21 octubre 2026

Donde Álvaro Pombo

 



[1] Donde Álvaro Pombo no habita el olvido. Donde su camarote, bujío insólito, flat con terraza y vistas al oeste: asomarse al interior y al exterior desde la altura. «No quieras salir fuera, vuélvete hacia ti mismo, en el interior del hombre habita la verdad.» No hay afuera, todo es adentro.
Noli foras ire.
[2] Su mejor libro quizá sea él mismo. Juan Benet le escribe en una carta: «Para Vd. el mayor enigma es Vd. mismo. Lejos de ser una maldición, esa condición debe ser un tesoro, molesto a ratos pero entretenido y sugerente la mayor parte del tiempo». Como el licenciado Vidriera, motivo de su discurso por el Premio Cervantes.
Álvaro puede ser al tiempo ordenado y desordenado, responsable y salvaje, de buenas maneras y de buen corazón, así como colérico, soberbio e impaciente, tan sociable como retraído, tan introvertido como exultante, tan exigente y tenaz como grato y amable en la pequeña distancia. «Todos sabemos que el desorden privado es fruto de la dejadez. Uno se abandona y su habitación acaba hecha un bardal porque parece que el orden es un esfuerzo suplementario, independiente de la vida. La vida da con frecuencia impresión de un caos creador.» Escrito queda.
Con unos ahorrillos for a rainy day. Excéntrico en el sentido literal del adjetivo. «Imprevisible, sabio y divertido», le califica Manuel Vicent. Habitante de una vibrante meteorología donde pueden darse cantábricamente four seasons in one day. Todos tenemos un mar interior que hay que controlar como sea.
[3] Ingenioso, entusiasta, sedentario, individualista, agorafóbico. No ha sido nunca un escritor de tertulias ni de bohemias perdularias. Aborrece el chismorreo. Considera que ciertas rutinas gremiales son una pérdida de tiempo, frente a una vida solitaria de trabajo incesante. Odia lo intelectual y pontífice en cuanto alguien se autocalifica como intelectual y pontífice. En los cócteles, mejor hablar de metafísica.
[4] Con él sobre todo se trata de hablar. Fragmentar la vida con palabras, lecturas, vivencias, pensamientos que se dicen. Las conversaciones van enlazando sus asuntos, las voces acompañan el gesto y se van modulando a capricho o necesidad. Ahí se aferra la vida: se expande en la verbalización y los silencios, se ciñe al laboreo vicioso del fabular. La literatura subyace al mundo. Es el mundo. Hay un entendimiento profundo que se encuentra cómodo en cualquier profundidad, incluso en lo aparentemente superficial, que luego hemos sabido que sustancia nada menos que el correlato objetivo de T. S. Eliot.
Excelente conversador desde niño, de los que no solo hablan, sino que también escuchan. Muy ex auditur. Ajeno a toda pedantería y a todo engreimiento. Le gustaría ser recordado por su elocuencia y por sus amigos. La filosofía le surge incluso cuando habla: no es un alarde, los textos están interiorizados. Lo que le interesa de los libros es lo que puede incorporar a su vida. A menudo a contracorriente, practica una libertad insobornable. «Con un Pombo cada cien mil habitantes respiraríamos un aire más fresco», ha escrito Elvira Lindo.
[5] Lo que más le gusta, divierte y estimula es escribir. Le interesa la escritura como clarificación del mundo. La literatura es su gran proyecto personal. ¿No hablan de proyecto Ortega, Heidegger o Sartre? Uno de sus maestros jesuitas, Cagigal, estaba convencido de su vocación literaria, una vocación que va más allá del hecho de publicar o no un libro. La gran literatura se hace, sobre todo, rompiendo cuartillas, ha dicho la «reina madre» de la colección «Narrativas hispánicas» de Anagrama.
¿Cómo que no es un experimentador literario? Es el escritor más experimental de nuestras letras recientes... al hablar de asuntos inusuales pero graves, al meterse en la conciencia de los personajes, al explorar los territorios de la ironía, la especulación y la oralidad. ¿Es que acaso, señoras y señores, la raíz realista decimonónica va a resultar toda una novedad hoy en día? ¡Oh, albardas, sencillas cosas del campo, apegadas a lo real, que hicieron este viaje según costumbre!
Escritor pedagógico y moralista, sus novelas requieren habitualmente un esfuerzo por parte del lector. Poeta marginal, sin imposturas, sus versos son una llave para entenderle. No se puede ser superficial ni se pueden tener muchos amigos tampoco. Escribir es rezar, dice Kafka.


