Mujeres y deseo en el Decamerón
Decamerón: diez días y cien cuentos, siete muchachas y tres muchachos que huyen de la peste de Florencia y se refugian en el campo y en los relatos como estrategias de supervivencia.
Como Sherezade en Las mil y una noches, en el Decamerón los personajes se evaden de la muerte y tienen que narrar para sobrevivir, de manera que el relato equivale a la vida. Lo explicó Todorov en su memorable Gramática del Decamerón, con la que abrió el camino de la narratología.
Es la alegría de vivir y la celebración de un relato exento de lastres morales a través de diez narradores fogosos y desenfadados que narran historias de amantes ingeniosos y de maridos cornudos, de conventos y hortelanos, de monjas recoletas y frailes procaces, de amores no correspondidos como los de Nastagio degli Onesti, que pintó Boticelli.
Aquellos narradores, como los demás personajes, salían del territorio de la muerte y de un oscuro tiempo de tinieblas y defendían la alegría de vivir y de contar en la perspectiva histórica del otoño de la Edad Media.
Y a partir de toda esa materia narrativa del Decamerón, la traductora italiana Mita Valvassori ha hecho una selección con aquellos relatos centrados en las mujeres y las múltiples facetas del deseo para ofrecerlos en una cuidada edición espléndidamente ilustrada con pinturas prerrafaelitas que publica Reino de Cordelia.
“Las mujeres que desfilan por estas páginas -explica en su prólogo- intervienen, deciden, responden y actúan, siempre en relación -y a menudo en fricción- con los hombres y con el orden social que las rodea.
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Desde esta perspectiva, las mujeres del Decamerón no aparecen solo como objetos del deseo masculino, sino también -y de manera insistente- como sujetos deseantes. El deseo femenino va más allá del impulso erótico: es deseo de placer, de espacio, de reconocimiento, de coherencia consigo mismas. Esta pluralidad de figuras y situaciones permite leer el deseo como una fuerza narrativa que organiza las acciones y pone de manifiesto las tensiones del mundo social.”
Y añade que “un rasgo decisivo de estos relatos es la asociación constante entre deseo y palabra. Las mujeres más deseadas son también, con frecuencia, las más lúcidas, las más rápidas en la réplica, las más capaces de leer una situación y de intervenir en ella. La astucia, la ironía, la capacidad de construir ficciones que cambian la realidad o de imponer un límite mediante el lenguaje, se convierten en formas de poder cotidiano.”
En cuatro apartados (Placer: aprender a desear; Palabra: construir el deseo; Libertad: defender el deseo; Voluntad: reafirmar el deseo) articula Mita Valvassori esta antología temática del Decamerón. Cuatro apartados que representan cuatro modulaciones del deseo y sus variantes y se concretan narrativamente en veinte episodios protagonizados por otros tantos personajes femeninos.
Mujeres activas, inteligentes y astutas en quienes se personifican las distintas formas del deseo en la colección de cuentos de Boccaccio: como experiencia de aprendizaje corporal, en conflicto con la autoridad masculina y como afirmación de la libertad personal o como expresión de la rebeldía.
Mujeres como la ermitaña Alibech, que aprendió a meter el diablo en el infierno, como doña Oretta, que se bajó del caballo ante la impericia narrativa del jinete; como la viuda doña Francesca, que desplegó su astucia para desprenderse de dos pretendientes; como la joven monja Isabetta, que deja en ridículo a la abadesa de su convento o como la fiel doña Dianora y la petición imposible al poderoso caballero que la cortejaba.
“La presente antología -explica Mita Valvassori- se compone de traducciones literarias de los relatos aquí reunidos. No se trata de una traducción académica, sino de una versión pensada para un lector contemporáneo en un castellano actual. La ausencia de notas y explicaciones externas responde a la convicción de que estos cuentos deben poder leerse hoy como textos vivos, capaces de sostenerse por sí mismos y de seguir ofreciendo una experiencia significativa al lector contemporáneo.”
Y a esa misma voluntad de proximidad responden las imágenes de cuadros prerrafaelitas que ilustran el volumen, porque “procedentes en su mayoría de la pintura británica de la segunda mitad del siglo XIX, estas obras dialogan con el universo de Boccaccio desde su propia estética. Para las corrientes artísticas de esa época, especialmente para la escuela prerrafaelita, la representación de la figura femenina fue un pilar fundamental, legándonos imágenes que hoy siguen vivas en nuestro imaginario.”
Imágenes como estas:
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