22 septiembre 2026

Ulises y la semilla inmortal




 No  hay  que  buscar  la  figura  de  Ulises  en  el  clásico  cine  de  aventuras  exóticas, generalmente dedicadas a viajes de ida y no de vuelta. El Ulises cinematográfico casi nunca es un aventurero explorador del tipo Jasón, sino, sobre todo, un excombatiente repatriado. Su figura puede rastrearse en el conjunto de películas que, especialmente en  los  Estados  Unidos,  se  han  producido  al  final  de  cada  conflagración  bélica  a  lo largo del siglo. Tienen algo de Ulises aquellos personajes amnésicos que llegan a un hogar  trastornado  inmediatamente  después  de  la  Segunda  Guerra  Mundial,  como “el protagonista  del  film  de  Mankiewicz Somewhere  in  the  Night  (Solo  en  la  noche, 1947);  o  los  seres  sin  futuro  que,  en  el  interior  del  mismo  género  de  cine  negro, encontraban su situación sentimental convulsa al llegar a casa, como el Alan Ladd de The Blue Dahlia (La dalia azul, 1946). Una película que recibió tantos Oscars como The Best Years of Our Lives (Los mejores años de nuestra vida, 1946) supo condensar los rasgos más emotivos del desencanto que suponía ese retorno.
Las mismas tipologías se han reproducido en el contexto del cine post-Vietnam, como acreditan los protagonistas de The Visitors (Los visitantes, 1972), los inválidos retornados de esa misma guerra en Coming Home (El regreso, 1978) y en Born on the Fourth  of  July  (Nacido  el  4  de  julio,  1989)  o  los  soldados  dados  por  desaparecidos que regresan para encontrar a su esposa casada con otro hombre, como en Welcome Home  (1989),  de  Franklin  J.  Schaffner,  donde  la  relación  Telémaco-Ulises  ya  no plantea  la  aspiración  a  ninguna  restitución  de  un  orden,  sino  a  un  equilibrio  más posibilista, basado en  la aceptación de  los cambios acontecidos  durante la ausencia. Forman  parte  de  la  misma  hornada  de  repatriados  sin  rumbo  los traumatizados excombatientes  que  emprenden  una  venganza  en  solitario  contra  el  conjunto  de  la sociedad,  respuesta  psicopatológica  que  el  actor  Robert  De  Niro  encarnó  con contundencia  en Taxi  Driver  (1976),  y  que  ha  ido  seguida  después  por  una innumerable lista de thrillers. La guerra vivida fuera y la guerra reanudada en casa se convertirán en encarnaciones actualizadas de la Troya y la Ítaca de una sociedad que sigue  marcada  por  los  estigmas  bélicos.  El  factor  abiertamente  épico  de  la Odisea resultará,  sin  embargo,  muy  escaso  en  muchas  de  estas  películas,  que  ceden  el protagonismo  al  drama  psicológico  y  al  documento  marcadamente  realista.  Serán otras guerras del pasado las que reproducirán fílmicamente la épica básica del poema homérico.


Jordi Balló y Xavier Pérez.
La semilla inmortal.
Los argumentos universales en el cine.
Traducción de Joaquín Jordá.
Anagrama. Barcelona, 1995.