28 octubre 2026

Obra poética completa de Miguel Hernández

 

 

En el marco de la reordenación de su fondo editorial, Alianza publica en su nueva colección Especial (Únicos) una cuidada reedición en tapa dura de la Obra poética completa de Miguel Hernández con introducción, estudios y notas de Leopoldo de Luis y Jorge Urrutia, en la versión revisada que apareció en 2010 con motivo del centenario del poeta.

En las Palabras previas para esta edición, Jorge Urrutia señala que “cuando en noviembre de 1976 Leopoldo de Luis y yo publicamos la primera edición de la Obra poética completa, de Miguel Hernández, hacía justo un año que había muerto el dictador y aún no se habían desmontado los resortes coercitivos del antiguo régimen. Del poeta, después de la guerra, se habían publicado en España muy pocas cosas. Durante los dos decenios inmediatos a la guerra civil sólo aparecieron El rayo que no cesa, en 1949, Seis poemas inéditos y nueve más y una Antología poética, en 1951, la Obra escogida editada por Arturo del Hoyo en 1952 y una brevísima colección de prosas recogida por María Gracia Ifach, en 1958. Durante los años sesenta, José Luis Cano y Jacinto Luis Guereña seleccionaron antologías en 1964 y 1967 que, como la primera publicada por Leopoldo de Luis, en 1969, insistían en el tema amoroso. A mediados de los setenta Juan Cano Ballesta ofreció otra antología y Agustín Sánchez Vidal presentó su primera aproximación al mundo hernandiano, con la edición de Perito en lunas y El rayo que no cesa, los dos libros totalmente alejados de los aspectos comprometidos del poeta. Por lo tanto, la publicación por primera vez en España, y con las dificultades de acceso a los materiales que entonces existía, de la Obra poética completa constituía un indudable atrevimiento del que no se sabía cómo se iba a salir, incluso administrativamente, y un acontecimiento cultural. Desde entonces hasta el momento en que firmo estos párrafos, muchísimas son las personas, de toda clase, oficio o condición, que se han dirigido a mí para expresarme la importancia que tuvo para ellas aquel libro y hasta qué punto pudo marcar su adolescencia o juventud, en unos casos, o los recuerdos emocionados que llegó el libro a despertarles, en otros. Las cosas son así, pese a quien pese, y uno no puede dejar de tener conciencia de que ha sido responsable (responsabilidad compartida y no equitativamente, eso sí, con Leopoldo de Luis) de un libro histórico.”

Esta nueva edición es una inmejorable manera de repasar la evolución asombrosa de una poesía que en apenas diez años se depura expresivamente a un ritmo acelerado para acabar encontrando su voz propia en un proceso muy rápido: entre el mes de enero de 1930, en que publica su primer poema en un periódico de Orihuela, y finales de septiembre de 1939, cuando antes de ser detenido por segunda vez deja a su mujer una libreta con el Cancionero y romancero de ausencias, que contenía textos como este:

Llegó con tres heridas:
la del amor,
la de la muerte,
la de la vida. 

Con tres heridas viene:
la de la vida,
la del amor,
la de la muerte. 

Con tres heridas yo:
la de la vida,
la de la muerte,
la del amor. 
Vida, amor y muerte dibujan el triángulo que resume la obra poética de Miguel Hernández, ligada a la tierra y a lo telúrico de forma radical. Y así lo dejó resumido en esos versos de uno de sus poemas más conocidos.

Tal vez pensaba en eso Neruda, uno de sus maestros esenciales junto con Aleixandre, Garcilaso o Quevedo, cuando vio un “aura de tierra en torno a él.” Lo cierto es que la poesía de Miguel Hernández busca siempre un espacio intermedio entre las profundidades mineras y los ímpetus astrales. Y encuentra ese espacio propio en el amor, en el paisaje o en el compromiso social y político.

Esa evolución va en un primer momento desde el ejercicio vanguardista y neogongorino de Perito en lunas hasta los sonetos de El rayo que no cesa, en el que se conjuran las influencias de Garcilaso, Neruda y Aleixandre en la construcción de su voz propia. Y de ahí a la combativa poesía de guerra de Viento del pueblo y El hombre acecha, y al póstumo y carcelario Cancionero y romancero de ausencias.

Es un proceso de crecimiento poético que pasa de la poesía pura a la impura, del catolicismo militante al compromiso revolucionario, de la influencia de Ramón Sijé a la de Neruda, de Bergamín a Aleixandre, del cultismo libresco al canto llano, del hermetismo a la expresión directa de la vida, el amor, la guerra o la muerte, de la poesía elíptica y barroca al neopopularismo intimista del Cancionero y romancero de ausencias, escrito entre dos derrotas: la muerte de su hijo y la pérdida de la guerra.

Una evolución que alcanza su cima poética en el espléndido tríptico que tituló Hijo de la luz y de la sombra. En ese texto, el que más trabajó y del que se conservan siete versiones que marcan su proceso de escritura, está el testamento poético del mejor Miguel Hernández, dueño de una voz poética inconfundible y de un potentísimo mundo de imágenes.

Estas son las cuatro portentosas estrofas -cuatro serventesios alejandrinos- que lo rematan:

Haremos de este hijo generador sustento, 
y hará de nuestra carne materia decisiva: 
donde asiente su alma las manos y el aliento, 
las hélices circulen, la agricultura viva. 

Él hará que la vida no caiga derribada, 
pedazos desprendidos de nuestros dos pedazos, 
que de nuestras dos bocas hará una sola espada, 
y dos brazos eternos de nuestros cuatro brazos. 

No te quiero en ti sola: te quiero en tu ascendencia 
y en cuanto de tu vientre descenderá mañana. 
Porque la especie humana me han dado por herencia, 
la familia del hijo será la especie humana. 

Con el amor a cuestas, dormidos y despiertos, 
seguiremos besándonos en el hijo profundo. 
Besándonos tú y yo se besan nuestros muertos. 
Se besan los primeros pobladores del mundo.

Era ya un Miguel Hernández final que iba siendo ya “una torre de heridas / que se desploma”:

Por la voz de la herida
que tú me has hecho
habla desembocando
todo mi pecho.

Es mi persona
una torre de heridas
que se desploma.

Precedidos de sendos estudios preliminares, se recogen en esta edición de referencia todos los libros de poesía de Miguel Hernández junto con los abundantes poemas no recogidos en libro de cada época, entre ellos los numerosos poemas iniciales recopilados en un apéndice.  Rematan el volumen una cronología, una amplia bibliografía activa y pasiva y un utilísimo índice alfabético de títulos y de primeros versos que permite la rápida localización de los poemas hernandianos.