Razón de la insurgencia
La vida se desnuda, lo descubres
cuando miras el alba de las cosas,
su condición primera, esa esbelta
vocación de servir que se refleja
al este de tus manos. Todo tiene
remedio si fracasas, porque nada
nos pertenece, ni siquiera
las cosas que están sobre la mesa.
Nada puede perder quien nada lleva
y recorre sus días buscando lo que importa.
Ese afán está oculto en nosotros
y alza su virtud frente al desánimo
y la desesperanza. Cuando mira
no grita pero espera
tu decisión sin prisa. Pálidas
señas como ceniza te lo anuncian.
Quizá notas mayor desconfianza.
Empiezas a sentir la valentía
del fracaso y asumes lo que viene
como un deber que llega de la tierra.
No puede compartirse mucho tiempo
el odio junto al odio. Compensa
esta elección su altiva
pesadumbre y cobija
los afanes cautivos
en generosos campos
de soledad que cruzan indolentes
nubes de la nostalgia. Y descubres
que la victoria es falsa
como infiel es la luz feroz que la ilumina.
Con ese poema abre Jesús García Calderón su Condición partisana, que publica Entorno Gráfico Ediciones. Es su última entrega poética y una espléndida muestra de la serena madurez de su poesía, de su creciente hondura meditativa y su exigente intensidad lírica.
Una meditada estructura articula la composición de un libro construido con treinta poemas sin título. Treinta poemas de treinta versos articulados en tres estrofas de diez versos blancos de cadencia endecasílaba y a veces heptasílaba.
En ese primer poema inicial, colocado intencionadamente como una obertura, figuran ya las claves simbólicas, temáticas y tonales de Condición partisana, “la valentía del fracaso” y el empeño solitario al que impulsa el deber, el coraje ante el peligro, la insularidad heroica de la conciencia, la memoria y el olvido, la victoria y la derrota, porque "para ser partisano es necesario / no querer serlo”, la segunda persona autorreflexiva que medita ante el espejo de la conciencia y alterna en el resto de los poemas del libro con la primera persona autobiográfica presente en estrofas tan intensas como la que abre el segundo poema del libro:
Cada vida, por pequeña que sea,
guarda un lugar que nunca nos traiciona.
Una vez lo encontré
reposando detrás de las palabras.
Es lugar de penumbras que parece
lugar de los vencidos, que reclama
comprender que el fracaso no es fracaso
sino espera. Los caminos
que teje la razón lo delimitan,
porque eres tú el lugar, tú su reflejo.
Casi simultáneamente a la aparición de este libro de poesía, Jesús García Calderón publicó el ensayo La era de los nombres ocultos, una encendida defensa y una decidida afirmación de la identidad personal frente a la agresión a la intimidad que supone la tecnología digital. Ese es el eje temático que vertebra su estupendo ensayo, en uno de cuyos capítulos, El nuevo partisano, se lee esta reflexión:
Cuando el poder, en cada una de sus manifestaciones, desnuda a los ciudadanos, nace un temor constante de perfiles confusos y acaba por extenderse por la atmósfera social un lamento que reclama la libertad. Y nace entonces, incluso a nivel inconsciente, un nuevo partisano porque una ciudadanía atosigada responde siempre distanciándose del orden y del poder. Hablamos de un proceso que comienza por indignarnos, continúa irritándonos y concluye con esta mezcla creciente de desconfianza y temor que ya alcanza niveles superlativos. ¿A dónde nos conduce esa desconfianza? No cabe duda de que genera una visión crítica pero quizá demasiado abrumada por la superioridad tecnológica. La percepción de un control externo automatizado empieza de forma sutil, pero germina muy pronto y arraiga como la mala hierba aprovechando la inercia del discurrir del día y el cobro periódico de los salarios.
Y de ahí surge la razón de la insurgencia, la raíz que alimenta esa condición partisana que García Calderón explica así en la prosa de su citado ensayo:
El partisano desarrolla su actividad en la tierra y el pirata la desarrolla en el mar, pero el nuevo partisano, al que habría que empezar a dar un nombre propio, desarrolla su actividad sobre un flujo virtual hasta ahora desconocido y que solo se materializa sobre grandes paneles o pantallas de ordenadores, tabletas o teléfonos inteligentes.
Complementarios y convergentes ambos libros, si bien diversos en su despliegue expresivo, el ensayo aporta el sustrato ideológico y vital de Condición partisana, que aborda esos temas y esas actitudes desde el mismo lugar moral, pero desde una muy distinta perspectiva formal: la de la intensidad y la libertad del lenguaje poético en un edificio poético sostenido sobre el simbolismo del partisano y su consiguiente desarrollo alegórico a través de la terminología bélica que encauza su mirada existencial y la ubicación moral de su resistencia y su esperanza.
Y así, por ejemplo, reaparece decantado poéticamente en estos versos el antiguo y borgiano tema de los nombres ocultos, que además de ser central en el ensayo le daba título:
Aquel viejo poeta descubrió que sus gatos
tenían un nombre propio que ignoraba.
Un nombre clandestino que acaso revelara
alguna coincidencia inexplicable.
En esta condición pasa lo mismo.
Felino y partisano no comparten
su identidad secreta. Se obedecen
y afrontan la jornada con el mismo cuidado
y por la noche temen
que algún sueño en voz alta los delate.
En una composición de conjunto tan meditada, la secuencia de los poemas no es irrelevante. Y por eso es muy significativo que sea este el texto elegido como cierre, cima y paradoja de esta admirable Condición partisana:
Sentados, con las manos unidas, me buscabas
como yo a ti. No bastaba el pasado.
Ni siquiera bastaba seguir juntos.
La plaza estaba herida y sus balcones
mostraban su sorpresa, nos miraban
con recelo, gritándonos su enfado.
¿No veis cómo la tarde os regala
su cortejo de torpes ambiciones?
¿No veis cómo el destino
se esfuerza todavía por ser como vosotros?
¿Y a qué viene el pudor y la inconsciencia?,
¿a qué viene quejarse del olvido? Sois
vosotros el olvido,
los dueños de su frágil
contorno, los únicos que pueden
arrojarlo al abismo.
Solo somos olvido y lo que importa
es que nace y termina con nosotros.
No nos vence el olvido. Derrotamos
su afán por separarse del destino.
Hay una soledad que no sabemos
nombrar. Solo cubrimos
sus fértiles heridas con el manto
de la luz que regalan
las buenas ilusiones. Generosa
vino la libertad para ayudarte.
Apareció desnuda de egoísmo
y solo te pidió que mantuvieras
cierta ingenua virtud y confianza
en la feliz desdicha que elegiste.

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