Son cinco de las quince aproximaciones Preliminares que Mario Crespo López sitúa como obertura de su ambicioso Donde Álvaro Pombo, cuyo título es un guiño que evoca en el lector el de uno de sus libros más significativos, Donde las mujeres (1997), que el propio Pombo tiene por su novela preferida.

Poeta y narrador, Álvaro Pombo (Santander, 1939) es autor de una obra personalísima que en general ha contado con el reconocimiento de la crítica y del público. Desde los iniciales Relatos sobre la falta de sustancia y El héroe de las mansardas de Mansard, su primera novela, con la que obtuvo en 1983 el Premio Herralde, hasta hasta El exclaustrado, su última novela publicada, o los dos recientes volúmenes de Cuentos autobiográficos publicados por Anagrama en 2025 y 2026, su obra narrativa ha ido creciendo en cantidad y calidad hasta consolidarlo como una de las figuras más sobresalientes de la narrativa española de las últimas décadas.

Así resume su importancia Mario Crespo: "Es uno de los plumíferos más destacados del último medio siglo entre las letras hispánicas, cuya trayectoria ha culminado con el Premio Cervantes de 2024, tras una buena ristra de galardones y reconocimientos. Su palabra está casi constantemente en la prensa de una manera u otra, con artículos, presentaciones, anuncios de actos y entrevistas. Hubo un tiempo incluso en que fue toda una celebrity de la televisión, cuando la televisión en España daba ocasión frecuente a encontrar personas interesantes en programas interesantes."
 
Mediante un peculiar estilo en el que conviven la reflexión y el humor, sus novelas y cuentos construyen un universo narrativo y humano inconfundible en el que se equilibran los aspectos argumentales y formales, el hallazgo expresivo y las historias llenas de interés a través de unos personajes complejos y contradictorios, introspectivos y firmemente anclados en la memoria.
 
Personajes que a veces son proyecciones autobiográficas del autor, que ha confesado alguna vez: “Creo que la experiencia es esencial para el escritor. En mi caso, escribir es un viaje a mí mismo y ese viaje no puede desligarse de la experiencia.” Autobiografía y literatura, memoria y ficción van por tanto indisolublemente unidas en la narrativa de Pombo, como resalta Mario Crespo en esos Preliminares.

 “Así como hay autores que hablan de mundos exteriores yo siempre he contado un mundo interior.” explicaba Álvaro Pombo en una entrevista en 2002. Y precisamente Una literatura interior es el último apartado de esa sección preliminar que sirve de introducción a esta biografía articulada en cinco partes que tienen sus referentes en las cinco ciudades en las que transcurre la vida del biografiado: 

La natal Santander del niño de familia de la alta burguesía y la decisiva memoria de su infancia de hijo único y solitario, rodeado de mujeres y de historias familiares que nutrirán muchos de sus relatos y novelas como Una ventana al norte o Santander, 1936; La Dehesilla, la finca en el páramo palentino de los veranos castellanos, el Valladolid del internado en un colegio de jesuitas, el “paso del niño mono al adolescente catastrófico” y la figura decisiva de José María Cagigal, “que me enseñó a tener confianza en mí mismo. Si no hubiera sido por este hombre, no sé qué sería de mí; probablemente, no existiría en estos momentos.”

