o vivir?
Yo, cautiva en esta celda de impotencia y aflicción,
vine al mundo inútilmente, y sellada debe ser mi boca.
Ya sé, ¡corazón mío!, que hubo primaveras y tiempo de regocijo,
mas, ¿qué puedo hacer si tengo las alas atadas y no puedo volar?
Aunque hace mucho que guardo silencio, no olvidé las canciones
pues no dejo de susurrar a cada momento las palabras de mi corazón.
recordando que llegará el jubiloso día en que abriré la jaula,
me liberaré de este cautiverio y cantaré embriagada.
No soy como ese frágil sauce que se estremece a la mínima brisa,
soy una mujer afgana, y justo es que no ceje en mi lamento.
Esta es la primera traducción íntegra de la totalidad de su obra poética, vertida directamente del persa por la prestigiosa traductora Rocío Moriones, que termina así su introducción:
¡Ojalá que, en este momento en que los talibanes han prohibido a las mujeres cantar y recitar poesía en público, este libro, a modo de justicia poética, alcance un gran eco y sirva para que la voz de Nadia Anjuman se eleve, resuene, retumbe y se multiplique por todos los rincones! Se cumplirá así uno de los sueños de la poeta, expresado en estas palabras:
Cuando estaba al borde de la desesperanza
las nubes derramaron nueva vida.
¡Esta soy yo! ¡Esta que está hablando!
¡Ojalá estuvieran aquí para verme!
De este modo la voz de Nadia saldrá de la oscuridad y, como imaginaba en los siguientes versos, podrá finalmente brillar:
El mundo escribirá relatos sobre mis afanes.
Quiero cubrir de oro el corazón de la historia.
Si la asamblea me apoya en mis composiciones,
adornaré todos los libros con mis versos puros.

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