La herida y el cuchillo en República de las Letras
El poeta y crítico José Antonio Santano firma en República de las Letras esta honda y luminosa lectura de La herida y el cuchillo. La dejo aquí con mi agradecimiento y el enlace al original al final de la reseña.
LA TRANSPARENCIA SÓLIDA DEL MUNDO
La lectura de La herida y el cuchillo nos recuerda que Santos Domínguez es una de las voces más consistentes de la poesía española contemporánea. Fiel a una escritura de gran exigencia estética, sus versos aportan siempre una experiencia reveladora.
Declara el poeta Roberto Juarroz que, «La palabra transfigurada de un hombre solitario puede recoger allí, por abajo, el gesto misterioso y absurdamente magnífico de la humanidad. La poesía puede entonces proyectar ese gesto y abolir en un acto de amor la distancia entre el hombre y los objetos, entre el hombre y la naturaleza, entre el hombre y el hombre, entre el hombre y la muerte. Más que un vacío, esas distancias son el músculo al que es posible dar vida con el nervio de la visión creadora, con el tatuaje inusitado de la palabra en función y explosión de ser, para mover así el mundo. La realidad está donde queremos que esté, donde somos capaces de engendrar una forma», y a más añade: «La poesía es la visión activa: visión que crea lo que ve».
Vida y poesía se perfeccionan y se completan, la invisibilidad de las cosas crea nuevas imágenes, nuevos símbolos, nuevas realidades que no estaban, pero que el poeta las crea para sí y el mundo. La poesía se convierte así en la palabra transformadora nacida del caos y la nada, o del misterio para presentarse libre y viva, transparente y sólida al mismo tiempo, como una luz resplandeciente en el universo de los días. Clarividencia y conocimiento, experiencia y emoción se mantienen en el tiempo, en la construcción del poema como señas de identidad y de una fuerza indescriptible, solo apta para quienes ejercen de poetas verdaderos, esos que, alejados del ruido y la parafernalia oficial y los saraos del poder mediático, siguen apostando por la palabra en su total desnudez.
Sin lugar a duda alguna, Santos Domínguez (Cáceres, 1955) se halla, por méritos propios, en el grupo de los poetas de larga y honda trayectoria, cuya particular voz seduce al lector de la primera a la última página de sus libros, entre los que cabe destacar: Las provincias del frío, En un bosque extranjero, Las sílabas del tiempo, El viento sobre el agua o Principio de incertidumbre. El último publicado y objeto de este comentario es La herida y el cuchillo, merecidísimo Premio de Poesía Ciudad de Las Palmas de Gran Canaria en su vigésima octava edición.
Como en anteriores entregas, Santos Domínguez toma como hilos conductores de su creación poética elementos tales como el tiempo, la sombra, el fuego, la luz, también el silencio que entronca con una forma de mirar hacia dentro y que caracteriza el uso de una simbología concreta y en la que el ritmo, la música interior del poema y la palabra precisa completan un itinerario en el cual la estética y la ética van de la mano, unidas por una infrecuente sensorialidad que hace que el lector quede seducido por su gran carga humana: «Con la misma quietud, con el mismo silencio, / lo aéreo y lo terreno, lo denso y lo ligero, / lo sutil y lo grave, el sueño y la vigilia, / la luz y la penumbra, / la sombra de la luz y la luz de la sombra: / la transparencia sólida del mundo».
Estructurado el poemario en tres partes: «Quemadura de sombra», «Marca de aire» y «Una luz extranjera», y con un tratamiento culturalista de la poesía y de una intensidad infrecuente, Domínguez viaja al corazón de la vida con referencias concretas a las artes (pintura, música, literatura, etc.) y a los creadores (Eliot, Anise Koltz, Rimbaud, Mozart, Ovidio, Giacometti, Leopardi, Velázquez, Zurbarán, Schubert, Goya, Durero, Rothko, etc.), pero sobre todo ahonda en el ser de las cosas y el hombre, desde la convicción de que solo así el tiempo se abre como una luz anunciadora de otras luces y otras vidas.
Y todo fluye en armonía. El poema es entonces una música que se adentra a través de los sentidos y en estos se hospedan como un aire nutricio de colores y sonidos, de luces y penumbras, de muerte y soledades, de rostros y gestos, de otoños dorados o de ángeles y tempestades, todo y nada se guarece en la palabra que resuena en el silencio de la noche una y mil veces mil. Nadie escapa a la palabra que ilumina las sombras, que nace de la oscuridad para volver a la luz, que guía del naufragio a la salvación y que siempre es sueño, esencia y conmoción para el lector: «Volveremos al mar una tarde votiva, / nos unirán las sílabas dolorosas del tiempo, / las miradas calladas, el áspero silencio, / el huérfano dolor de los otros, ya muertos, / que ardieron con nosotros en la tarde infinita». El poeta observa minuciosamente el mundo, reflexiona y construye la palabra exacta, esa que surge del armónico silencio y nos acoge e ilumina: «El silencio contiene el eco de sí mismo. / Y ha vuelto del viaje, ha vuelto herido y solo, / sereno ya, por fin, el rostro del cadáver».
Como dice en su acertado y breve prólogo a este libro, titulado El guardián del fuego, José María Jurado García-Posada: «Los poemas de Santos Domínguez, por la claridad y precisión de las palabras escogidas, por su dicción serena y su arquitectura equilibrada y solemne, sugieren una escucha hipnótica y sinfónica (…), la poesía de Santos Domínguez, el portador del fuego, viaja hasta la hondura del ser y nos revela, inermes, pero guarecidos, nuestra esencial y fría soledad lunar».
Como colofón a este comentario del libro La herida y el cuchillo, título que Domínguez toma de un verso de Baudelaire contenido en Las flores del mal (Yo soy la herida y el cuchillo), concluyo con una definición del propio autor al considerar que ha de ser «La poesía como revelación desde la incertidumbre, como iluminación en la sombra». Evidencian las palabras de Santos Domínguez su gran conocimiento acerca del hecho poético, de la extraordinaria tradición poética universal, pero sobre todo, nos reconduce a la verdadera condición de poeta, la que lo caracteriza y ennoblece por encima de modas y modismos, cuestiones estas superficiales y ajenas al hecho poético en sí mismo.
La herida y el cuchillo, Santos Domínguez, La Palma (2026), 96 páginas, 16 euros.
(José Antonio Santano. República de las Letras. Julio, 2026)
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