El primer Madrid de la Universidad en Filosofía y Letras y  el  Colegio Mayor, el descubrimiento de las anfetaminas y los barbitúricos, de Rilke y Eliot y la influencia decisiva de Ortega, Zubiri y Aranguren y la detención por escándalo público en la Plaza de España una madrugada de 1966. Era el segundo de dos finales abruptos y necesarios, uno vergonzoso y otro vergonzante. Este segundo final, que evocará en 2001 en El cielo raso, le haría irse a Londres, donde estaría once años, ocho como limpiador a domicilio por horas y luego tres como telefonista del Banco Urquijo, un empleo modesto y oscuro que luego sublimaría como "ingeniero de telecomunicaciones". La desorientación solitaria, el vacío y el aislamiento desubicado, la poesía de los Protocolos -"un admirable prólogo al resto de su obra"- y los Relatos sobre la falta de sustancia quedan como señales de esa época, que fue decisiva en muchos aspectos vitales y literarios, un periodo de "inmensa negatividad fértil ", por decirlo en sus propias palabras. 

Y finalmente el Madrid del regreso desde finales de 1977. Un Madrid donde desarrollará la mayor parte de su obra, donde se empeña en abrirse paso en los círculos literarios y sociales y va obteniendo un creciente reconocimiento público como poeta y sobre todo como novelista a partir de El héroe de las mansardas de Mansard. Es este el "capítulo mayoritario" del libro, el más centrado en el análisis de su creación literaria, creciente a lo largo de este medio siglo y paralela a un mayor sedentarismo y estabilidad en su dedicación a la escritura, que tiene en El metro de platino iridiado (1990) una de sus referencias e inflexiones más significativas.

Cinco etapas geográficas de un itinerario vital y literario en el que se mezclan constantemente la biografía y la narrativa, la memoria y la creación, porque, como ha escrito Pombo en Autobiografía y novela,  “todos los que leen mis novelas tienen la impresión de que de una u otra manera estoy contando mi vida. Mis novelas producen invariablemente la impresión de un narrador que, bien sea en primera, bien sea en tercera persona, cuenta su vida o proyecta su vida en sus personajes.”

En consecuencia, afrontar su biografía y su obra implica acercarse a un itinerario vital y literario en el que la vida se convierte en literatura y la literatura se hace vida: “Yo he hablado muchísimo de mí mismo en mis obras, pero usándome como material para la invención del Yo y de los otros yoes de las novelas”, reconocía en esa misma entrevista.  

A ese propósito, Mario Crespo subraya que “Pombo está absolutamente presente en sus obras, donde suele entornarse, aprovechando la ficción, para hablar de sí mismo.” Y por eso el biógrafo se detiene no solo en la peripecia biográfica de Pombo, que aporta muchas de las claves fundamentales para entender su obra, sino también en la lectura analítica de sus libros, porque “es imprescindible el análisis de sus textos para trazar su biografía.” 

Construye así la obra con un constante y sólido apoyo en sus conversaciones con el biografiado, en el acceso a sus archivos privados, a algunos inéditos y al fondo fotográfico que ilustra abundantemente el volumen. Pero sobre todo apoyándose en sus artículos y textos literarios, poéticos, ensayísticos o narrativos, porque en esa confluencia constante y bidireccional de vida y literatura, de experiencia y transfiguración narrativa están las bases metodológicas para acometer con un enfoque adecuado y completar con brillantez este acercamiento esencial a la literatura pombiana en un volumen que  ofrece algún anticipo de la aún inconclusa Una novela militar y que se cierra con una doble Bibliografía -activa y pasiva- de y sobre Álvaro Pombo y un amplio índice onomástico, con los que se remata este espléndido Donde Álvaro Pombo.

Una enumeración incompleta es el subtítulo del libro, procedente de un fragmento en el que se evoca uno de los viajes familiares entre La Dehesilla y Santander: 

Es este, al fin, un mundo organizado, serio, rudo, montaraz. Padres e hijo viajan al norte en el Studebaker, llamado «vas o vienes» porque no se distingue muy bien lo de delante y lo de detrás. Así es el mundo, poco distinguible, una descripción memorialística, una enumeración incompleta.

Donde Álvaro Pombo llega hoy a las librerías publicado por Anagrama en su Biblioteca de la memoria.